Que se mueran los guapos

¡Por fin!

¿Alguna vez te has preguntado por qué motivo el buenorro del gimnasio no solamente ni se digna en mirarte, sino que además se pasa la tarde ocupando todas las máquinas a la vez como si el local fuese suyo, sin preocuparse de los demás? ¿Te has topado con el clásico idiota de cuerpo escultural que en la cama es un sosainas con el mismo espíritu de participación de un cactus? ¿Tienes la desgracia de tener un amigo guapo que cuando le cuentas que te han despedido del trabajo te interrumpe para lamentarse de que se le ha roto una uña? ¿Quieres saber por qué todos los chistes de rubios son absolutamente ciertos?

Ahora la ciencia tiene todas las respuestas.

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Cuando fui invitado a participar en “Atroz”, me me habrían dicho algo así: “estaría genial que escribieras sobre ciencia y mariconadas“, si la persona que me invitó usara palabras tan sosas como “genial”. Pues vaya marrón, oiga. ¿Ciencia y mariconadas juntas? Complicado. No es que no se pueda hacer: se me ocurren posibles ideas sobre temas tales como la (falta de) vida erótica de Turing, o el espinoso tema de la epigenética del mariconismo… pero de tener esas ideas a que estas puedan ser remotamente interesantes, va un paso largo.

Pero por fin ha llegado el día, y todo gracias a los señores Price, Brown, Dukes y Kang, de la Universidad de Brunel, en Londres, que han tenido a bien publicar el estudio “Bodily Attractiveness and Egalitarianism are Negatively Related in Males” en la revista Evolutionary Psychology, que viene a decir (el estudio, no la revista) algo que ya sabía mi abuela:

La belleza y la tontería, van siempre en compañía

Según Price, Brown, Dukes y Kang (que tiene nombre detergente o de conquistador venido del futuro), entre los hombres “existe una anticorrelación significativa entre el atractivo físico y el igualitarismo” o, lo que es lo mismo, los guapos son más propensos a tener comportamientos egoístas y poco cooperativos que los feos. Curiosamente, encuentran esa relación entre los machos de nuestra especie, pero no en las hembras. Ellas son igual de cabronas idependientemente de que sean guapas o feas.

¿Y por qué? Según los autores, una hipótesis bastante plausible es que, evolutivamente hablando, “en los ambientes ancestrales humanos, los individuos físicamente atractivos y/o formidables habrían tenido una mayor capacidad para beneficiarse de y/o dañar a otros, y así habrían tenido mayor poder de negociación en las interacciones sociales (Łukaszewski, 2013; Vender, Tooby y Cosmides, 2009 ). En el caso de la atracción,  este mayor poder de negociación se relacionaría con que la gente atractiva es percibida por otros como asociados socialmente valiosos (Langlois et al., 2000)”. Más sabiduría de la abuela convertida en texto académico. Teniendo más poder de negociación, los individuos hermosos no han experimentado con la misma intensidad que los demás la presión evolutiva que favorece la cooperación y los comportamientos altruistas.

O sea, que los guapos son unos pequeños hijos de puta.

Noticia fresca.

Eso explica la de palos que me he llevado yo en la discoteca. ¿No?

Qué a gusto se queda un tipo feo (pero majo) como yo sabiendo que los guapos pasan de mi por su intrínseca maldad. A partir de ahora, llevaré una copia del estudio cada vez que salga de ligue. Así, cuando me rechacen, podré sacar el artículo, ondearlo frente al rostro apolíneo del interfecto y decir: “¡ya me avisaron en tu contra mi abuela, Price, Brown, Dukes y Kang!”

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Sobre el autor

El Cientifico Loco

Siempre he querido ser un doctor maligno... pero el alquiler de bases secretas en islas con forma de calavera está por las nubes últimamente