Rosalía nos llena de LUX 2ª parte

Os ha gustado la primera parte ¿eh? Pues preparaos para flipar con lo que viene ahora.

En este segundo disco del formato en vinilo están las tres canciones extra (“Focu ‘ranni”, “Jeanne” y “Novia Robot” ) que tambien se entregan en CD, de manera que solo hemos podido añadir nuestros comentarios, suponemos que en breve los subirán a las plataformas. Igual os ponemos los dientes mas largos con las reseñas, pero siempre hay que respetar las decisiones de la artista.

Venga, venid conmigo…

 

“Dios Es Un Stalker”

Por MM.

Rosalía de nuevo usa la religión como metáfora y habla como si fuera el mismo Dios que acosa a sus fieles. Pero la canción va mucho más allá a base de fina ironía y la clave está en la frase ‘La omnipresencia me tiene agotada’, Y es que Dios es un stalker.

Bien podría ser una continuación de ’La fama’, (de su anterior disco «Motomami«) y precisamente habla del reverso tenebroso de la popularidad, porque igual que Dios todo lo ve y tiene seguidores fanáticos que se convierten en acosadores, hay fans que divinizan a sus estrellas favoritas y las convierten en objeto de persecución y deseo hasta el punto de exigirles una opinión, un hecho o un gesto del que no siempre tienen ganas: Como bien dice en dos de sus versos: ‘Todo el mundo me quiere de su lao Tengo el buzón explotao’.

Con respecto al lado musical, es fascinante como los instrumentos se van incorporando poco a poco, empezando por el bajo para después añadir las cuerdas que vertebran todo el disco y añaden la sensación frenética de huida y una persecución que subraya con ese cierto punto afrobeat que remata una canción casi, casi perfecta.

 

“La Yugular”

Por Mussol.

Hay canciones que no se escuchan: se sobreviven.

La Yugular es una de ellas.

Desde el primer segundo te atrapa por el cuello, como si alguien te dijera al oído: ‘no respires todavía’.

Y tú obedeces, porque intuyes que lo que viene no es melodía, sino desgarro.

Rosalía no canta aquí; sangra con elegancia.

Su voz no nace de la garganta, sino de un lugar más profundo, donde se amontonan todas las palabras que nunca nos atrevimos a decir.

Cada verso es una grieta, cada nota un hilo de sangre que cae lento, brillante, inevitable.

No hay compás que contenga lo que estalla dentro.

Lo que oyes es un corazón aprendiendo, a la fuerza, que para amar hay que soltar.

En esta canción la piel se vuelve frontera y confesionario.

No hay metáforas floridas, solo la crudeza de lo que se siente cuando algo se rompe y aún late.

La percusión suena como pasos en una habitación vacía; las cuerdas, como respiraciones que no alcanzan.

Y ella, en el centro, dueña del temblor, se atreve a ponerle voz a lo que todos tememos: que la entrega absoluta puede costarnos la vida.

Pero lo hermoso —lo insoportable, incluso— es que no hay rencor.

Solo un cansancio sagrado, una aceptación silenciosa de que doler también es una forma de estar vivo.

‘Te abrí la yugular del alma’, parece decirnos con esa voz que roza y cura a la vez.

Y en esa herida compartida se produce el milagro: por un instante, el dolor deja de pertenecerle solo a ella, y pasa a ser nuestro.

De repente, entendemos.

Todos hemos estado ahí: con el cuello expuesto y el alma latiendo demasiado fuerte.

Cuando termina, no hay alivio inmediato.

Solo un eco tibio, un latido que tarda en apagarse.

Miras alrededor y todo parece un poco más real, más nítido, como si el mundo acabara de recordar su propio pulso.

Y entonces descubres que la yugular no era solo la suya: también era la tuya.

 

“Focu ‘ranni”

Por DMalignus.

Rosalía vuelve de nuevo a fusionar la solemne seguiriya con ritmos afropop, fraseos acelerados y violines puestos del revés. Todo para expresar que ella es libre, que no pertenece a nadie más que a sí misma.

Entre estos acompañamientos marcados por las palmas y el cajón, va dejando claro que no se vestirá de blanco, que no quiere rosas ni arroz cayendo del cielo, que su piel quizás guarde señales de alguien, pero su corazón estuvo siempre libre de ellas.

Habla de la honestidad, del hablar ahora, de la libertad personal, aunque se mantenga una relación y que si el amor es verdadero resulta muy difícil acabar con él.

Utiliza el Castellano y el Siciliano para la última estrofa donde describe el Gran Incendio imposible casi de apagar que supone el amor verdadero: Focu ‘ranni.

 

“Sauvignon Blanc”

Por Fakeplasticboy.

«Sauvignon Blanc» es probablemente la más espiritual de las canciones que componen Lux. Y lo es mediante una metáfora inesperada e inusual: la del vino blanco francés.

Parece una canción de acercamiento a lo celestial y renuncia de los bienes materiales. Una entrega de Rosalía a la divinidad, una declaración de comunión con lo espiritual que se materializa en un vino dorado, seco y afrutado.

Una voz delicada solo acompañada de piano y cuerdas que componen un tema de corte clásico.

 

“Jeanne”

Por DMalignus.

Esta canción es una de las más intimistas del álbum. Inspirada en Juana de Arco, sus primeras frases, en castellano, son demoledoras: “Entrégate – Que no hay manera – Mejor de amar – Que aniquilarse Me deja hecho fosfatina.

Cantada en Castellano y en Francés va alternando estrofas en estas lenguas, acompañada primero por un piano al que se van añadiendo cuerdas, trompas y algún metal más que no consigo identificar, creciendo en orquestación y coros tal como sucede en otros temas.

No tiene estribillo al uso, es como una invocación a la brevedad de la existencia, a ese amor que precisa entregarse hasta la extinción de la propia vida.

Alude claramente a la muerte entre las llamas de la Doncella de Orleans, a la soledad de las horas previas a la ejecución y a las voces divinas que la acompañaron y llenaron de fuerza acometer su destino.

El final es como un mantra coral con una cuchillada de violines para silenciar la orquesta y la voz distante de Rosalía tarareando su propia canción. Sublime.

 

“Novia Robot (Pa’ lo mismo)”

Por DMalignus.

Es el tema disonante del disco pues, cuando comienzas a escuchar, crees que se ha caído de “Motomami” -la segunda parte del título da una pista- sobre todo a la mitad de la canción, aunque finalmente entra en la linea musical de LUX y su orquestación. La canta en Castellano, Chino y Hebreo.

Es una crítica total a la obscena cosificación de las mujeres, como si fueran juguetes sexuales por catálogo y con manual de instrucciones para servir a los hombres por completo y sin objeciones.  Comienza como un anuncio donde se presentan las chicas robot listas para ser usadas.

En las siguientes estrofas, Rosalía se presenta como RoRo, una mujer empoderada que planta cara y denuncia la usurpación de identidad que sufren constantemente las chicas hasta reducir su ser a un patrón sumiso en un mundo que ve creer el machismo. La última estrofa la canta en Hebreo, la lengua que dicen que es del verdadero dios de cristianos y judíos. Esto indica que quizás Rosalía se identifica como su propio Dios y defiende que debe sentirse bien sólo para ese Dios: ella.

Muy Motomami, insisto.

 

“La Rumba Del Perdón”

Por DMalignus.

No está la rumba dentro de mis palos flamencos favoritos, pero Rosalía ha mamado de la rumba catalana como tantos artistas mucho mayores que ella, y que yo mismo (ojo, que yo no me cuento como artista, hablo de edad) Se dice que el padre de este palo tan particular fue Antonio González ‘El Pescaílla’ marido de la Gran Lola Flores.  Pero este es otro cantar, nunca mejor dicho

En esta rumba, de traje serio, se mencionan las principales causas del dolor en el alma: traición, abandono y desamor que muchas veces vienen trenzados: La desaparición de un buen amigo por oscuros asuntos. La huida de un padre que abandona a su familia. Las turbulencias de un querer que pudiera derivar en un triángulo amoroso.  Todo en una sola canción.

No pueden faltar los acordes básicos de guitarra flamenca y palmas por rumbas acompañando el son a las voces de Rosalía, Estrella Morente y Silvia Pérez, con una presencia casi constante de cuerdas, percusiones y coros clásicos.  Una fusión impecable como todas las que estamos escuchando en este discazo.

 

“Memória”

Por Mussol.

Si La Yugular es herida, Memória es cicatriz luminosa.

Donde una clama, la otra calma. Donde la sangre ardía, aquí respira la piel nueva.

Desde el primer acorde se adivina un aire de eternidad. Las guitarras suenan como si las tocara el viento en una casa vieja frente al Atlántico. Carminho entra primero, con esa serenidad de quien lleva toda la vida cantando al amor perdido sin rencor, solo con gratitud. Su voz es tierra, sal y cielo gris. Después llega Rosalía, como un reflejo que no intenta imitar, sino abrazar. No hay competencia ni artificio: solo dos voces reconociéndose, sabiendo que se entienden incluso cuando callan.

Memória no es un dueto: es un diálogo entre generaciones, lenguas y heridas. El fado y el flamenco se miran a los ojos y descubren que, en el fondo, lloran por lo mismo. Es el recuerdo compartido de quienes han amado hasta doler, pero han aprendido a seguir amando sin poseer.

Cada nota parece contener siglos. No hay prisas, no hay exhibición, no hay más que presencia. La música se mueve con la cadencia de una respiración profunda. La guitarra sostiene, las cuerdas se abren, y el silencio entre los versos se vuelve casi físico, como si el aire se hiciera denso por la emoción contenida.

Hay una ternura inmensa en la forma en que ambas se escuchan mutuamente. Una pregunta con la voz, la otra responde con un suspiro. En ese intercambio, algo sagrado ocurre: el tiempo se detiene. La memoria deja de ser pasado y se convierte en hogar.

Y entonces llega ese final. La última nota se alarga, se disuelve, se rinde. No hay cierre abrupto ni aplauso interno. Solo un silencio tan enorme que casi se puede oír el mar.

El mar de la memoria, ese que nos devuelve todo lo que creímos perdido.

No hay tristeza. Hay reconciliación. Hay paz.

Porque Memória no busca revivir lo que fue, sino honrarlo. Es un rezo sin religión, un brindis por los ausentes, una caricia al tiempo.

Cuando termina, no necesitas aplaudir: basta con respirar hondo y dejar que el eco te atraviese.

 

“Magnolias”

Por Ángel del Olmo.

Intentando su Leonard Cohen particular, Rosalía elabora su fuga terrenal para encontrarse con su dios, no sin antes acordarse de sus enemigos.

Misal de cierre para un álbum que siempre piensa en lo divino como salvación; la gratitud y el despegue de lo terrenal, con órgano y coros que acompañan la sentencia, no sin antes comenzar con instrumentos de viento para dar paso a la voz.

Con una letra muy concisa y sin complicaciones, cierra su colección de canciones, mostrando su halo de esperanza en la libertad personal y siempre ajena al «¿qué dirán?».

Intenten imaginarse la melodía sin letra y podrán observar que funcionaría igual de bien. Es el éxito de esta canción.

No se si podremos esperar otros cuatro años para conocer lo próximo que nos traerá esta mujer maravillosa, pero va a tener complicado superar todo esto porque ha quedado claro que si dios existe tiene que ser muy parecido a ELLA.

 

1 comentario en “Rosalía nos llena de LUX 2ª parte”

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