Kurt Cobain, icono gay.

022111-kurt-16   Con motivo del estreno del que parece ser el documental definitivo sobre Kurt Cobain, Montage of Heck, dirigido por Brett Morgen, quiero destacar la figura del líder de Nirvana no como la basta caricatura que nos lo ha mostrado como un ser deprimido, gritón, violento y drogadicto, sino como la de un verdadero defensor de la causa gay, cosa que el colectivo en su mayoría ignora. Cuando en mi fase preadolescente buscaba, como cualquiera en esa etapa de confusión superlativa, un referente moral en el que apoyar mi comportamiento, en el que depositar mis convicciones, opté por hacerlo por Nirvana. Bastaron, además de su música y sus letras, declaraciones muy concretas que me hicieron verlo como un verdadero activista gay que, lamentablemente, no ha pasado a la historia de la música como tal, ni siquiera en un grado mínimo. De su boca salieron a finales de los 80 reflexiones que para un homosexual adolescente en pleno descubrimiento de su identidad eran un auténtico bálsamo, una mano amiga para ayudarle a atravesar esa fase en la que se vive permanentemente con un nudo en la garganta:
  • “Me gustaría eliminar a todos los sexistas, racistas y homófobos de nuestro público. Sé que están ahí, y eso me fastidia”
  • “Usando un vestido puedo demostrar que puedo ser tan femenino como quiera. Soy heterosexual… gran cosa…pero si fuera homosexual no me importaría”
  • “Si odias a las mujeres y a los homosexuales, no vengas a nuestros conciertos”
  • “En mi espíritu soy gay, podría ser homosexual, pero no lo soy”
  • “Respeto a las personas que promueven lo que sienten sexualmente”
  • “Sabía que era diferente. Incluso pensé que podría ser gay porque no me podía identificar con ninguno de los niños. A ninguno le gustaba el arte o la música, sólo querían pelear y follar. Fue hace muchos años, pero aquello me dio un auténtico odio por el macho medio americano”
Por no hablar de que a su paso por el instituto fue insultado por juntarse con maricas y, por aquellos tiempos, detenido mientras grafiteaba God is gay en un muro de Seattle. Puede que el grunge nunca haya tenido un público mayoritariamente homosexual, pero que quede claro que su principal impulsor, el que lo catapultó a la gran industria de la música, fue, de una forma natural y sin pretensiones comerciales, un ferviente defensor de los gays.


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