La Bella Dorita. La Vaselina (1933)

Ay, colita de rape, botón de oro, carita de medalla; flamenco del atardecer, rumba de mediodía. Figurita de Lladró. Tú, que creías que todo lo sabías y que todo se había inventado. Tú, que hacías el amor los bisiestos porque riman con suerte. Has de saber que antes de que se inventara el hilo negro, había otros que todo lo hilvanaban mejor que tú. Que cuando tú untabas las galletas en el chocolate, los padres de nuestros padres ya tocaban la pandereta en el desayuno. Lo que no era el desayuno. Y lo que no era la pandereta. Porque algún «secreto» que otro ya nos lo había contado hace ya un siglo La Bella Dorita. Mientras tú, que pensaste que los pendientes te hacían más delgada, María Yañez García, que así se hacía llamar esta artista locuaz y pizpireta (además de muy sabia), cantante y bailarina olvidada, de cuplé, tango, revista y cabaré, rimaba un sample de boda, como quien coge un disco de la caja de las muñecas lleno de polvo y lo reproduce en un gramófono. Porque corría el primer tercio del siglo pasado. Y la artistaza, que todo lo sabía y aprendía, guardaba el regalo de su madre para su viaje de bodas. Y ella, muy sobresaltada, porque se acerca el día, anda que te corre, esperando el día; además del regalo, que le han aconsejado todos, «para no andar mal». La rima, además de soberbia, es desternillante.

 

La autodidacta conclusión a la que se llega es tan práctica que ha llegado hasta nuestros días, sin perder ápice de utilidad. Sólo que su uso(aunque sea idéntico), dados los tiempos que corren, se ha extendido a ambos sexos. Con mucho encaje y seda fina. Aquí, La Bella Dorita, que va de mojigata, pregunta por el uso y disfrute de tal invento, antes de su día de boda. Y, con ese ritmillo, entre la verbena arrabalera y la melodía de caseta de churros (y porras…), con toda la información de que dispone,-que no es poca…-, nos entrega en primera mano, una obra maestra indiscutible de la canción popular nacional y el mejor lema para una sesión de «tuppersex», sobre lo que podamos saber acerca de la útil pócima, que no hace caso a ninguna clase de modas. Y si no, escuchen y sorpréndase de todo lo que sabían nuestros antepasados hace unos cuantos años. A ver si nos pensábamos nosotros que lo sabíamos todo. El diablo sabe más por viejo que por diablo.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.