«Heated Rivalry», cuando el músculo puede más que el cerebro

La serie «Más que rivales» (en su traducción española), venía precedida y atravesada por su historia. La exponencial magnitud de su promoción, ayudada por la velocidad de las redes sociales y comentarios gigantescos, han hecho de ella, más que un acontecimiento, un hueco en la galaxia de los agujeros negros de «lo nunca visto antes». Con cada veinte escenas de desnudos masculinos, se añadían medio millón de comentarios.

 

 

Los seguidores que chupaban el kojak en «Hearstopper» han llegado al chicle. Pasado un tiempo y asimilada la borrasca «Hollander», cabría preguntarse si la experiencia ha valido la pena. Con las astillas de tal fenómeno y rascando en la historia,¿qué nos queda? 

 

Ni más ni menos que una historia de lo más simple y manida. El globo de helio se pierde en el espacio. Una lucha sobre el hielo, de dos rivales mediáticos (aquí podría haberse sacado más jugo) y amantes en la sombra de sus poderosos «sticks». Aunque esto era lo de menos, no nos engañemos. En el primer episodio, lo más importante de su guión es el número de habitación susurrado a la oreja entre sus dos protagonistas principales. De un banquillo a otro, las miradas presagiaban una noche de hotel donde las luces led iluminaran el mínimo permitido entre el final de la tabla marcada del vientre y el principio de la fantasía inolvidable. Y que no pare la fiesta. Claro, hay obstáculos que esquivar. Entre fechas, partidos, veranos y años que vienen y van, (mal contados), el espectador no sabe en qué año están, quién gana una liga y quién mete el gol. Poco importa. 

 

 

De repente, a mitad de serie, otro de los personajes que corre mucho por la calle, se mete a beber un zumo de arándanos (con plátano,claro,…) en un sitio donde nunca hay nadie y se enamora del camarero. Que, dicho sea de paso, es un actor bastante malo; pero poco importa, porque es el actor más guapo de la serie. Hace tres batidos y a la siguiente se quita la camiseta. Deja la depilación láser y se lía con un deportista de élite:¡quién te mandaría meterte en esto, queridite!. 

 

 

La serie, por supuesto, clasificada como «necesaria», en los tiempos que corren, no es para menos. Es de agradecer que existan series así. Aunque su embalaje pueda ser discutible. Visibilizar es ya un tema de discusión positivo. Tranquilos, que el final de consolación de la temporada es el abrazo familiar, envuelto en un horizonte de arco iris, donde los unicornios brincan alegremente. Pero, ¡ oh, dios mío!, seguro que esta sociedad infernal nos deparará nuevas sorpresas. Atentos a la segunda temporada. Con mayor intensidad dramática, golpes de calor entre sábanas de seda negra, lágrimas, lirios en flor marchitados por un presente implacable; desayunos de té matcha sin camiseta mirando a un futuro incierto, entre rascacielos y áticos alumbrados por luces de neón.

 

 

Unicornios del arco iris, venid a mí y luchemos juntos contra cualquier batalla que nos encontremos a nuestro paso. Atravesemos favelas y rascacielos. Ganaremos cualquier liga.

 

4 comentarios en “«Heated Rivalry», cuando el músculo puede más que el cerebro”

  1. José Antonio Carmona Gómez

    Si bien es cierto todo lo que se expone en la crítica, el hecho de que haya sido la serie más vista en movistar, casi dos semanas seguidas, es muy positivo al igual que haya tenido tanta repercusión mediática. La gente habla con naturalidad del amor y el sexo entre hombres gracias a la serie y, eso, es lo que cuenta. Pero sí es verdad lo de los zumos, los unicornios y lo de menos es el deporte y lo mal que está contada la historia que, efectivamente, no se la cree nadie.

    Muy divertida la crítica y yo ya estoy deseando que pongan la 2 temporada cuanto antes.

  2. Coincido totalmente, aún así, para la mayoría social totalmente adormecida creo que mejor esto que nada. Al menos ven algo aunque sea híper edulcorado.

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