Hay una edad en la vida en la que uno debería estar haciendo cosas razonables.
Pues bien, nosotros decidimos ir a Liverpool a ver a Melanie C presentar su nuevo disco.
Y cuanto más lo cuento, más surrealista me parece.
Miles de personas preocupadas por la inflación, la inteligencia artificial y el futuro de la humanidad. Y nosotros cruzando a un país para ver qué hace Sporty Spice en 2026.
Y, sinceramente, no me arrepiento absolutamente de nada.
Porque Melanie C ha conseguido algo muy difícil: sobrevivir a los noventa sin convertirse en un museo de sí misma.
Geri Halliwell parece haberse convertido en una aristócrata inglesa que desayuna editoriales de Vogue y organiza cenas en una finca con caballos.
Victoria Beckham directamente ya no es una persona. Es una empresa que lleva su propio apellido y una expresión facial permanentemente en huelga.
Melanie B se casa de continuo y Emma sigue comiendo chupachups….pero ambas defienden los derechos trans de forma muy activa.
Y luego está Melanie C.
La única que parece haber pensado: «¿Y si seguimos divirtiéndonos?».
Porque a estas alturas ya no es una cantante. Es una disciplina deportiva.
Estoy convencido de que, si desaparece internet, las cucarachas y Melanie C seguirán aquí. Y probablemente ella seguirá haciendo cardio.
Y, ojo, porque el disco está muy bien.
Tiene algo que ya casi nadie hace: música para bailar sin pedir perdón por querer bailar. Música electrónica, muy de club, muy noventera por momentos, muy de ponerse unos auriculares y recordar que la vida también está para pasarlo bien y no solo para responder correos.
Y eso, sorprendentemente, resulta bastante refrescante.
Porque mientras todo el mundo intenta reinventar la rueda, Melanie C hace algo mucho más inteligente: ser Melanie C.
Que, visto el panorama, ya es una rareza.
Y ahí estábamos nosotros, en Liverpool, pensando una cosa muy concreta.
Sporty Spice nunca fue un personaje.
Era un aviso.
Un aviso de que esta mujer iba a llegar a los cincuenta y tantos con más energía que todos nosotros juntos.
Y la verdadera conclusión no es que fuimos a Liverpool a ver a Melanie C.
La verdadera conclusión es mucho más preocupante:
Fuimos a Liverpool a ver a Sporty Spice y, en ningún momento, nos pareció una mala idea.
Porque hay gente que se va de retiro espiritual.
Hay gente que hace senderismo.
Y luego estamos los que cruzamos países para ver a una Spice Girl sudar durante una hora y salimos pensando: «Pues igual esta señora ha entendido la vida mejor que todos nosotros».
Y tiene una gira por delante, hazte un favor, y échale una escucha.

Es un señor discazo que he escuchado todo el verano y me da mucha pena que no haya trascendido mucho más tal como se merecía.