Guía moderna del arte de felar

Querida amiga que me lees. No hace falta que disimules, desde muy jovencita lo has tenido claro. LO TUYO ES MAMAR. Felar, chupar, sucar, lamer, limpiar el sable, todo el año es verano y lo tuyo es un helado, como quieras llamarlo. Recuerda cuando en clase de Historia de España te pasabas la hora mirando el paquete del profesor, deseando que te suspendiera para que te enseñara la cronología de las guerras en su despacho y lamiendo braga. A ti, querida amiga, va dedicado esta guía de dificultad de la mamada del mundo actual.

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Aprovecha nena que no se te derrita

 

NIVEL PRINCIPIANTE: La chupaíta básica

Es la primera vez que quedas con un maromo. El pobre no está bueno, y posiblemente la tara mental sea equiparable al desprecio que desde joven ha debido sufrir por feo. Porque es feo, más feo que ver pelis de Disney clásicas dobladas por Cospedal. Te metes en un baño, en la cuarta planta del C&A más cercano, intentando que nadie siga vuestros pasos. Te tiembla la mano que ni la falla de San Andrés y consigues agarrar el mango a duras penes penas. Te sientas en el inodoro y del tembleque dominante te falta el cajón y la gitana zapateando al ritmo de tu pie contra el suelo. Tacatacatacatá. Cuando te has acostumbrado al sabor del cimbrel, es decir, como a los 3 segundos, el agraciado orco que ha conseguido engañarte dice “AAAAHHHAHAHAHAHA”. Instintivamente quieres huir pero estás en un puto C&A así que haces lo que puedes para que el zumo de papaya caiga en algún sitio que no sea tu piel. Porque a ese nivel, amiga, piensas que es corrosivo, ácido y nucelar. El tiempo lo cambia todo. Hasta a ti.

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NIVEL NORMALIZANDO: La xuclada del amor

Creces y te dejas llevar, aunque no quieras, por las normativas sociales. Crees que tu arrodillado corazón necesita una pareja y que el acto de felar es más bonito si lo haces con amor. MENTIRA. Pero te sirve para coger práctica. Empiezas a sonreir cuando te la sacas de la boca, te atreves a respirar oliendo la pelambrera y descubres que, en el chupar, la banana no es el único fruto del amor. ¡Los kiwis! Esas pelotitas, que varían en tamaño y disposición según hombre y factores genéticos y climáticos, te dan la vida. Son graciosos, manejables y si te gusta jugar con ellos te sirve para obtener un respiro del acto felatorio estricto en sí. OJO MAMATORPAS. No son pelotas antiestrés. No las aprietes como si fera la bolita del mundo rellena de espuma que tienes en tu oficina y por la cual no has sido todavía portada de la crónica negra del programa de Ana Rosa. Si lo haces bien, en este nivel ya disfrutas el fellatio y, con el tiempo, subirás al siguiente nivel…

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NIVEL AVANZADO: Si no hay arcada no hay mamada

Posiblemente ya estés en tus primeros 20. Dominas los polines como la política española la picaresca más vergonzosa. Eres el Camps de las comidas, el Bárcenas de la prevención de la eyaculación, el Pujol de la economización salival. Ya tienes la diplomatura y ahora vas a ir a por el título siguiente. No te asustas de ningún tamaño y te ves capacitada, amiga, para comerte el mundo. De momento piensas “pues me como el rabo este que es lo que tengo”, y te has dado cuenta de que posees un punto importante para el reparto del placer oral. Tu campanilla. Al principio te resulta contraproducente, porque tan profundo no ha llegado ni James Cameron buscando material para la secuela de Titanic. La primera arcada es como “ay por favor, pero que esto no es sano”. La segunda es “bueno, va, mientras entre todo adentro no sale nada afuera”. La tercera, que ya viene acompañada de un extra de saliva, es la que te hace darte cuenta que esos lagrimones que derramas son la expresión principal del placer mamatorio. Tus lágrimas, tu arcada, tu boca. Un solo ser. Eres una experta. Ah, y si de esto haces una afición, eres una gagger.

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No pinches, que el link no funciona

 

NIVEL FLUFFER: La profesional

Dominas el terreno como tú sola y te atreves a hacerlo ya con elementos variantes. Es como ser mujer, pudiendo hacer dos cosas a la vez (esta afirmación será además muy cierta si, en efecto, eres mujer). Aceptas más de un palote por comer simultáneamente, cuidas la iluminación, los brillos, los ángulos de grabación y el montaje final. Eres una crack del arte de arrodillarse y lo utilizas como carta de presentación. Yo, tu fluffer, y cada día el de más gente.

Obviamente, dentro de estos niveles hay varias tipologías: la chupada de la última fila del autobús, la del baño de minusválidos de la oficina con el chico del otro lado de la planta, la de cuidado por dónde entra la arena de la playa, la de buenos días, la de buenas noches, la del área de servicio… Contribuye a la sabiduría popular contándonos tu experiencia al respecto y recuerda: el buen felador se esfuerza, se dona y es ante todo un señor.

 


Sobre el autor

Mr. Fluffer

Tengo las rodillas peladas desde la post-adolescencia.