“Jackie Brown”, de Tarantino, cumple 25 años

Tres años después de “Pulp Fiction”, cuando Quentin Tarantino había roto cualquier estadística sobre el “nuevo cine negro de los noventa” a través de la seminal “Reservoir Dogs”, con “Jackie Brown” quedaba a la espera de que sus esquemas, o se repitieran o se revolvieran de alguna otra forma. Todo el mundo estaba atento (unos habían querido ser el “señor rosa”, otros el “señor marrón”), y el estreno de un trabajo nuevo del director norteamericano era un acontecimiento, después de que “Pulp Fiction” había contagiado los gestos, bailes y diálogos de espectadores de diferentes edades y gustos. Desde los seguidores de “Grease” a los de ” Uno de los nuestros” (1990) . El cine de Scorsese y el “spaguetti western” se daban la mano. Y así fue. “Jackie Brown” repetía las bases de su cine, pero, esta vez, de una manera más sosegada, como quien se quiere pensar las cosas y expresarlas como le venía en gana. Las largas conversaciones se repetirían, sus movimientos de cámara y sus ángulos imposibles también (esa cámara dentro del maletero del coche). Dando pie a que se dejara hablar a sus protagonistas hasta parecer que no habían dicho nada; y lo decían todo. Una conversación banal daba paso a una escena que rompía la calma y se revolvía en disparos secos, a bocajarro. Y punto.

Seguía siendo todo igual de inquietante que desconcertante, seguía ahí la esencia de su cine;  y así, Tarantino conseguía mantenernos atentos. Sólo que aquí todo funciona a las mil maravillas. El ritmo, las pausas y la acción, así como su cuidada y atesorada identidad de imagen (esas explicaciones sobre los modelos de metralletas que disparan unas modelos en bañador en la televisión, mientras la novia de Samuel L. Jackson,-también en bañador-, se muere de aburrimiento en un sofá). La narración, de puro cine “neo noir”, iba contándose y complicándose a cada minuto de metraje, bajo los primeros planos de una estupenda Pam Grier. Lo macarra de su puesta en escena se llenaba de detalles: esas posturas chulescas de Michael Keaton, la idiotez de un impagable Robert De Niro y la sacudida feroz de la arrogancia de Samuel L. Jackson (personaje que se repite en varios de sus trabajos). Tarantino había conseguido su obra maestra, a pesar de que el público le pediría más, siempre más. Pero “Jackie Brown” quedará, para la historia del “enfant terrible” del cine de los noventa, como su gran trabajo a revisar. El pie de cámara para una serie de instantáneas donde, nunca mejor que antes y jamás posteriormente, sabría resumir lo mejor de su cine, que no es poco. Homenaje a The Delfonics, a un cine cafre («La loba con la ametralladora» de Sergio Grieco, 1977), que recuperó sabiamente y a un guion que, esta vez, no dejaba sólo opción al chiste fácil, sino a una historia contada de manera perfecta. Otra cosa sería discutir si aquí nos encontramos con la mejor película de su carrera. Para Spike Lee, no lo creo, a juzgar por lo mal que le sentó que Tarantino utilizara, reiteradamente, la palabra “nigger” en la película. Igual, peor le sentaría el nivel al que había llegado el genio del disparo fácil.

2 comentarios en ““Jackie Brown”, de Tarantino, cumple 25 años”

  1. Jackie Brown gana con los «revisionados»; al principio resulta exasperante por la duración e inanidad de algunos diálogos o lo tremendamente estereotipados de algunos personajes (Keaton o DeNiro), pero la construcción de la trama y como se enfoca el principal trapicheo de la peli (al más puro estilo siete samuráis, con narrativas distintas según quién vive la historia) es uno de los puntos fuertes de la película. El tono sosegado tiene que ver con la postura que adopta Jackie, en ella revolotea una reflexión sobre envejecer y pensar sosegadamente tus actos (mientras los demás en la peli van a lo loco). Para los que esperaban otro reservoir fue un zasca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *