Hemos esperado unos años para escuchar el nuevo trabajo de Rosalía, y nos ha dejado bien muertas del gusto.
Es evidente que en la redacción somos muy parciales con esta artista, pues nos ha enamorado desde su primera obra y este bombazo ha promovido algo inusual: el equipo actual casi al completo hemos querido aportar nuestra humilde opinión sobre la maravilla que la de La Mina nos ha entregado con LUX, presentado en un doble álbum de vinilo transparente con tres temas de regalo que vienen exclusivamente en los formatos físicos.
Por no hacerlo eterno vamos a dividir nuestras impresiones en dos entregas: una por cada disco de vinilo, aunque vamos a hablar de la presentación principalmente en esta parte.
La portada muestra una Rosalía de medio cuerpo, sin joyas ni afeites salvo los labios dorados, ataviada de toca blanca como una novicia religiosa y abrazándose a si misma dentro de una especie de saya. Todo sobre un fondo neutro.
La contraportada, muestra a la artista echada sobre una cama, semi desnuda y en pose de crucifixión. El mensaje de la portada resulta impactante dados sus atuendos, pero la contra todavía inquieta y seduce más, pues yace casi evocando un misticismo extático cercano a los de cierta santa rebelde del siglo XVI.
Dieciocho cortes que te agarran por los pelos y te revolean como la cinta de una gimnasta rítmica en plena competición.
Dejemos los preámbulos. Vamos con los nueve cortes del primer disco por orden de aparición.
“Sexo, Violencia y Llantas”
Por Angel del Olmo
Sin abandonar del todo la grandilocuencia de otros temas del álbum y, quizá, sintiéndose más orgánica, «Sexo, violencia y llantas» puede ser el camino perfecto que une a la Rosalía de «Los Ángeles» con su nuevo giro estilístico.
Una intro preciosa de esta obertura, que abre la puerta a su voz aflamencada, para explotar con orquesta, instrumentos de cuerda, coros, voces y electrónica.
Es el «Hunter» de Björk pasado por un tamiz de (su) música popular hacia la senda de la mezcla de estilos, lenguas, signos y capas.
No nos equivoquemos: el álbum no tiene tantos mensajes como se ha dicho. Y ahí, dudemos, podría estar su pequeño fallo. Ése y que, en ocasiones, sea complicado entender lo que canta.
Pero, lo prodigioso es que en poco más de dos minutos Rosalía defiende la tierra frente al cielo; primero cumplamos aquí nuestro propósito para alcanzar esa luz. Y lo hace conmoviendo. Una vez más.
“Reliquia”
Por MM
Rosalía consigue una de las canciones más autobiográficas de LUX inspirándose en Santa Rosa de Lima, la santa a la que partieron en pedacitos para repartirlos por toda la cristiandad en forma de reliquias. Así que ella también se abre en canal y enseña su corazón (el mismo corazón que aparecía en Berghain) tras un periplo en el que ha ido dejando trocitos suyos por medio mundo.
Reliquia no solo es un repaso sentimental (con referencias a sus ex más famosos), también lo es de su formación como artista y su crecimiento como persona, aunque no todo haya sido un camino de rosas (o de magnolias, que son más oportunas). Aquí logra una mezcla de clásico y vanguardia que funciona de maravilla y sin duda que Bjork mataría por componer algo parecido en la actualidad.
El tema comienza con una melodía de cuerdas que remite a Berghain, luego vendrán los coros celestiales y una coda en el cierre que supone la apoteosis electrónica. Pero si hay algo que destaca es la increíble voz, algo que la acertada producción se ha encargado de potenciar.
Rosalía demuestra aquí que está en su plenitud vocal gracias a su timbre casi de niña, la cantidad de matices expresivos, el dominio de unos agudos muy difíciles que resuelve de manera preciosa y delicada o la capacidad para transmitir emociones que dejan al oyente hecho una croqueta.
“Divinize”
Por DMalignus
Rosalía canta a la manzana de la discordia, al pecado original, a la misma Eva de la creación, la madre universal tentada siendo consciente de su divinidad. La letra es un tejido luminoso en dos idiomas: su natural catalán y el inglés, que conjuga en una cromática aguda, casi celestial.
El arreglo es complicado, lo noto próximo, salvando las distancias, al creado en “Frozen” de Madonna por William Orbit hace mas de un cuarto de siglo.
Noah Goldstein comienza el acompañamiento de la voz con piano y guitarra muy sencillos a los que va añadiendo percusiones entre el Tryp-Hop y el Drum ‘n’ Base muy de finales del siglo pasado, pero tremendamente impactantes para el primer estribillo.
Siguiendo la linea ascendente, va entrando el conjunto de cuerdas clásicas, dejando solo una caja rítmica y cuerdas pellizcadas en el comienzo del segundo cuerpo de letra, para ir con todo en conjunto en los siguientes compases, reduciendo de nuevo la orquestación en las frases medias, dejando a la cantante casi sola en sus puntos mas agudos.
Un coro con cuerdas in crescendo precede brevemente al segundo estribillo que irrumpe con unas percusiones casi Drum ‘n’ Bass de nuevo y cuerdas por encima, hasta llegar al último cuerpo de letra, donde callan las percusiones para volver paulatinamente con xilófonos y coros para alcanzar el último estribillo, donde comienza casi sola y se van juntado todos los elementos de la orquestación, tanto clásica como electrónica, para finalizar en una tromba arrolladora.
Creo que Goldstein se volvió loco en este tema, pues probablemente sea el mas complejo de todo el disco a nivel armónico y orquestal. Toda una montaña rusa que te deja exhausto.
“Porcelana”
Por Fakeplasticboy
Hay algo en «Porcelana» que recuerda a la Björk de «Homogenic» con esas cuerdas de compases abruptos que crean una atmósfera tensa y dramática.
‘No soy nada’, ‘Soy la luz de este mundo’ repite Rosalía a mitad de canción. La luz que emana de esa piel fina y blanca de porcelana.
La voz de Dougie F. parece personificar esos pensamientos insistentes de miedo y dolor, y sirve de transición hacia el lado más penitente que en forma de saeta cierra la canción.
“Mio Cristo Piage Diamanti”
Por DMalignus
Una emotiva plegaria, en italiano, donde ‘su cristo’ llora lágrimas de diamante. Una letra llena de símbolos de fuerza y perdurabilidad ancestrales -huracan, dolmen- pero tambien con miradas a la fragilidad de las emociones. Presenta una dualidad entre lo duro y lo agradable, lo feo y lo bello, encontrando lo bueno de cada parte y construyendo algo realmente precioso con todo.
Comienza acompañada de un piano sencillo y va sumando orquestación puramente clásica, donde conjuga elementos de cuerda y viento, incluido el órgano de tubos, prescindiendo casi de percusión. Inserta unos movimientos que podrían ser propios de Vivaldi o Fauré con sus coros celestiales. Y una Rosalía desplegando sus registros más líricos pero dando un suave giro flamenco entre la clasicidad general.
Es, sin duda, uno de los cortes más espirituales del conjunto.
“Berghain”
Por Ángel del Olmo
El torbellino Rosalía, por fin, ha vuelto en una fecha, hora y segundos, señalados a fuego para satisfacer el ansia de (casi) todo el mundo y descolocar, estallar y girar su rueda de revolcar su giro sonoro (una vez más) para brillar, entablar conversaciones y disparar su marcha hacia adelante en su carrera meteórica.
Dar que hablar, correr por la Gran Vía madrileña para llegar corriendo a su cuenta atrás hacia Callao. Abrazar a sus seguidores y vestirse de blanco, para explotar su luz en un querer; porque de aquí no sales, ni despechá ni con media luna que no te dé brillo.
De negro primero, rasgas la cortina y abres la luz. Orquestas, coros. Planchas tu corazón. Te hiere, sangras, te persigue el amor por las calles. Y, al final, llega la naturaleza. Es Björk. La dueña y señora de «Venus as a boy”. Transmutada en un pájaro. La espiritualidad de la voz que se funde, finalmente, con el sexo. Aparece un hombre que te repite su deseo. Y vuelas. Alto. Muy alto.
¿Quién se esperaba esto? Nadie.
Queda abierta la puerta hacia el resplandor.
Nadie pudo pensar que, al quitarle las ruedas al carro, podría elevarse del suelo.
Ni que a los que se habían tragado «Candy», se les iluminaran los ojos con la ópera y Blancanieves. «La dama del armiño» vuelve a triunfar.
Fundiéndonos, como un terron de azúcar en el café.
Otro paso más. Otro triunfo.
“La Perla”
Por DMalignus
¿Ajuste de cuentas o despecho? Yo me quedo con lo primero.
Rosalía canta, a ritmo de vals, una retahíla de dardos dedicados a alguno de sus excompañeros, aunque no quiere dar a conocer nombre alguno.
En la maravillosa entrevista que dio en ‘La Revuelta’ comentó, muy diplomática y elegante ella, que podría tratarse (quizás, igual, a lo mejor) de una dedicatoria a todos los ‘perlas’ que nos hemos ido encontrando a lo largo de nuestra vida.
Cantada plenamente en castellano, nos mece en su venganza comenzando sobre una guitarra sencilla a la que se van añadiendo instrumentos de orquesta hasta completar un conjunto propio de Strauss. Casi al final, regresa la guitarra minimalista y Rosalía deja de cantar para hacernos unas confidencias de café con amigas, espetando suavemente dos frases afiladas como dagas -si es que el resto de la letra no son puyazos que atravesarían paredes- para encarar el resto del tema acompañada de nuevo por toda la orquesta y cerrar con unos coros metálicos, casi acres, dando un final bien sonoro, pero sin estridencia alguna.
Será quizás el tema polémico y menos espiritual del disco, pero ojo con el misterio que contiene ¿A quien no le gustaría saber lo que se esconde tras La Perla?
“Mundo Nuevo”
Por DMalignus
Siendo amante del flamenco, que no eso que llaman ‘flamenquito’ y aborrezco del todo, este tema me alcanza especialmente. No canta una seguiriya pura, sino que fusiona este palo con otros, mezclando tambien elementos pop/rock, quizás siguiendo la estela de Enrique Morente, sin dejar atrás la orquestación clásica, plena de cuerdas y percusión, timbales en este caso.
Logra una amalgama realmente hermosa. Da soporte a una letra que la lleva a buscar un lugar distinto al que nos rodea, un Mundo Nuevo al que llegar estando dispuesta a renegar de todo. Es otra invocación que podría ser cuerpo de una saeta, otro de los palos que predominan.
El tema es corto pero rotundo y da cancha a su capacidad para el cante. Me gusta mucho, aunque no podría decir que es mi preferido, pues el disco es brutal en su conjunto.
“De Madrugá”
Por Impostura
Rosalía y la resurrección en De Madrugá: el mal querer que no moría.
Hay canciones que no mueren: duermen. Rosalía guardó De Madrugá en un cajón cuando todavía no era “la Rosalía” global, sino una estudiante de cante que soñaba con transformar el flamenco en manifiesto. Durante los años de El Mal Querer —esa tesis musical proyecto final de carrera en la ESMUC que se convirtió en mito— la canción existía como un fantasma: la había cantado en algún concierto temprano, antes de que el mundo aprendiera a pronunciar su nombre con acento andaluz y vocoder. Luego desapareció, como si la hubiera dejado dormida entre samples y lágrimas.
Siete años después, resucita. De Madrugá vuelve en LUX, el nuevo disco de Rosalía, reencarnada, vestida de orquesta, electrónica y solemnidad, con un aura de reliquia viva. No es un lanzamiento: es una exhumación. Un fragmento perdido que funciona como puente entre su pasado y su presente, como un epílogo del dolor y la pasión que definieron El Mal Querer.
El Mal Querer no es un disco cualquiera. Desde su concepción, fue una tesis musical: un proyecto con estructura, argumento y propósito académico. Basado en la novela medieval Flamenca, cada canción funciona como un capítulo de una historia terrible y fascinante: la de una mujer encerrada por su amante, sometida a control absoluto y obsesión, atrapada entre la pasión y la violencia. Rosalía transforma esta narrativa en música, donde palmas, silencios, sintetizadores y coros funcionan como lenguaje simbólico, creando un universo sonoro que explora la posesión, la sumisión, el dolor y la resiliencia femenina. Cada track era un laboratorio de experimentación, un ritual sonoro que investigaba cómo la tradición podía dialogar con la modernidad y el pop contemporáneo.
En este contexto, De Madrugá adquiere un carácter singular: es una saeta contemporánea. La canción evoca la raíz más profunda del flamenco devocional, ese canto desnudo que surge en las procesiones de Semana Santa, pero lo traslada al universo conceptual y expansivo de LUX. La intensidad emocional, la tensión y el lamento de la voz de Rosalía recuerdan a la saeta tradicional, mientras la producción de orquesta y electrónica —a cargo de Pharrell Williams y El Guincho— amplifica la dimensión monumental y moderna del tema. Es la fusión perfecta entre lo ritual y lo contemporáneo: un grito que atraviesa siglos, vestido de luz y sonido.
La letra de la canción remite directamente a la Esperanza de Triana, la venerada Virgen que recorre las calles de Sevilla durante la Madrugá, la noche más intensa de la Semana Santa. Esta jornada, que comienza en la medianoche del jueves y se prolonga hasta el amanecer del viernes, concentra el fervor más profundo de la ciudad: pasos solemnes, saetas que perforan la noche, miles de personas acompañando la procesión. Cuando Rosalía canta: ‘La cruz en el pecho calibra mi cuerpo’, evoca el esfuerzo y la devoción de los costaleros que cargan el paso, donde cada gesto es medido y ritualizado. Y cuando dice: ‘To’s los luceros del cielo se reflejan en mi pelo / Traigo mil lenguas de fuego’, hace referencia a las velas que se colocan en el paso, iluminando la imagen de la Virgen, símbolos de energía, esperanza y fervor colectivo. En su condición de saeta, la canción es un lamento que, sin embargo, no se queda en el dolor: es una elevación hacia la luz, una plegaria sonora.
Su ausencia durante años genera teorías. ¿Por qué no apareció en El Mal Querer? Podría ser que no encajara en la narrativa cerrada de aquel álbum, o que su dimensión ritual necesitara un contexto sonoro más amplio. Quizá existió un “Mal Querer 2”, un proyecto paralelo dormido que ahora renace en LUX para completar la narrativa iniciada. Su recuperación no es casual: es un acto de madurez artística, un gesto consciente que une tradición, innovación y ambición conceptual.
Escuchar De Madrugá hoy es percibir cómo la temporalidad en la música puede ser flexible: las canciones esperan su momento, los capítulos permanecen latentes hasta que encuentran el espacio perfecto para desplegarse. La melodía flota entre lo ancestral y lo contemporáneo, y en ese equilibrio funciona como síntesis conceptual de LUX: cada nota es emoción, símbolo y reflexión al mismo tiempo.
Como epílogo de El Mal Querer, De Madrugá confirma que Rosalía no solo recuerda su pasado: lo resignifica, lo amplía y lo coloca en diálogo con la luz, la energía y la idea de experimentación que define su nuevo trabajo. La canción convierte la memoria en experiencia, el ritual en paisaje sonoro y la devoción en música que trasciende la cronología. Porque si aquel álbum fue el evangelio del dolor, esta canción es su salmo final.
Entre luces, orquesta y jadeos que laten como corazón, De Madrugá se convierte en un acto de fe, de memoria y de resiliencia. Es un recordatorio de que la luz puede surgir de la oscuridad, que el dolor puede transformarse en belleza y que el mal querer no muere: solo espera el instante perfecto para regresar, más poderoso y más libre.
Y así, con cada vela encendida sobre el paso y cada nota sostenida, esta saeta contemporánea nos recuerda que la música conceptual puede ser ritual, narrativa y luz al mismo tiempo, uniendo pasado y presente en un acto de pura fuerza artística.

Brillante tu articulo, Angel! Mil gracias .
Pingback: Análisis detallado del primer disco de ‘LUX’ de Rosalía - Hemeroteca KillBait
La actuación de Rosalía cantando reliquia en los 40 awards es antológica.
Esas cruces donde se iba transcribiendo la letra de la canción en un montón de idiomas, mientras ella se comía el escenario con ese aspecto de recién atropellada me parece sublime.
No veía una puesta en escena así desde las presentaciones de Alexander McQueen y Thierry Mugler en la semana de la moda de París a finales del siglo pasado.
Está mujer le está dando la vuelta a todo.