Para ir al grano: Sebas Martín acaba de publicar un libro en La Cúpula Ediciones que debería formar parte de tu biblioteca personal más selecta. «La piel como única bandera» es la continuación de «Que el fin del mundo nos encuentre bailando», un comic al que ya le dedicamos un post aquí, porque Sebas Martín debe ser uno de los autores a los que más atención le hemos puesto y aquí van unos ejemplos:
No debí enrollarme con una moderna
Mi novio, un virus y la madre que me parió
Aunque sea una continuación de la historia que conocimos hace unos años, también puede leerse de manera independiente porque la brecha temporal que separa a ambos libros es la guerra civil, un acontecimiento traumático que lo cambió todo incluidas las vidas de la pareja protagonista. Esa es la razón de que «La piel como única bandera» solo se ocupe de las vicisitudes de uno de ellos y hasta aquí puedo puedo contar o me acercaré demasiado al spoiler. Sebas Martín dibuja la biografía de Basilio, el boxeador, que siguió una trayectoria parecida a la de muchos exiliados que tuvieron que huir al país más cercano, en este caso Francia. Escapando de la dictadura, acabaron en campos de concentración franceses con unas condiciones tan deleznables que solo los más fuertes consiguieron sobrevivir, aunque a esos supervivientes aún les esperaba el ejercito francés y Segunda Guerra Mundial con la posterior ocupación alemana que vendría.
En unas circunstancias horribles que parecían no tener fin, Basilio es capaz de encontrar a algunos como él para salvarse y formar una auténtica familia marica, una pauta que se repetirá a lo largo de su biografía. Basilio, además, lo tenía más complicado que otros porque a su condición de homosexual se añade que ocupa el escalafón más bajo de la sociedad francesa, primero como refugiado republicano y después como inmigrante español que malvive con trabajos infames. Pero si podrá salir adelante y prosperar en el Paris de los cincuenta y sesenta será gracias a otros maricas y los lazos de solidaridad que se establecen entre ellos, creando sitios seguros, la posibilidad de amistades profundas y algún que otro romance. El mensaje de la historia no funcionaría sino fuera porque el autor consigue imprimirle un ritmo endiablado porque siempre están ocurriendo cosas y eso la hace entretenidísima, sin ahorrar momentos muy duros (pero durísimos: no te lo perdonaré jamás, Sebas Martín).
«La piel como única bandera» es un ejercicio de memoria y de justicia con los que nunca aparecen en los libros de historia, pero también es el retrato de la subcultura gay en una ciudad como París y sus resquicios de libertad que permiten al protagonista construirse una vida digna en el exilio pese a haberlo tenido tan difícil. Es, en definitiva, un libro que muestra a Sebas Martín en plena madurez creativa y leerlo se convierte en un deber pero también en un deleite.

Me lo leí hace dos semanas, volviendo en tren a casa. Es bastante denso, no me lo terminé en el viaje (y eran cuatro horas).
Creo que su mayor habilidad es introducir un contexto: la guerra civil, la postguerra, el exilio, la guerra mundial, la depuración… La Historia LGTB no sucede al margen de la Historia, está dentro de ella. Al final de la obra Sebas incorpora las referencias bibliográficas que le han servido para documentarse. El interés de las tramas del pasado ya aparecía en el con «Aún estoy en ello». Supongo que, de alguna manera, nos acercamos con un engarce entre el pasado con el origen en los 90 del personaje Sebas (Historias de Sitges) y la madurez de muchos de los personajes de la trama de Sebas, como un paralelismo entre ese pasado y nuestro presente.
No sé si puede mejorar la marca, desde luego que sin desmerecer lo publicado, es un trabajo sobresaliente.