¡ Abran paso a la «Ciencia Ficción Arquitectónica» !

¿Tenía que ser «Dune» de Denis Villeneuve la película de ciencia ficción que estábamos esperando?. ¿Es «Dune» la revelación de un cine que contrapone el efectismo de la puesta de escena a una historia marcada por la anulación del cine épico de acción?. ¿ Del personaje sometido a la acción se pasa aquí al personaje sometido a la historia?. El esperado por muchos, «Dune» de Villeneuve, es la primera parte de la muestra de su experiencia de la «ciencia ficción arquitectónica»; aquella donde se observan los universos vacíos, inexplorados, calculados; con naves ovaladas, pesadas, que parecen flotar más que atravesar ese universo infinito, donde el hombre es otro objeto. Personajes que parecen inacabados en su búsqueda de una identidad sin Dios. Donde los planos se fijan de la cintura hacia el rostro en muestras fijas que parecen no completarse nunca. En su cine siempre se abren interrogantes (la muy notable «La llegada» es un ejemplo, su mejor película hasta la fecha, «Prisioneros», abría cuestiones bajo otro fondo). En «Dune» los personajes apenas se tocan. Las manos casi no se mueven. Cuenta más el espacio, como entidad indescifrable, que el hombre como causa y efecto de los hechos. Por eso, la película puede aplaudirse, como un cine comercial a contracorriente, o dejar más o menos indiferente.

 

Puedo entender el ritmo de la historia y que «Dune» ofrezca lo que es. Un planeta desértico, con gusanos gigantes, que nadie sabe lo que comen. Con unos habitantes más preocupados por las reservas de especia que por el agua (que no sé de dónde narices la sacan, por cierto). Pero, sin dejar de entretenerme, «Dune» no me ofrece ningún momento deslumbrante. No me emociona, aunque sí lo hagan sus imágenes. Es el triunfo de la forma sobre el fondo. Del espacio, de la imaginería visual sobre todo lo demás. Puedo entender que los buenos sean muy buenos y los malos muy malos; eso forma parte de la Historia del cine. Pero si esos diálogos no me comunican más que conversaciones planas, la historia, de lineal, deja de ser épica para convertirse en otra historia más. Y eso no cabe en «Dune». El cine es entretenimiento y «Dune» lo ofrece. Bien por ello; no hay duda ninguna. Desde este punto a otro más alto, hay varios pasos que la película no alcanza o no quiere llegar a saber. Por otro lado, las escenas no dejan de estar orquestadas por una música demasiado fastuosa por momentos. No hacía falta tanto estruendo en tramos que muchas veces buscan la amplitud de los escenarios marcados por la soledad del hombre y su entorno. Este acompañamiento orquestal, a veces, es apabullante y subraya sobremanera. En este sentido, se podía haber dado un paso más, hacia lo imponente. Porque la forma la tiene: escenarios, ambientación, atmósfera. Pero el fondo peca de frialdad. O esta frialdad, por otra parte, es la que glorifican sus seguidores. Este desafecto lo transmiten sus actores. No destaca ninguno por encima del resto. Son planos. Será cuestión de que la fuente de la que provienen las imágenes lo quiere así. Veremos a ver la segunda parte. A juzgar por el éxito de la primera, promete dejar contentos a sus discípulos.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.