La química cromática en el cine

¿Te has preguntado alguna vez qué factores contribuyen a que la pareja protagonista de una película desprenda eso que la crítica y los espectadores denominamos con efusividad “química”?

Sin duda, la elección de los actores es el elemento más determinante cuando se trata de conseguir esa conexión mágica, simplemente, porque los hay cuyo rostro casa muy bien con el de otros en particular, a saber: por color de piel y de pelo, por tipo de facciones, por constitución corporal, etc.

Otro factor que contribuye a hacer brotar esa chispa es, evidentemente, un guión que en sus líneas refuerce dicha conexión con réplicas que se opongan o reafirmen mutuamente, buscando así la complementariedad de los que las recitan.

Y hay otro componente que, muy a menudo, pasamos por alto como espectadores y que, a un nivel más sutil, colabora sobremanera y de forma casi inconsciente a remarcar esa idea de media naranja entre los dos miembros de la pareja protagonista: el color de su ropa.

En Teoría del Color, se denominan colores complementarios a aquellos que se encuentran diametralmente opuestos en el círculo cromático (que viene a ser una representación simplificada de toda la cantidad de matices que el ojo humano es capaz de percibir, esto es, el espectro electromagnético visible). Cada color tiene su complementario, pero se engloban en los tres pares rojo-verde, azul-naranja y amarillo-púrpura que, por responder a principios físicos, funcionan muy bien cuando se pretende obtener una paleta armónica:

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En la disciplina de diseño de vestuario para cine esto lo han sabido desde muy temprano, y lo han aprovechado intensamente para enfatizar la complementariedad de las parejas protagonistas en las secuencias clave de un incontable número de películas. A continuación, veremos unos cuantos e ilustrativos ejemplos de grandes dúos del séptimo arte cuya química traspasa de lleno la pantalla:

 

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Rojo-Verde es la combinación de complementarios más profusamente utilizada en la historia del cine, quizá porque el manido recurso del vestido rojo para ella (que es tan expresivo) suele condicionar el verde de su antagonista masculino. Funciona siempre, y a veces se recurre a ello de forma casi exclusiva en un mismo film con leves variaciones de matiz, saturación o luminosidad. El ejemplo clásico más evidente es, sin duda, el de Vértigo, de Hitchcock, donde, en todas aquellas secuencias en las que es fundamental remarcar la complementariedad o química entre James Stewart y Kim Novak, ambos visten indistintamente de uno de los dos colores:

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Con la muerte en los talones también hace gala de ese recurso que, parece, el equipo de Hitch conocía muy bien:

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¿A quién amaba realmente Escarlata O’Hara? pues a aquel con cuyo color mejor complementaba:

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La magnífica Picnic, de Joshua Logan, también se valió de ese recurso en la maravillosa escena del baile de Kim Novak y William Holden:

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Y, con unos complementarios casi idénticos, lo mismo hizo Eliza Kazan en Al este del Edén:

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Los diseñadores de vestuario de la gran Charada también sabían algo de teoría del color:

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Y cómo no usarlo en ese momento mágico en que surge el amor entre Albert Finney y Audrey Hepburn en Dos en la carretera

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Por no hablar de Ghost,

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Drácula, de Coppola,

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Deseando amar, de Wong Kar-Wai,

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Antes del amanecer,

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o Los puentes de Madison

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En nuestro cine, Almodóvar es el que lo ha usado más prolijamente (aquí en dos ejemplos de sendas magníficas historias de amor):

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Y, en un par de ejemplos más recientes, encontramos Deep blue sea, de Terence Davies,

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Sólo los amantes sobreviven, de Jarmusch,

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o la Carol de Todd Haynes, en la que, a falta de una revisión por mi parte, creo recordar que las dos protas se visten indistintamente de rojo y de verde en todas las secuencias de la película,

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Y atentos a La La Land cuando se estrene porque, a juzgar por algunos de sus fotogramas, parece tirar del mismo recurso cromático:

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azul-naranja

La combinación Azul-Naranja también está ampliamente extendida, pero, quizá, se haya utilizado menos porque el recurso del vestido rojo para ella es muy goloso, además de altamente expresivo. No obstante, encontramos ejemplos muy ilustrativos:

La pareja de villanos más sexy y famosa de la historia del cine tenía que complementarse a todos los niveles:

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No ha existido más química en la pantalla que la que desprendieron Jane Fonda y Robert Redford en Descalzos por el parque, y su vestuario tenía que dar buena cuenta de ello:

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Y qué decir de la historia de amor más desgarradora jamás contada:

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o ese amor malsano de Esplendor en la hierba,

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o la historia apasionada y trágica de El paciente inglés,

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o, de nuevo, el amor imposible de Deseando amar,

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o el encuentro inesperado de Come, reza, ama:

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Y, en un ejemplo más reciente, esa pareja tan unida en sus anhelos que forman Leo y Kate en Revolutionary Road, de Sam Mendes:

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Por último, el uso de los complementarios Púrpura-Amarillo es más difícil de encontrar, por lo arriesgado de la combinación y porque puede que aún perviva la superstición de usar el amarillo en escena. Difícil, decimos, pero, como vamos a ver a continuación, no imposible:

West Side Story se valió de ese par de colores para subrayar el desmedido e imposible amor entre María y Tony:

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Y lo mismo en Adivina quien viene esta noche, de Stanley Kramer, para mostrarnos a una pareja con un amor a prueba de prejuicios:

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Woody tenía que remarcar la especial atracción de Javier y Scarlett en Vicky, Cristina, Barcelona:

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Y, de un modo más sutil, de nuevo Javier y Julia en Come, reza, ama:

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Hasta Disney sabe muy bien lo que se hace cuando de lograr la química se trata:

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Y, de nuevo, atentos a La La Land porque, al menos en una secuencia, parece valerse de esta misma combinación:

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