¡Ay Victoria!

Tú que rimaste átame con desparrame. Que te paseaste por Cannes con un kimono con más colores que una edición limitada de unos Ferrero Rocher para un buffet de carnaval. Tú, que ya llevabas unas bragas de oro cuando apareciste en «Robin y Marian». Que fuimos amantes de tu descaro, y tu pasión cuando las …

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