«And Just Like That…» No, gracias

El pasado 26 de octubre se estrenó HBO MAX en España, lo que no supuso, a grandes rasgos, más que un cambio en el nombre de este canal de vod. Entre las novedades que trataban de atraer a nuevos suscriptores estaba la tan (¿)esperada(¿) vuelta de “Sexo en N.Y.”, esta vez, en formato miniserie de 10 capítulos, y titulada “And Just Like That…”

Encantado con el cambio de nombre ya que, ni estaban todas, ni la edad de los personajes era la misma, ni el ritmo de los capítulos y la trama correspondía con el de aquella. Además de que “And Just Like That…” es, para “Sexo en Nueva York” lo mismo que supuso “La familia bien, gracias” respecto “La gran familia” y “La familia y uno más”. ¿Que por qué recurro a películas antediluvianas? Pues, porque una vez, de crío, saliendo por la tele la tercera parte de esta trilogía fui abandonado ante el aparatejo por mis padres… Si ellos habían visto las dos primeras, ¿cómo iba a ser el tono de la tercera distinto?

¿Resultado? TRAUMATIZADO DE POR VIDA.

Así me he quedado con esta segunda vida televisiva de Bradshaw & company.

Igual.

Bueno, no, esta vez el resultado ha sido una mezcla, a partes iguales, entre CABREO y TRAUMA.

Bien.

Ya ha pasado tiempo desde que acabó “And Just Like That…”, así que, calmado un poco ante tamaño despropósito, voy a proceder a destripar lo que ha dado de sí este aborto con forma de serie. Cuidado que se vienen spoilers a tituplén.

Parto de la base de que no me gustaron nada las dos películas y que prefiero el final de la serie original casi al 100%: todos los personajes tienen lo que querían, pero pasado por la batidora de las adversidades que es la vida, con una coherencia que parece hasta real… Menos la pavisosa de Carrie, que se tira, al alimón, todas las temporadas entre ser una mujer independiente y encontrar a su príncipe azul…  Lo mejor que le podía pasar a su personaje, mujer empoderada, era ser consciente de que estaba BIEN Y COMPLETA sola, sin necesidad de ningún macho alfa a su lado. Y puestos a elegir, guionistas y creadores no hacen otra cosa que  encalomarla con el tío que peor la trató en tooooooda la serie. Quien bien te quiere, te hará llorar… En fin, horas de autoafirmación para repetir clichés.

Ok.

Fundido en negro, viaje en el tiempo hacia 2021. “And Just Like That…”. Ecos pandémicos, que se dejan ver un poco en la trama. Un poco, eh, sin pasarse. Referencias a las mascarillas, los guantes, y gracias.

 

Tenemos a tres de los cuatro personajes principales con más de 50 años, livin’ la vida loca en Niu Yóh… Menos a Samantha Jones (todos sabemos lo que opina Kim Cattrall de Mi Pequeño Pony). Como parte positiva de este elefante en la sala, le dan una explicación más o menos plausible a su ausencia, y hacen que intervenga, vía mensaje telefónico. ¿Puerta abierta a una próxima aparición en la segunda temporada? Espero que no, porque será más el morbo de verlas rodar juntas que lo que pueda aportar a la trama. Lo que me recuerda qué va a pasar con el cacareado regreso de «Mujeres desesperadas» y lo mal que acabaron todas con Teri Hatcher…

Hablemos de ellas:

Charlotte. Nuestra pija favorita se vuelve más pija e insoportable, si cabe, que en la serie primigenia. Lo que antes te parecía ingenioso y peculiar, ahora te cae como una piedra en el riñón. Con todo, es el personaje menos adulterado y con una evolución natural de cómo era y cómo se comporta ahora.

Miranda. Entre la segunda película y esta serie, ha sido:

a) Abducida por extraterrestres.

b) Suplantada por un clon defectuoso.

c) Objeto de una lobotomía múltiple.

d) Todas las respuestas son correctas.

La han dejado tan idiotizada que, la abogada lanzada y dispuesta que conocíamos, ha perdido todas las habilidades sociales. Le resulta titánico entablar conversación con gente de otra edad, de otra raza y de otra posición social. Es tonta. Tonta de remate. De las que casi hay que limpiarle la comisura de los labios con un pañuelo y recordarle que trague. Lo único que tiene en la cabeza (y que me parece un maravilloso alegato contra el edadismo) es su canosa y preciosa melena.

Carrie. Ay, Carrie. En una pirueta que ríete tú de «El cirque du soleil», regresa más pija, insoportable y egoísta que nunca…

<<_Carrie, creo que Miranda tiene un problema con el alcohol.

_Charlotte, qué me importa a mí eso, la que se ha quedado viuda soy yo, a la mierda la salud física y mental de la pelirroja esa.>>

<<_Carrie, me voy con mi nueva novie no binarie a California, no puedo ir contigo a Paris.
_Miranda, no me hagas esto, tienes que estar allí… Tu felicidad es secundaria en esta historia, si el que parte aquí el bacalao es mi parrús depilado.>>

No puedo, no puedo con ella… Es que, imaginad la escena del capítulo final, con las cenizas de Big, en un puente de París, y con un look similar al día en que Lady Gaga se llevó los guantes de fregar a los Óscars… ¿Quién haría eso? La misma localcoño que pondría un lavavajillas CON UNA PAMELA.

 

 

La trama de la serie, un despropósito tras otro:  además de ser un catálogo de publicidad (la bicicleta de Big, el anillo-fit de Harry, el irrigador de Charlotte) y de momentos de vergüenza ajena (la llegada en una limusina blanca a pintar un albergue juvenil) que, a cualquiera con una situación económica media-baja le revolverían las tripas y le cabrearían en grado sumo; destaca la lectura y el workshop que ha hecho el equipo de guionistas con las críticas que recibió la serie original. Se les achacó de ser una serie WASP… Pues todo nuevo personaje que se incorpora va a ser racializado (afroamericanos, chicanos, hindúes, asiáticos, todo tiene cabida), funcione o no. Perdonad, pero el único capítulo realista es en el que Charlotte y Harry se dan cuenta de que no tienen amigos negros, y al ir a ver a L. T. W. se dan cuenta que ellos tampoco tienen amigos blancos.

Y como colofón, hay que unirle la diversidad LGTBIQ+. Ok, genial la trama de Rose/Rock, me parece hasta coherente y lógica… Lo que me chirría es el giro de Miranda. Imagino que fue propuesto por la misma Cinthia Nixon (aportando su propia experiencia personal), ya que es una de las productoras… pero me duele. No estoy en contra de dar visibilidad a situaciones así, al revés, pero este giro me lleva a tomar la conclusión de que un actor gay/bi/trans/loquesea no puede dar vida a un personaje de corte normativo y ser creíble… Lo de Che Díaz ni lo menciono, porque me parece lo más odioso, de forma involuntaria, que hay en todo el metraje.

Seguramente, si volviera a revisar “Sexo en N.Y.” sería consciente de lo mal que ha envejecido, pero, como dijo Sabina en su día, no hay que volver al lugar donde fuiste feliz. Que “And Just Like That…” es un truño, es evidente. Que al trío protagonista, cobrando alrededor de un millón de dólares por capítulo, le importa un mojón, también. Que si hacen una segunda temporada, terminaré viéndola, seguro. ¿Por qué? Por cariño a los personajes, y porque mejor despotricar de seres irreales que tomarla con tu vecino del quinto.

 


Sobre el autor

skyzos

No sabe si coger los hábitos o remangárselos.