Un trocito de Murcia en Madrid

Hace unos días un buen amigo, murciano de pro todo él, me habló de un lugar en Malasaña donde se podían degustar cosas típicas de su tierra. No se trata de grandes guisos ni platos demasiado elaborados, sino de cosicas que se hacen con cuatro chuminás y en ná de rato, como dicen por allí. Muchas veces la sencillez supera con creces los imposibles laberintos gastronómicos que nos ofrecen por otros lados.

Tras intentar varias veces, sin resultado, quedar con otros amigos para hacer los honores al lugar, agarré a mi más fiel compañero de cañeteo y tapeteo (juntos podemos dar miedo) y nos fuimos para allá.

Charlando por la Calle de la Palma llegamos al nº 62, que hace esquina con la Calle del Acuerdo, donde encontramos El Amor Hermoso. Un bar en esquinazo siempre es prometedor, pero es que el sitio nos entró por los ojos como si fuese el escaparate de una pastelería. Además ¿cómo no va a enamorar de un solo chispazo con semejante nombre? Es amplio y bien distribuido, cómodo para los clientes y decorado con esa gracia que hace falta para combinar los objetos clásicos con elementos nuevos sin que parezca una almoneda de modernas, creo que me entendéis.

Nos sentamos en una mesa del fondo, cerca de la barra, descargamos la carta y lo primero que vimos, como buenos chuzos, fue a un camarero bien guapo llevando a otra mesa unos vasos con una cosa oscura y espesa con unos trozos de naranja ensartados en un espeto. Le preguntamos qué era eso y nos dijo  vermouth granizado….. Peeeerooooo ¿qué fantasía es esta? Lo pedimos de cabeza, sin pestañear.

Ya con la carta en la pantalla del teléfono y recuperados de la bizquera al probar ese locurón de vermouth, vimos lo que veníamos buscando: marineras….. ¿Qué es eso? os preguntaréis. Pues son unas rosquillas alargadas de pan crujiente, tipo colín, con ensaladilla murciana por encima y una anchoa coronándolo todo.

Hace años que trato de encontrarlas en Madrid y, hasta el momento, había sido imposible dar con ellas. Tienen más cosas deliciosas, así que aquí os dejo la carta.

Al rato llegó la tercera en discordia: una amiga, tan cierrabares como nosotros, que flipó igualmente con las delicias del lugar. Al cuarto vermouth por cabeza nos pasamos a la cerveza, que somos bebedoras pero no inexpertas, y allí estuvimos charlando como en casa hasta casi agotar las existencias y, por supuesto, nos marchamos cuando no hubo más remedio que cerrar el bar por las restricciones que estamos sufriendo.

Como es natural hicimos migas con los creadores de semejante paraíso: Víctor Barba y Ángel Soria, quienes abrieron sus puertas hace poco más de dos años. Como dicen en Murcia son mu bonicos, pero mucho y saben bien cómo ganarse a la clientela. No puedo más que recomendar ese lugar maravilloso por todo aquello que se espera de un buen bar.

Victor, Angel. Habéis ganado tres clientes irreductibles y todos sabemos que esto sólo puede acabar de dos maneras: con una gran amistad o con tres órdenes de alejamiento.


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DMalignus

No te pases de Lista, que te vas a Diego de León......