A dónde vamos y de dónde venimos

Decimos estar hartos de la pandemia, cuando también es cierto que proclamábamos estar descolocados antes de ella. El orden de las cosas que hacía de nosotros intentar separarnos del rebaño, buscando una independencia que viniera socorrida por aquellos destellos que llegaran de una cultura que podía salvarnos del naufragio, parecen quedar atrás. Y mientras esperamos que todo vuelva a una normalidad, (cada vez más lejana, por aburrimiento y desidia), nos vamos acostumbrando, inexorablemente, a una rara «no normalidad», como purgatorio donde soterrar nuestros anhelos y preocupaciones. Todavía uno se asusta cuando, tras ver una obra teatral, te ordenan que permanezcas sentado en tu butaca, viendo salir de la sala a las filas más próximas a la puerta. Los cines, aterrados ante el ciclópeo muro que tienen que derrumbar, se limitan a estrenar películas de relleno, soñando en que, o bien conocidos directores vayan estrenando trabajos con «gancho», o que las vacunas eliminen las distancias entre personas. Las pantallas, si aguantan la enorme presión, intentarán volver a acercar a su audiencia aventuras, dramas y, en definitiva, sueños que, por otra parte es lo que nos ha robado esta situación. Si las ayudan no llegan o se acaban, el final tendrá más que ver con el visionado en «streaming», no ya de estrenos sino de películas únicas. Será, entonces, imposible llevar a nuestros hijos a ver un clásico de Billy Wilder, Visconti, Buñuel ó Hitchcock en pantalla grande.

 

Desde hace unos meses es difícil encontrar en marquesinas de autobuses, fachadas y vallas publicitarias los anuncios de estrenos en cine. A su favor, cualquier serie de Netflix, Amazon Prime y/ ó Movistar, es presentada como lo era antes una película esperada. La pregunta es si esto es un indicio de tener que adaptarnos a los nuevos tiempos o significa el fin de una era; y, con ello, la agonía que persigue al cine de nuestros días. Recemos para que sigan en pie filmotecas y Festivales de Cine. Curioso, cuando antes de la pandemia ya se discutía su existencia. Ahora, opino, imprescindible para hacernos llegar y recordar el cine de siempre, el invisible y el escondido en obras de autores que luchen por sobrevivir. Tiene que ser ahora, nunca más tarde, cuando los gobiernos prometan ayudar a festivales y filmotecas, cine – forums, teatros y casas de cultura de barrios, colegios. Si no, estaremos perdidos. Y las generaciones rezagadas crecerán sin conocer una cultura que es parte de la Historia General de un país. El futuro es incierto. Pero aún se puede salvar. Por ahora, seguimos en pie. No es poco. Como gritaba José Luis López Vázquez en Plácido    » Que por una noche….siente a un pobre a su mesa».


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.