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—¿Y cómo llevas eso de tener una relación a tres?

—Ah, ¡muy bien! Estamos más que acostumbrados porque desde el principio ya fue así.

—¿Desde el primer día?

—¡Claro! Mi novio, las redes sociales y yo siempre hemos sido inseparables.

Hoy en día muchas parejas mantienen una relación a tres y ni ellos mismos lo saben. Las redes sociales están tan a la orden del día que, sin querer o queriéndolo, entran a formar parte de muchas relaciones reptando como una tenia dentro de un estómago.

Las redes sociales se pueden usar de muchas maneras. Personalmente, la que más me llama la atención es la tendencia a mostrar una felicidad exacerbada y, por supuesto, la mejor versión de uno mismo a todos los followers; es por eso que algunas cuentas me parecen pequeñas portadas de la revista Hola, donde la pareja proclama a los cuatro vientos lo maravilloso que es su amor. Pero ¿qué hay detrás de esa actitud?: ¿Hedonismo?, ¿exhibición?, ¿inseguridad?

En relación a esto, hay varios estudios que arrojan unos datos muy curiosos: las parejas que no cuelgan fotos en las redes sociales son más felices, ya que el uso excesivo de las redes está vinculado a la depresión; debido a que es el fruto de comparaciones con otras personas, y que aquellas parejas con alta visibilidad en las redes podrían estar escondiendo inseguridad en la relación. Estas últimas son las que tienen una especie de apego ansioso que les hace querer asegurarse de que su relación es segura y por eso tienen un mayor deseo de visibilidad.

Todo el mundo es feliz compartiendo su felicidad con los demás, eso está claro, pero cuando esto se vuelve una especie de competición, todo cambia. En la carrera del postureo sentimental, te tienes que dopar para ir más lejos todavía, para sentir que llegas el primero, para notar que quieres más que nadie y que te quieren más que a nadie, para demostrar que posees más medallas de oro con forma de corazón que ninguno y que, encima, llegas a la meta sin una gota de sudor.

Recuerdo que estuve con un chico al que no agregué al Facebook, porque sí, yo un día también hice de mi relación una portada de revista rosa y juré que nunca más lo haría, así que me negué a agregarlo. El caso es que este pequeño detalle fue un tema que me echó en cara muchas veces ya que él quería que saliéramos juntos y colgáramos fotos sonrientes y enamorados y yo le dije que no. ¿Tenía razón?, ¿fui poco empático?, ¿no estaba verdaderamente enamorado?, ¿creía que me avergonzaba de él y que por eso no quería colgar fotos juntos? La respuesta es que las redes sociales son un arma en potencia para la gente que es excesivamente celosa, y él lo era. Tan sencillo como eso.

Lo que más gracia me hace es cuando, de repente, esas parejas de las que hablo dejan de colgar fotos juntos. A partir de ahí es cuando empiezan las frases lapidarias, los reproches, los trapos sucios colgados y aireados e incluso discusiones públicas… Y es que hay gente que hace de su red social una red donde poder caer y no hacerse daño. Lo que no saben es que esa red está afilada y, a veces, corta.


Sobre el autor

Antonio Sánchez Bejarano

Navego por mis abismos internos en busca de una salida. También cuento historias en primera y en tercera persona; reales o inventadas. ¿Qué más da? Son historias, al fin y al cabo, que es de lo que estamos hechos.