Corta aquí, corta allá (II)… El tajo definitivo!

Buenas queridxs lectorxs,

En el capítulo anterior: Nuestro “hermoso” héroe saturado por la pandemia, por los trabajos y la vida moderna se dio al alcohol como si no hubiera fin y se pucho en modo “bicho bola”. En un giro de los acontecimientos, da un paso adelante y decide poner fin a la depravación y autocompasión; contratando a una esbirra para que le meta un láser por la panza.

“¡Juro que nunca volveré a ponerme como Las Grecas! (creyéndoselo por un milisegundo)”.

Y a continuación…

El día L: Me habían dicho que fuera acompañado, así que utilicé el chantaje emocional y vino mi hermana de tierras huertanas para que hiciera de dama de compañía. Además, tenía que ir en ayunas de agua y comida de al menos 8h, por lo que cuando llegué a la clínica (no digo el nombre porque no me han patrocinado NADA) estaba como dicen los ingleses: HAAAAAANGRY (cabreado por hambre). Me hicieron firmar aún más papeles de los que había firmado previamente, entrevista con la enfermera, entrevista con la anestesista y al fin llegó la cirujana (sí hija, el gen Y solo lo portaba yo).

La verdad es que (además de hambriento) me sentía bien porque ya había perdido 3 kilitos y estaba un poco más deshinchado; hasta que esa bella persona además de hacerme fotos (nada sexis ni creativas) sacó el BOLI MORADO y empezó a hacer un collage en mis flotadores.

«Espera que acabo enseguida»

Una vez que se cansó del arte abstracto, me dijo que con la primera cura me daría una tabla , la misma que  recetaba a los deportistas para que el resultado final fuera mejor. Quedaos con este dato para futuro.

Entonces llegó la enfermera, me pasó a una salita y me dio un kit de “vamos a quitarte la poca dignidad que te queda” (que ya te hemos quitado el dinero). El kit llevaba la típica bata azul que se ataba por detrás; los patucos; la redecilla del pelo y ¡¡¡¡UN PUTO TANGA!!!! ¡Un puto tanga de papel azul! ARGGGGGG. No sé vosotros, pero un servidor cree que los tangas son la ropa interior MENOS erótica de la GALAXIA y además, ¡Qué asco que se te meta el hilillo en medio del OJETE! Sí, soy una bestia ¿Y qué? Es mi post y digo lo que quiero.

“¡Vas a quedar moníííísimo!”

Resignado, pasé a quirófano. La operación iba a durar unas 2 horas con anestesia local y sedación. Me pusieron boca abajo y dijeron: “Respira”. A continuación noté un toque y alguien me dijo “Date la vuelta”. Y yo “¿Cuánto tiempo ha pasado?”, me dijeron que 45 min, y a continuación volví a caer roque total. Por dios, ¡qué pedazo de siesta! ¡¡¡¡¡¡¡VIVA EL PROPOFOL!!!!!!!

“Lo que pasó en la operación durante mis ronquidos”

Con la parte delantera estuvieron más rato, y la verdad que los últimos 5 minutos (o eso creo porque iba fino) estuve recuperando la consciencia porque notaba dolor, fue el único momento en el que sentí algo; estaban con la parte de superior de los abdominales y recuerdo quejarme un par de veces. En ese momento me dijeron que habían terminado y que me iban a poner la faja. Para ello me quitaron la poca ropa (incluido el tanga) y me embutieron en una faja corporal con el culo y los huevos al aire. Y para eso yo me pregunto, si todas las presentes en la sala me iban a ver en bolas al final ¿Había necesidad de ponerme un tanga? (como veis no soy nada fan).

Me llevaron a recuperación y la verdad que no sentía nada, recobré rápidamente la consciencia y la amable enfermera me dijo “Ahora deberías comer algo, que has estado en ayunas mucho tiempo. ¿Quieres un boliito de chocholate?” Y claro, yo pensé usando la lógica científica:

“¡HIJADEPUTA! ¿¡¿¡¿¡Me acabo de gastar 2500€ y me das un puto bollo para comer?!?!?!? ¡¿¡¿¡¿Estás loca?!?!?!”

Como soy muy educado le contesté que gracias pero que no tenía hambre. A continuación, me recomendó beber algo de zumo y me enseñó varios bricks que tenía al lado, en una bandeja. Lo sé, yo soy muy especialito con la fruta, casi no me gusta ninguna; pero es que va y empieza, tenemos de:

Uva y piña: ¡ARG! Pera y plátano: ¡ARG!  Melocotón con nosequé: ¡ARG!

“Casi la dejo así por graciosa”

Hasta que llegué al límite de mi paciencia  y le dije “¿Es que no tienes uno normal de naranja!?” Se me quedó mirando como “uy, qué poco original”… Pero bueno, me dio el vasito y me lo bebí.

Durante las entrevistas telefónicas, las de la clínica, etc. me habían dicho que tendría que hacer reposo 48h, pero que podría andar; y también me avisaron de que era normal drenar algo de líquido, que era buen síntoma, porque hace que la inflamación baje rápidamente.

Pues bien, cuando me termino el zumo y voy a empezar a levantarme, me suelta la enfermera. “Pues ahora un mes de reposo tumbado” y yo cortocircuité “¡¡¿Qué?!! ¿Mes? ¿Un mes? ¡¿¡Pero qué dices!?! Si me dijeron dos días y yo mañana tengo 2 tutorías y 3 videoconferencias (de las que una dependía mi futuro profesional de los próximos años) ¿¡¿¡¿¡¡¡pero, quién va a estar un mes tumbado?!!!?!?!?”

Su cara volvió a cambiar y empezó a balbucear “Mmm… Es que, mmmm, es bueno… Intenta estar tumbado o como mucho de pie, no te sientes por el pliegue abdominal…” Y yo ya, con tics nerviosos.

Pues nada, sí, sí, sí, lo que tú diga… Y me levanto. ¿Os acordáis de que era normal drenar algo? Pues yo ya tenía la camilla como si me hubieran hecho una matanza de un cerdo encima… No olvidéis que ya iba con la faja. Esa faja que me indican que NO me puedo quitar durante 96h, ni siquiera ducharme (y que ya iba empapada de fluidos míos). En un momento de cordura, pedí un par de empapadores para tener algo al llegar a casa y que mi cama no pareciera la matanza de Texas.

“Yo sientiendome arte vivo”

Torpe con la faja y ¡sorpresa! que además llevaba una tabla de corchopán metida en la zona abdominal (no me preguntéis en qué momento me la habían puesto porque no me había dado cuenta hasta ese momento) me voy al vestuario, me cambio y salgo con ganas de llegar a mi casa y ¡¡¡¡¡COMEEEEER!!!!.

Dentro del pack contratado, te ofrecían dos viajes con el chofer de la clínica. Yo había elegido que fueran a la vuelta de la clínica y al día siguiente que tocaba revisión y primera cura. Pues mientras esperamos mi hermana y yo al chofer, llega otro cliente que venía de una revisión y dice “¿Tenéis la faja extra como os pedí?” y claro, me entero que no dan la segunda gratis y que vale 100€ (que no te informan de esto en el momento de firmar).

Mi hermana y yo nos miramos, que para eso estamos muy compenetrados, y nos ponemos a buscar fajas de cirugía con el móvil… pues mi gozo en un pozo. En tiendas online no bajaban de 150€, así que ya tenía claro que me iba a tocar soltar más pasta allí.

«Mi cara viendo la que me venía…»

 

Me recetaron un antiinflamatorio y un antibiótico durante 5 días y en el caso de que me doliera paracetamol de 1g. Ya os digo yo que el paracetamol ni me rellena una muela…

#toleranciaaloscalmantes.

Pues nada, nos llevaron a casa, me tumbo un segundo en el sofá (suerte que es de cuero oscuro) y me levanto al segundo para notar que lo he manchado con más de mis fluidos ¡argggggg! Lo limpio, pongo una toalla doblada y al rato nos ponemos a cenar.

«Si solo se drena un poquito…»

Bastante había sufrido por un día, así que poco después dije que me retiraba a mis aposentos con los empapadores bajo el brazo (cual abuelo de 90 años). Los puse, uno encima de otro en mi lado de la cama y cual Nosferatu desconecté hasta el día siguiente sin mover un centímetro de mi cuerpo.

«Recién levantado al día siguiente»

Día L+1: Pues al día siguiente me levanto sintiendo como si llevara el traje de promoción de Carrie, aunque la parte buena era que aún no sentía dolor alguno. Como os dije, tenía diferentes reuniones telemáticas y aquí mi mente pensante, intentado evitar estar sentado en una silla, dispuse una mesita baja para ponerme cual geisha en la ceremonia del té.

Pues ahí estaba yo preparado para comerme el día; de rodillas sobre mis talones y sobre varios cojines (que una no es tonta) y con la cámara estratégicamente puesta para que no pareciera que tuviera la papada de Jabba el Hutt. Las tutorías fueron súper rápidas y tocaba la reunión IMPORTANTE. No, no puse la reunión nada más terminar la cirugía a propósito, me la impusieron, así que tenía que asistir Sí o Sí.

Todo iba muy bien hasta que pasados los primeros 10 minutos se me empezaron a dormir las piernas a partir de la rodilla. A partir de ese momento parecía un barco que escoraba, primero a la izquierda para que recupere la pierna algo de flujo, luego a la derecha, y así durante 35 minutos más. Cuando pensaba que ya iba camino de que me amputaran las piernas, creo que alguien se tuvo que coscar y dijo que mejor parábamos, que yo me quedara trabajando en los documentos que había que preparar (y en mi circulación sanguínea) y que luego los enviara a todo el equipo.

«¡Qué gran idea ponerme en modo japonés!»

El resto del día pasó sin pena ni gloria a partir de ahí. Y ya por la tarde tocó… ¡¡¡¡LA REVISIÓN!!!!

Pues ahí que vamos. Ya a partir de esa hora empezaba a notar algo de dolor, no mucho pero sí molestias. Me pasan con la enfermera, me quito la faja y veo que la tabla de corchopán está de color rojo (imaginad…). La enfermera me dice que si lo tira y yo le digo que sí.

Mari-Consejo: Queridas amigas por vuestro bien futuro, ¡NO LO TIRÉIS!!!! No seáis como yo!. Que se puede pasar un trapito de lejía y tan bien.

Me dice que si estaba interesado en la tabla. Y yo claro, la tabla de ejercicios para los deportistas. Y su cara fue de…

Y no, no era una tabla de ejercicios como yo pensé, era OTRA tabla de corchopán, pero más «moerna», con una zona más rígida por delante, una funda y… solo por el módico precio de 50€!

«Mi cara de nuevo»

En ese momento, además, me entero de que no me han hecho 3 sino 4 agujeros, tenía uno extra en el ombligo. La verdad que no cambiaba mucho la cosa (y más una vez hecho) pero pensaba esto de: «¿Hooooooola? ¿Alguien se ha podido dignar a explicarme bien las cosas?»

Pues nada, me dan una guía de «Cosas que tienes que hacer para cuidarte» (que jamás antes me habían mencionado) en plan de: compra los batidos casa Pepi; el Omega3 casa MariJuani; masajes drenantes; a los 15 días sesiones de radiofrecuencia… $$$$$$$$

Así que con mi guía, mi faja sanguinolienta, mis cuatro agujeros, mi nueva faja, mi chuli-tabla de corchopán y  con el bolsillo aún más vacío, me fui a casa decidido a pasar los 3 días que me quedaban lo antes posible para dejar de ser una CERDA y poder darme una ducha, sin contar el mes que me quedaba con la faja. Eso sí, ya iba siendo hora de tomarme un paracetamol de 1g que ya sí dolía.

¿Queréis saber cómo ha salido todo? ¿Vuelvo a tener cintura de avispa? ¿Soy una sifilítica, digo… sílfide?¡JAJEJIJOJU! Pues os esperáis a la entrega final de: «¡Para lucir hay que sufrir!»

¡Besis!

 


Sobre el autor

MuTarr

Me encanta bañarme en la sangre de mis victimas.