Mañana 21 de marzo, es el día de Elenita

Cada 21 de Marzo, desde hace más de veinte años, aparece una esquela en “El País” dedicada a la misma persona: Elena Lupiáñez Salanova, publicada por el que fue su marido, José Luis Casaus. Hasta aquí todo normal.

En mi caso no soy muy de leer esquelas, y creo que ya han perdido mucha de su funcionalidad. Ahora bien, recuerdo a mi abuela, con las gafas en la punta de la nariz, leyendo las esquelas y mirando quién había muerto más joven que ella. Indefectiblemente, cada vez que se encontraba un difunto más joven, repetía la misma frase “Te he ganado” decía. Al final no gana nadie. Pero este caso es diferente. Elenita se ha convertido en un clásico de la literatura moderna en España. Es un cien años de soledad en versión microcuento anual. Aquí podéis ver las correspondientes al noveno y décimo aniversario del deceso. Esquelas-Elenita-Lupiañez-Salanova-2003-2004-21-marzo-el-pais-jose-luis-casaus

¿Qué tienen de importante estas esquelas? Evidentemente la historia que hay detrás. Elena y José Luis tienen una de las historias de amor más apasionantes, por lo extraña y continuada, de la literatura. Porque lo suyo ya ha dejado de ser vida real, ha trascendido. Y leer las esquelas de Elena Lupiáñez, Elenita, es tanto un viaje por la trayectoria de este país como por la trayectoria vital de una familia tan atípica como subyugadora. En las esquelas vamos viendo, mediante pequeños retazos de normalidad, como los dos hijos van creciendo, haciéndose adolescentes, sucumbiendo a los efluvios de Baco y Venus, y entrando en la edad adulta que tienen ahora.

Elenita:

La semana que, obligatoriamente, Boris y Yuri hacen las tareas domésticas la mesa familiar se atiborra de arroz a la gusana, spaghettis erguidos o apelmazados, carne a la suela, pescado muerto y ensaladas saladas; eso sí, hay un masivo descorche de yogures y conservas y una inmensa ingesta de fruta, charcutería y pan bendito. A todo esto, la prueba del algodón no engaña y su falta de pericia con la plancha queda justificada con no sé qué belleza de las arrugas.
Ya aprenderán.

J. L. Casaus

esquela

Elena fue una de las fundadoras del periódico El País. En uno de sus viajes conoció a Jose Luis Casaus, y pasado un tiempo decidió que fuera padre de sus hijos. Decidió porque ante todo Elena fue madre soltera, dueña de su propio cuerpo, y de su vida. Los hijos fueron concebidos en Leningrado, durante una representación del Príncipe Igor, y llevan los nombres de dos protagonistas de la obra. Tras el embarazo Elena descubre que tiene cáncer de pulmón, y decide dejar a los hijos a la custodia del padre biológico.

Él en algunas entrevistas, dice que lo único que le apenaba a Elena de morir tan pronto era que no iba a poder enseñar a sus hijos a leer.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.