Ya sabéis la opinión que tenemos de este dúo que vende música y se incluye en el colectivo de los artistas, que para algunas cosas, no les da vergüenza sentirse parte de una comunidad.
Nunca nos hemos escondido y, aunque yo sea últimamente la voz más sonora, me atrevo a decir que la impresión (nefasta) es casi unánime en toda la redacción de Atroz con Leche.
Hasta ahora hemos dedicado tiempo y esfuerzo para comentar los trabajos que publicaban, pese a la cada vez mayor irrelevancia de estos.
Pero todo tiene un límite y ha llegado el momento de callar para siempre. Tras estas palabras no volveremos a comentar cualquier cosa que tenga que ver con este par.
Llevan décadas enseñando la patita, la orejita, los hociquitos… hasta que ya no ha quedado más que insinuar, pues se han plantado de cuerpo presente ante todo el globo terráqueo.
No voy a servirme de subterfugios, ya tienen el sello discográfico que les da pábulo tras sacarlos de la ruina hace casi 30 años. Voy a hablarles directamente a ellos, en segunda persona.
Os habéis posicionado sin dudar, haciendo gala de una frivolidad y falta de humanidad intolerable, a favor de la UER y del lobby sionista que hay detras de eurovisión, alegando que «solo es música» y que estais «en contra de cualquier tipo de boicot». Impresionante vuestra hipocresía.
Además, habéis tenido la poquísima vergüenza de pisotear a todo un colectivo, despreciando las siglas que lo identifican: LGTBIQA+ Y no se trata de la etiqueta de una linea de ropa, de perfume ni tampoco se refiere a los componentes nocivos de un producto de tinte para el cabello. Tampoco es un partido político ni nada parecido. Es una seña de unión para muchos seres humanos que, como vosotros mismos os definís, pueden ser un maricón y una bisexual, pero tambien acoge otras maneras de sentir, de amar, de relacionarse y de vivir.
Despreciáis lo que supone para muchas personas, que han vivido en soledad toda clase de calamidades por su naturaleza, el sentirse por fin parte de algo, tocar casa, tener cobijo y pertenecer a un sentir común.
Apartáis a los que os dieron luces y altavoces cuando lo necesitasteis, a quienes os integraron en sus vidas y contaron con vuestra presencia para sentirse bien.
¿Cómo os atrevéis a renegar de quien os acogió y adoró?
Vuestra ingratitud no se puede abarcar. Está claro que habéis hecho abiertamente lo que algunos ya sabíamos y otros solo sospechaban: morder, ridiculizar y abominar de la mano que os dio de comer durante tantos años. Ahora le ha tocado al fandom y a todos los colores que contiene. Cuando creíamos que no podíais caer más bajo, habéis mostrado un nuevo tramo de escalera que desciende a la sima del oprobio.
Para terminar, sois presos de cada palabra que habéis vomitado y no hay lugar para la rectificación ni el arrepentimiento.
Es más que suficiente.
Hasta nunca.
