La chulería ilustrada que nos pone mirando a Cuenca… Perdón, Camino Soria

La mirada chulesca de Edi Clavo siempre ha motivado lubricaciones y elucubraciones a la par. Lo más macho del pop español de los 80. Lo más descarado. De actitud descamisada y con las ideas tan claras como su forma de tocar la batería. Clavo acaba de publicar una especie de memorias sobre uno de los momentos clave de nuestra música; de la historia de la misma. La simbiosis perfecta entre folclore y pop tuvo su máximo exponente en este conjunto de música ligera de nombre siniestro—Gabinete Caligari—de pose torera y sabiduría musical. Si eran—o iban de—intelectuales es algo que ya sabemos con certeza ya que a la postre han demostrado ser más cultos que muchos de sus coetáneos y sin tantos aspavientos. Edi es licenciado en Historia del Arte, músico (eso ya lo sabemos) y escritor. Escribe muy bien el jodío, pero que muy bien. Aunque sus “per se” se me han atragantado ya para siempre. No he visto otro escritor que utilice tanto una misma coletilla.

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Su nueva publicación, “Camino Soria”, repasa, como su propio nombre indica, la gestación de una de las joyas imperecederas del pop de la Movida, dando ésta sus primeros pasos hacia la reconversión total dentro del mainstream de Los 40 y sus tentáculos. 1987 fue un año espirituoso si atendemos a lo que arrojaban las listas de éxitos: entre las oraciones de Madonna y la fe de George Michael, la lírica ripiosa de Mecano o el paso definitivo de Radio Futura al ritmo latino. Entre este entramado los madrileños despachaban su álbum más laureado, por crítica y público. 300.000 discos vendidos (solo Mecano y Dinarama fueron capaces de compartir cifras similares), una gira interminable y la consolidación de la banda como gran hacedora de canciones inmortales.

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Reconozco que tras “Camino Soria” dejé de seguirles. Ni el chá, chá, chá, ni el mensaje claro de vivir solo una vez, hicieron mella. Servidor ya se encaminaba hacia otros derroteros que nada tenían que ver con la música porque ésta se me antojaba poco divertida. La desfachatez, el espectáculo naif de unos—en contraste claro con la sofisticación de otros—, la diversidad, el colorido, el descaro, el devenir de etiquetas y la falta de prejuicios de la primera mitad de los 80 se había diluido hacia la profesionalización de la mayoría de los supervivientes de La Movida.
Gabinete Caligari fueron un claro ejemplo: un primer envite siniestro, compartido con Parálisis Permanente, una vuelta de tuerca hacia el denonimado “rock torero” que hacía que cohabitaran canciones tan dispares como “Que Dios reparta suerte” con “Un día en Texas”. El sumun del pop leído y perfecto fue “Cuatro Rosas”, para mí el mejor disco de la historia de este país. Luego vino el irregular “Al color del amor en un bar”, a la postre su canción más mítica, la que le daba título, para desembocar en esta otra obra maestra recientemente reeditada y que se ha vuelto a colar entre lo más vendido de este país.

Edi Clavo no solo repasa la forma y el fondo de la gestación y grabación de este disco, también se sumerge en los pormenores de esa época dorada sin dejar títere con cabeza. Desde los medios de comunicación en brazos de lo moderno—Radio 3—y lo inclasificable—Los 40—donde se daban la mano Luis Miguel con Radio Futura o Aviador Dro con Rocío Durcal. De traca. Locutores de radio y presentadores de televisión como José Antonio Abellán, Beatriz Pecker, Silvia Abrisqueta (sic) o Paloma Chamorro a la que Edi Clavo adoraba por encima de todo. Listas de éxitos de la época pormenorizadas, detalles, muy pro, de estudios de grabación, instrumentos, sonidos, formas de hacer y actuar, fotógrafos, luces, sombras…detalles, detalles, detalles contados con humor y mucha socarronería que no es obstáculo para tomarse en serio este documento y quien lo firma.

Lectura muy recomendable para nostalgicos y para los que ahora se creen que han inventado el indie. En el 81 ellos coloreaban las portadas de sus propios singles, hechas con cartulina. Eso sí que es Indie.

 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.