Historia de Paul

A veces me pasa que encuentro piezas separadas de varios acontecimientos y que una vez unidas. dan lugar a un argumento. Un argumento que puede ser inventado pero también ha ocurrido de enterarme luego  que fue así en realidad y me maravilla. Explicado con estas palabras, comprendo que es difícil de captar la idea, pero como recientemente me ha ocurrido algo que lo ilustra, es posible que se entienda mejor. Claro que puedes creer que lo que cuento es cierto o me lo estoy inventado, pero en serio…¿Qué más da? No es eso lo importante. Lo importante es la historia que te voy a contar.

A Paul lo conocí hace unos seis años. A ver: conocer, lo que se dice conocer, pues no. Más bien lo descubrí en una web porno de no profesionales. Una página donde son los propios usuarios los que mandan vídeos hechos en casa y tienen sus propias categorías y hacen sus grupos, sus fetichismos, sus guarradas. Dentro del contenido de la web, un número bastante elevado lo componen vídeos de tan mala calidad que ni merecen la paja. Iluminaciones como de forzar una confesión en comisaría, mucho plano desenfocado y borroso, protagonistas con menos sex apple que un cenicero, polvos que se graban mientras la vecina grita por el patio de luces, un tío dandose una paja y su lindo gatito, harto de tanta guarrería, le mete un arañazo que lo deja descompuesto…Pero va el tío y aún así, sube el video (lo han visto estos ojitos). En fin, que reconozco que llevo años entrando pero muchas veces es más por las risas que por el morbo. En esta web es donde conocí a Paul, que el tío quería ser actor y director de sus propias películas guarras y esos vídeos eran como un ejercicio de prácticas. Reconozco que no me quedé con su nombre por su estilo, ni por su arte a la hora del encuadre ni por su guapura sin igual. El tío es resultón con aire de chuleta pero sin avasallar. Un chulo simpático con mucho morbo, vaya. Tiene un cuerpo que está muy bien, pero sin exceso de músculos y no está depilado, aunque tampoco es que lo necesite porque tiene el pelo justito en las piernas y en el pecho. Su polla directamente es de sobresaliente. No tanto por grande (que también) si no por bonita, perfecta, de foto de portada del manual de las pollas más bonitas del mundo. Si me quedé con su cara y con su nombre es porque tiene una cantidad importante de vídeos subidos, pero sobre todo, porque lo que me da él, no me lo da nadie. A ver cómo lo explico…Sus encuadres, la conciencia del morbo que desprende porque todo en él es sexualidad, su nula vergüenza para rodarse haciendo cosas de lo más íntimas. Pero sobre todo, me fascina su manera de mirar a la cámara, como si el tío con el que folla no le importara. Lo que le importa eres tú, que lo miras desde el ordenador de tu casa. En realidad tampoco esto es ajustado, porque el único que le importa es él mismo, que se mira en la pantalla en directo mientras folla y luego ese es el vídeo que sube a la web.

Yo esas cosas de egocentrimo y falocentrismo me las trago (valga la rebuznancia) porque el porno es como la imaginación y sirve para evadirse, así que es posible que en directo el tío no me pusiera nada, pero si hablamos de porno amateur, para mí es el rey. Un día, en esa misma página web, descubrí el primer vídeo que subió de hace seis años, el único donde lo he escuchado hablar (una voz profunda y grave de lo más sensual). He de aclarar que el orden de los vídeos en la web no es cronológico y como el mismo Paul ha cambiado varias veces de cuenta, puedes encontrarte un vídeo suyo de ayer mismo y otro de hace cinco años, más jovencito. En ese primer vídeo, hacía algo que me dejó estupefacto; reconocía que era adicto a follar con una cámara y de hecho era incapaz de excitarse si no había pulsado al REC antes. Contaba que al principio se preocupó y visitó a varios psiquiatras, pero cuando vio el éxito que tenían sus vídeos, se dio cuenta de que podía ganarse la vida con una filia con la que no hacía daño a nadie. Por eso se creó una cuenta. Mal olfato no tuvo, porque como yo, hay unos cientos de miles de personas en el mundo que somos fans. Fans de un tío que por el acento y por el entorno que retrata, rural y pueblerino, debe ser aún más trasgresor de lo que aparenta. Porque aparte de todos los rincones de su casa, también tiene vídeos en el exterior, por ejemplo en medio de la campiña y ya me imagino a los vecinos flipando cada vez que se lo encuentren espatarragao por esos prados y jardines.

Pasa que al principio me encontraba sus vídeos por casualidad, pero como tenía tantos, era fácil que ocurriera. Y al final, me quedé con su cara y con las etiquetas que ponía y aunque cambiara de cuenta, lo he llegado a seguir fielmente hasta hace dos años, que dejó de subir vídeos. Desapareció. Cuando ocurren estas cosas lo normal es que el usuario desactive su cuenta y desaparecen todos sus cortos, pero en este caso no fue lo que sucedió. La cuenta ha seguido activa aunque sin actualizar. Hasta hace un mes. Con esto del confinamiento y tanto tiempo libre, un día me acorde de él y me puse a buscarlo y mi sorpresa fue saber que había regresado tras dos años sin señales de semen ni saliva, dos cosas a las que es muy aficionado. Efectivamente, tenía un buen ramillete de nuevos vídeos, todos en solitario y con un cambio sutil, puede que imperceptible para alguien que no lo conozca, pero para mí no, que ya soy viejo conocido y a veces tengo la impresión de que hasta lo conozco más que a algunos amigos cercanos. Está triste. Paul ha perdido el aire vanidoso y autosuficiente de «soy tan sexual que mientras me follo a un tío, me sobra sexo para que me veas tú». Son vídeos rutinarios, escasea el morbo y él parece desganado, además de que los años comienzan a pasarle factura con unos kilos de más. Los cortos ya no tienen el aire real que antes los hacía pecaminosos e irresistibles, y en sus ojos hay una sombra, una luz que se ha apagado.

Con todo este tiempo libre, me dio la curiosidad de qué había pasado de dos años a esta parte y me puse a investigar en ese Gran Hermano que es Internet y Google su Gestapo. Atando pistas, nombres y carteles a lo largo de los vídeos, di con el nombre real del protagonista de mis desvelos eróticos, el pueblo donde vive y descubrí, oh , sorpresa, que además es escritor y tiene ya tres libros publicados. También es fotógrafo artístico con varias exposiciones en su haber y varias páginas en internet que muestran sus obras.

Vamos, que el macho castigador de la cámara en mano, también era alguien medianamente culto e intelectual. Un poco ya lo intuía porque muchos de sus vídeis tienen música clásica de banda sonora, nada obvia y con muy buen gusto. Pero lo más interesante, es que en la página web de videos caseros, descubrí que metiendo determinados parámetros en el buscador podía clasificar los vídeos en orden cronológico .Para ello tenía que identificar las cinco o seis cuentas que se fue abriendo al cabo de los años. No fue fácil porque estuve casi dos días, que si me pagaran por el tiempo que pierdo en gilipolleces, sería millonario. Por fin, tras muchas horas de arduo trabajo, conseguí ordenar sus doscientos treinta y dos vídeos del más antiguo al más reciente, de hace apenas dos semanas…¿Qué buscaba? No sé, tal vez una línea de hechos que me diera un argumento y como contaba arriba, una historia que con fragfmentos sueltos se pudiera hilar . Eso explicaría qué le había pasado a mi principe triste de la boca de fresa.

Y el caso es que la encontré.

El vídeo que inaugura su historial, ya lo describía más arriba y era donde narraba su reconocida adicción al sexo con una cámara en mano. Los siguientes vídeos de toda la primera época son en solitario, Masturbaciones con mucho de chuparse los dedos y poner la cámara en sitios que dan una perspectiva morbosa y sucia en el sentido más sexual de la palabra. Él está guapo a rabiar y siempre sonríe con un punto chuleta de alguien que consigue lo que se propone. Algo bastante evidente porque su nivel de vida es medio alto y su casa está llena de detalles caros. Yo  casi me la conozco entera, como se puede suponer.

 Un año y pico más tarde, comienzan los vídeos acompañado. Elegía siempre a un determinado  típo de tío en particular y me temo que no estoy entre sus preferencias, que tampoco es que me hubiera hecho ilusiones. Entre dieciocho y veinticinco años, rapadete, fibrado, estética skin o hiphopera y con debilidad por la inmigración norteafricana de segunda o tercera generación. Juraría que ninguno es profesional pero desde luego parecen sentirse igual de cómodos que él siendo grabados en vídeos que pueden durar horas. Paul es mucho de recrearse y de dar tiempo, nada de ñaca ñaca, cabezazos contra la pared y la velocidad de un conejo. Nunca es agresivo ni brusco y sabe ser machote sin incordiar. Lo más chocante de los vídeos de esa etapa ultrapromiscua (no repite con ninguno) es el  punto de frialdad tecnológica, porque para Paul es más importante la cámara que su compañero de cama. El morbo no es follar, es rodarlo en vídeo. Además siente especial gusto por los muy pasivos a los que luego le encanta volverlos activos y rodarlos así, aunque en la mayoría es él quién folla y se deja chupar. Lo que hace distintos a los vídeos de Paul son los detalles, la capacidad que tiene la cámara para hacerte sentir que estás allí con ellos y todo adquiere un punto voyeur excitante y libidinoso. Esa segunda temporada le duró unos tres años porque de pronto, abandona el putiferio y los vídeos son siempre con el mismo tío, con pinta de descendiente de argelinos o marroquíes y cuya cara me sonaba muchísimo. Vuelvo al portafolio en el que Paul muestra su obra fotográfica y allí está el chaval en cien mil retratos, desnudo, vestido, posando, natural., fuera o dentro de la casa. Muy morboso, fotogénico y en apariencia cae bien.

Los vídeos con él son distintos porque no hay duda de que están enamorados, que a mí no me engañan, que yo sé distinguir esas cosas. Hay polvos superguarros y pringosos y sin embargo provoca hasta ternura verlos mirarse con los ojos de un reo que va al caldalso. De hecho son los vídeos que más nivel pornográfico tienen y en los que se rebasan más límites de «cosas que yo nunca haría» y a mí no me excitan nada. Lo que me provocan no tiene nada que ver con la polla y sí con el corazón. Hay momentos nunca vistos en la filmografía de Paul que incluyen desayunos, el chico tocando el piano o un paseo que no acaba en porno. Ocurre en muchos de esos vídeos que acaban el polvo y siguen en el sofá, hablando de sus cosas aunque no se les oye. Y se ríen, se rién mucho. Y sonrien siempre a la cámara con la impresión que dan ambos de haber encontrado la horma de su zapato sexual. Porque encontrar a alguien de que te puedas enamorar y a la vez que tenga tu misma parafilia, no debe ser nada fácil. Debe ser por eso que a Paul se le ve muy feliz pero además sorprendido, como si no lo esperara. Y por primera vez, da la impresión de que le importa menos la cámara que su compañero. Es evidente cuando con cuidado y ternura, en medio de una mamada, le arregla el pelo. En todo el año y medio que duró esta época, hay una sensación de que comparten su intimidad más allá del sexo que a mí a veces me ha hecho sentir incómodo de mirarlos, con ganas de decirles «Os dejo a solas para que hagáis vuestras cosillas». Además se trataban con un cariño y un cuidado que sorprende en vídeos pretendidamente guarros. El caso es que es justo un año y medio después cuando se acaban los cortos.

Como decía, hace un mes mi querido y admirado Paul volvió al arte de los vídeos que tan bien se le da. Pero en esta última etapa, en la que ya hay diez vídeos nuevos (lo ha pillado con ganas) vuelve a estar siempre a solas y su cara ha perdido el morbo chuleta. No lo conozco pero juraría que está deprimido. Buscando la respuesta a su penar, repaso los vídeos previos y los posteriores a su desaparición con atención detectivesca. El tercer vídeo de la última etapa es un  recopilatorio, modo de presentar sus cortos al que es muy aficionado. De hecho da la impresión de que quiere hacer videoarte con el porno y se nota edición y trabajo detrás. Suelen ser vídeos con imágenes y escenas inconexas, que se suceden en un montaje atropellado, donde abundan primeros planos de su polla y de su cara en pleno orgasmo, pero también momentos cotidianos donde pasea por la ciudad o conversa con el carnicero . El efecto es perturbador, inquietante y como suele suceder con la mayoría de sus vídeos, no puedes dejar de mirar. Pero en ese tercer vídeo, había un detalle que pasé por alto la primera vez que le eché un vistazo, aunque lo más seguro es que ignorara ese momento en concreto, porque me aburre su cotidianeidad. En el minuto 5:37 exactamente, Paul se rueda con un ramo de flores en una gran ciudad, buscando una estación de metro. Baja las escaleras, aparece en la estación y entonces ocurre lo inesperado. Tira el ramo de flores a las vias y llora. No es un llanto dramático, ni escandaloso. Lo hace sin ninguna expresión pero lo cierto es que sus lágrimas se hacen un río. La escena apenas dura 40 segundos, pero me dejó impactado. Tuve una intuición y volví a su portafolio de fotógrafo, a ver si en alguna foto encontraba datos del que yo creía novio y…¡Voilá! Una foto del chico se títula con su nombre, pongamos Abdalá. Y en otra, la foto se titula con su apellido.

Entonces compruebo la ciudad donde se grabó el vídeo del metro, me meto en las páginas de sucesos de la prensa local con el nombre del chico, con las fechas alrededor de la desaparición y en media hora, encontré la noticia con este titulo: 

«Joven muere tras caer a las vías. El vídeo grabado por las cámaras de la estación muestra a dos desconocidos encapuchados que lo empujaron del andén»

No me podía creer lo que leía. Estuve muy tocado una tarde entera y con ganas de llorar. Tampoco me creía como me afectó la noticia, porque después de todo no conozco a ninguno de los dos, que a mí que más me dará lo que les haya pasado. Y puede que esta historia incluso no exista, que por el orden de los vídeos me haya inventado una tragedia que nunca fue, porque en la noticia ni se habla de Paul ni dan datos de su vida personal. La policía no parecia cerca de encontrar a los culpables y de hecho, tras esa noticia no hay otra referencia donde apareciera  el nombre de Abdalá .

Ojalá pudiera sacar alguna conclusión al respecto, pero no se si detrás de la historia de Paul hay moraleja. He de reconocer que he borrado su cuenta de favoritos y eliminado los vídeos que un día me descargué. Ya no me produce morbo ni tensión sexual. Cada vez que veo un fotograma suyo, se me encoge el pecho. Me imagino a Paul mirando las imágenes del metro en comisaría y por primera vez, sin querer mirar. Me imagino las noches eternas del que fue castigador y ahora está derrotado, porque parecía que le daba todo igual y resulta que no, que detrás del porno había sentimientos (Capitán Obvio, me llaman). Me da rabia porque me he quedado sin uno de mis filones porno más socorridos y ahora ya no veo excitación si no romanticismo enfermizo. Sospecho alguna agresión homófoba o racista y me llevan los demonios. Me asombra que sin buscarlo, haya encontrado detrás del porno una historia de amor que acabó de manera trágica y eso la hará perdurable en el tiempo, al menos es lo que he intentado al escribirla. Pero sobre todo, juraría que Paul ni es consciente de  que una vez vivió una historia de amor plena en la que más allá de la cámara, pudo ser feliz. Y de rebote a mi tambien me ha hecho un poco feliz dentro de una gran tristeza. Aunque no voy a acabar diciendo que me encantaría conocerle y darle un abrazo que lo reconfortara, porque estoy seguro de que me diría:

«Déjate de gilipolleces y chúpame la polla»

 


Sobre el autor

MM

Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente.