Bad Bunny. Madrid, 2 de junio 2026

De las dos veces que tuve la suerte de ver a Leonard Cohen en Madrid, la última tuvo un peso emotivo diferente. Cuando él, tan elegante hasta dejar este mundo, se puso de rodillas ante su público y dijo que ya no creía que hubiera otra oportunidad más de verle; que disfrutáramos del presente con nuestros seres queridos. El sentimiento de Benito es idéntico. Desea comunicar a los 60 mil asistentes, multiplicado por diez veces en Madrid, que esto es una fiesta aquí y ahora; y lo viene a demostrar. Y vaya si lo hace.

 

Porque, no nos equivoquemos. Esto no va sólo de perrear, no va de reguetón (aquel movimiento que se originó en Panamá a finales de los ochenta); no va de razas ni colores. Esto va de música. Esto va de vida. Esto va de alzar las banderas latinas y fundirlas en Madrid. Y estallar el rojo, el amarillo, el blanco y el azul y convertir la bandera «monoestrellada» en una lluvia de salsa, merengue y versos de amor para todo el mundo.
Bad Bunny sabe que está endiosado. Sale al escenario y permanece firme,sin moverse durante un par de minutos mirando al frente. Como si fuera un Mazinger Z preparado para la batalla. Con su traje beige y calcetines blancos. Apunta que hace menos calor que otros días y,de repente, salen llamas de fuego de cuatro columnas del estadio. Olvídate de lo que hay fuera (te lo recordará después) y muévete, porque no vas a parar en tres horas. Y él recorrerá varios puntos del estadio. Se subirá al techo de su casita y cantará; se acercará a su gente y la abrazará. Y preguntará,¿se siente Madrid?, para que la respuesta atronadora haga vibrar el suelo que comparte con nosotros.


No hace falta enumerar qué canciones tocó y cuándo. De eso se encargan los dueños de las redes sociales. Pero, a partir de «NUEVAYoL» el concierto elevó la temperatura y el ritmo. Hasta llegar inmediatamente al sentimiento y la pasión de una de las mejores canciones del siglo de mierda que estamos viviendo y de los que vengan: » Baile inolvidable», llevando la salsa tradicional y los ritmos caribeños al infinito. Este día la sorpresa vino de la mano de la también puertorriqueña Young Miko, añadiendo un tono de ritmos urbanos a la velada. Y dejó una última hora de concierto (con una «DtMF» para el recuerdo) con un conjunto de jóvenes bailarines vestidos de blanco, apasionante. Defendiendo la sencillez en su puesta en escena, quiso dejar claro que el pasado no puede solucionarse y vivamos el aquí y el ahora.
Puerto Rico hacia el mundo. Bad Bunny se proclama ganador, desde su tierra y las que visita. Su espectáculo es una celebración de la música y la vida sin discusión posible.

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