En cuatro días, y a la vez que se descubría la cara oculta de la luna, aparecía una nueva banda sonora viral para sacudir las conversaciones diarias e incluir un tono repetitivo entre nuestras palabras. Angine de Poitrine, el duo canadiense del que todo el mundo habla, lo hace bajo el sinónimo de romper el ritmo habitual bajo el epígrafe de un «rock mantra dadaísta y pitagórico-cubista»: ¡trágate esa Daft Punk!
Apareció la música 2.0. Una clase didáctica que presenta dos personas disfrazadas de dálmatas de cuando a Picasso le contaron cómo dibujar un perro y una cazuela , para parecer que tocan veinte a la vez. Con dos looperas y pisando los pedales con ágil habilidad y un pie enfundado en un pijama de Agatha Ruiz de la Prada antes de que mezclara el rojo con el rosa, el guitarrista graba una idea en el bajo,la loopea, queda sonando y sobre esa base toca el baterista. De esta manera se pasa a la guitarra. La guitarra se loopea, se cambia la base de bajo y de esta manera se crea el ritmo.
Con una guitarra microtonal, se permite tocar notas diferentes. La microtonalidad se refiere al uso de intervalos musicales mas pequeños que el semitono, que es la división mínima que existe en el sistema temperado occidental convencional. Mientras que la música occidental tradicional divide la octava en doce semitonos iguales, los sistemas microtonales emplean divisiones más finas, como cuartos de tono.(24 divisiones por octava)o, incluso, divisiones más pequeñas. Esto lo que permite es explorar texturas armónicas y melódicas innaccesibles para instrumentos convencionales. Algo así como tocar un tono entre los dos que conocemos habitualmente. De ahí que uno de los miembros del grupo utilice esa guitarra de doble mástil.
Se comunican por un idioma que, según ellos, es de origen espacial, además de defender que tienen 333 años; no sé si entre los dos o juntando las edades de todos sus primos. Se hacen llamar Khn (guitarra y bajo) y Klek (batería) y afirman que les gustan los perritos calientes y las pirámides. Casi lo mismo,vaya. Pues nada, que han mezclado churras con merinas y hacen de lo disruptivo un arte.
Muchos defienden dicho follón como respuesta a un mundo estrangulado por la IA. Y que su frescura se aleja de la impostura, creando un mundo paralelo donde el absurdo se enfrenta a la sofisticación. Se esconden tras sus máscaras y la inmediatez de nuestros días se da prisa en saber quienes son. Acaban de publicar su segundo trabajo. El tiempo dirá si se quedan o se escapan hacia el mundo del math rock.
