Suspenso en mariconeo III: las cremas lubricantes

 

Pues mira, que a la vista del momento confesiones de mi querido compañero de blog, Ibérico Snob, mis meninges reblandecidas se han puesto en funcionamiento y me han traído cierto recuerdo de mis comienzos en el mundo del manfloritismo.

A diferencia de él, yo pertenezco a otra generación. ¿De la edad de piedra? No, pero casi. De los últimos estertores del chat IRC, y de algo tan novedoso como las páginas de contactos tipo Gaydar o Bearwww. Las protoputiapps. Pero en el ordenador, que estamos en la época del Alcatel One Touch Easy (con su límite de seis SMS almacenados) y el Nokia 3310 (con su serpiente infinita).

Y de serpientes va la cosa. De dónde meterlas. Y que entren bien, que sientan que tu casa es su casa, sin que tengas futuros problemas a la hora de sentarte… NO SÉ SI SE ME ENTIENDE…

Bien.

Nos retrotraemos. Finales de los 90. Cher había resucitado gracias a los maricones (y van…) y el vocoder, Madonna se hacía la mística después de haber paseado el parrús por giras anteriores, Marta Sánchez no era la que tú pensabas, era para ti la desconocida… El que suscribe había roto la puerta del armario (al menos para los amigos), tenía novio y era tan moderno que iba al quiosco de prensa de al lado de la universidad a comprar la Zero, con la cabeza bien alta… Porque it’s ok to be gay, right?

Ella, lectora y cultivada, sabía que para que poder acoger a la serpiente del dueño del Nokia 3310 y que la memoria (ejem) del Alcatel se abriera como Moisés apartó las aguas del Mar Rojo, era necesario la ayuda de la química y la física (luego se demostró que era necesaria la metafísica, la filosofía, la botánica, un poco de veterinaria y zoología, además de un curso de autoayuda, pero esos son otros menesteres); así que, acudió a la farmacia más cercana que tenía en ese momento, a comprar la crema necesaria.

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Ya había tenido una charla con un amigo y me había recomendado, más que la sempiterna KY (en aquel momento, Durex no se había planteado todavía toda su línea de geles y lubricantes), otro producto llamado “Orvan”… Sip, un lubricante vaginal, qué querías en esa época. Lo que viene siendo la abuela del Vaginesil, sí…  Allá que me fui, armándome de valor, a pedir la crema en cuestión… Para acabar entrando en una guerra dialéctica con la farmacéutica:

<<-Hola, quisiera un bote de Orvan, por favor.

-Será Organón.

-No, Orvan.

-No, Organón.

-…>>

En ese momento, ya había dos jubiladas, de las de rosario en mano, esperando a ser atendidas, y los nervios me hicieron decirle que sí, que me diera el Organón ese del capullo, como si me quería dar el órgano mayor de la catedral. Que me diera algo, que me iba.

Pues no sé si pensó que al no gastar yo coño, ni en propiedad ni en usufructo, me venía mejor una crema anestésica para proceder a insertar vías uretrales… Pero eso fue lo que me dio. ¿Resultado? Que ya en los juegos preliminares, el churri perdió la sensibilidad de su miembro viril (tiene nombres mil) y yo la de mi boca, que terminó siendo un cruce entre agujero oral de un muñeco hinchable y un paciente de un dentista, tras extraerles las muelas del juicio.

 

¿Lo de perder el virgo anal? Sucedió más tarde y gracias al lubricante de caballos… Pero esa es otra historia.


Sobre el autor

skyzos

No sabe si coger los hábitos o remangárselos.