«Valor sentimental»: Cuando Bergman hizo pis

No, no he conseguido terminar de tragarme esa lápida pretenciosa,aburrida, lacerante y exasperante titulada «Valor sentimental». Cuando llegué al minuto en el que ese abuelo (que cuando habla parece haberse engullido diez tomos de papel de lija de la historia de las bibliotecas de media Europa) le regala al nieto las películas «Irreversible» y «La pianista» de Haneke, al borde del ictus, me salté el ritual de rezar mirando el poster de «Zoolander» y me fui a la cama. No sin antes pensar que alguna pesadilla me convertiría en alguien que,al despertar, sólo le gustara contestar a la gente mirando a los jarrones del salón. Antes de dormirme mi cerebro circulaba entre intentar comprender la celebración del éxito de este engendro y el no despertarme vomitando recuerdos de cuando Béla Tarr montaba a caballo en blanco y negro. Pero, ¿se puede saber quién narices se presenta en un cumpleaños deseando a su nieto una adolescencia llena de tormento? ¿Estos señores no han visto nunca en su vida una película de los Hermanos Marx?

 

Parece ser que se lleva ahora mucho eso de poner verde una película sin argumento alguno sobre crítica cinematográfica. Y, en el otro lado, periodistas y críticos defienden el hecho de hacerlo con argumentos sólidos. Pues mira, argumentos firmes no tengo. No me da la vida ni mis conocimientos. Que me mate Bazin si me lee. Me siento ante una película y espero que me divierta («Ser o no ser»), me conmueva («Los santos inocentes») y/ó me emocione («La hija de Ryan»). Sin más.
«Valor sentimental», esa película que ya se sabía antes de que su director hiciera la primera comunión, que iba a ganar todos los premios y tal y cual, está plagada hasta lo humanamente que pueda dar la paciencia, de frases donde los protagonistas se creen vivir a dos palmos del suelo por encima de los mortales. Ante tal merengue de conversaciones donde lo más positivo que cuentan es «a duras penas puedo respirar», estaba deseando que apareciera por ahí Buster Keaton y les soltara a todos (menos al niño, pobrecito) una sonora bofetada.
La pandilla de personajes, encarcelados y sometidos por las circunstancias de la vida, etc,etc,etc, no aplastaría una uva en una guerra de frutas.

 

Hay escenas que recuerdan a Bergman, toques de Jazz a lo Woody Allen y otro poco de paisajes que parecen retratados por Tarkovsky. Vamos, igual que ir a un restaurante carísimo y felicitar al cocinero por el pan. Amantes del buen cine, de los sentimientos a flor de piel, de la unanimidad y en guerra con el poder arbitrario de los cortos de mente, subidme a la estatua aquella donde Win Wenders filmó «El cielo sobre Berlín» y lanzadme al vacío. Fin.

4 comentarios en “«Valor sentimental»: Cuando Bergman hizo pis”

  1. Pingback: Crítica personal de la película «Valor sentimental» - Hemeroteca KillBait

  2. No la he visto y me siento como un bicho raro que se ha perdido la quintaesencia de la sensibilidad.
    En todos lados la ponen como si Bergman hubiera derramado todo su talento desde la ultratumba.
    Leer tu reseña me hace considerarla desde mi ignorancia.
    Gracias, majo.

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