Fallece Carmen de Mairena: hasta siempre, flor pisoteada de El Raval

Es muy difícil referirse a una persona como la que nos acaba de abandonar. Calificarla ya es un reto imposible. Además ¿quién soy yo para hacer tal cosa? Odio poner etiquetas aunque sea casi obligado en estos días donde todo tiene la suya. Así que voy a tratar de hacer un retrato de esta figura evitando el encasillamiento.

 

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Una publicación compartida de CARMEN DE MAIRENA (@carmendemairena_oficial) el 22 Mar, 2020 a las 12:32 PDT

La primera vez que supe de su existencia fue a finales de los años 80’s del pasado siglo mientras paseaba por el Carrer del Arc del Teatre que comunica La Rambla con El Paralel cruzando El Raval a través de una falsa arcada lateral del Liceu. Barcelona estaba en plena efervescencia ante la Olimpiada y había obras por todos lados (el Raval seguía oliendo igual, eso sí) Me acompañaban un par de amigos de Madrid y vimos un cartel en la puerta de uno de los bares de esa calle con su cara y su nombre. Fue como el fogonazo de un flash ¿Cómo era posible tal mezcla de colores y formas?

Evidentemente tuve que ir al lugar que anunciaba el cartel llevando casi a la fuerza a mis amigos. Aquella noche conocimos el El Cangrejo y pudimos ver en directo a la mismísima Carmen de Mairena.  Mis amigos, entre horrorizados e hipnotizados, no paraban de decir «no te sientes ahí… No te arrimes a esa pared… Yo aquí no toco nada…»  Quedé fascinado por el personaje, no sabría decir por qué.  Más adelante viví en primera persona algunas anécdotas descacharrantes con ella.  Le gustaba sentarse a tomar algo con las amigas en la terraza que había al final de La Rambla, junto al Museo de Cera: un cuadro tan multicolor que Warhol hubiese tirado sus policromías a la basura de haber visto aquello.  Total, que otros amigos iban de vez en cuando a «tirarle de la lengua»  Me explico. Cuando pasaban por allí y veían a Carmen, se acercaban y le soltaban alguna puya tipo «Anda, Carmen, qué gorda te has puesto» solo para que la otra entrase al trapo.  Y vaya si entraba: lo que soltaba la De Mairena por esa boca no me atrevo a escribirlo aquí.  Pero luego todo quedaba en unas risas con ella (no de ella) y alguna vez llegamos a tomar algo juntos entre grandes risas. Lo que salía de la lengua de aquellas señoras daría para varias antologías del disparate.

Pero vamos a centrar el foco. Nació en los idus de marzo de 1933. Unas fuentes cuentan que en el barrio de Sarrià, pero por su boca decía que en Gràcia, Barcelona en cualquier caso. En la pila le pusieron Miguel y sus apellidos vienen de un aragonés y una catalana: Brau Gou.

Contaba que en su casa tenían un corral con animales y un huerto donde se encargaba de ordeñar a las cabras y vender la leche. Luego, como casi todo niño de posguerra de familia humilde, comenzó a trabajar con apenas 12 años como chico de los recados en varios negocios de la barriada y ya iba apuntando maneras cantando y bailando para regocijo de clientes y vecinos. Una productora cinematográfica del momento se fijó en Miguel y no dudaron en contratarlo como extra para distintas filmaciones cobrando un buen dinero para aquellos tiempos: 700 pesetas por película era un capital a finales de los grises años cuarenta.

Su carrera comenzó cantando en cuadros flamencos para luego ir en solitario por teatros y cabarets de Barcelona bajo el nombre artístico de Miguel de Mairena. Corrían los años cincuenta y la vida de los artistas no era fácil, sobre todo si se dedicaban a este tipo de espectáculo. En ese tiempo mantuvo una relación nada oculta con Pedrito Rico, un afamado artista de la época. Todo esto tuvo como consecuencia una sucesión de problemas con la justicia y la tristemente famosa ley de vagos y maleantes, llegando a ser encarcelado en La Modelo hasta en diez ocasiones por homosexual. No se trató solo de la privación de libertad, sino que sufrió numerosas palizas a manos de la policía hasta el punto de provocarle lesiones que le tuvieron apartado de los escenarios varias veces.

En aquellos tiempos se codeó con varios artistas bastante célebres como Tomás de Antequera, Maruja Díaz, Antonio Amaya, Paca Rico, Miguel de los Reyes, Carmen Sevilla, Rafael Conde, Mikaela, etc. su carrera transcurría como la de tantos copleros del momento: de bolo en bolo por tablaos y cabarets.

Ya entrados la década de los setenta, Miguel decidió transfigurarse en Carmen y emprendió un proceso terrible que pasó por «tratamientos» como inyecciones de silicona líquida en pechos, caderas e incluso labios, hormonas de dudosa calidad y otras cosas que le acarrearon todo tipo de problemas. El motivo de este viaje no está claro pues ni la propia protagonista lo esclarece: en unas ocasiones dice que fue por amor a una pareja que se lo pidió y en otras que lo hizo por simple afán artístico. Así las cosas, apareció Carmen de Mairena y proyectó su imagen en torno a Maruja Díaz y Sara Montiel.  El caso es que los resultados no fueron los esperados y terminó como tantos otros transexuales: ejerciendo la prostitución para complementar lo que obtenía haciendo bolos por los sórdidos tugurios de transformistas.

La “fama” le vino en los noventa del siglo pasado, y lo entrecomillo porque lo que ella obtuvo quizás fuera otra cosa.  Cierto “profesional” de la TV de finales del pasado siglo se dedicó a buscar personajes de lugares deprimidos para sacarlos en antena fuera de sus contextos y mostrar sus miserias ante la audiencia, que no era precisamente pequeña. Entre todos ellos estuvo nuestra protagonista. Para una persona en sus circunstancias, según contaba ella misma, fue una especie de golpe de fortuna ya que supuso una fuente de ingresos de cierta importancia que no esperaba, aparte de la mencionada “celebridad”. De repente la De Mairena estaba en programas de gran audiencia aunque fuese para ser víctima de un trato deplorable y objeto de bromas de pésimo gusto.

Se dejó llevar por la vorágine de la popularidad grosera, volvió a hacer cine participando en varios proyectos como Semos Peligrosos – Makinavaja, Todo lo Sólido, FBI Frikis Buscan Incordiar (donde el trato que le dispensan raya la crueldad) o Torrente 4. Además protagonizó tres filmes pornográficos. Ella: que ya tenía edad de sobra para jubilarse.

Todo esto le reportó el calificativo de Friki de la Televisión que ella detestaba pero asumió con la resignación de quien no tiene alternativa. Esto no quita para que tuviese momentos gloriosos como sus encuentros con nuestra queridísima Cristina La Veneno.

Pero no solo tuvo problemas con la justicia durante la represión franquista, en 2006 y 2008 se vio envuelta en unas operaciones policiales contra la prostitución en su barrio. La detuvieron y acusaron de proxenetismo y no sé cuántas cosas más,  pero de todas salió libre de cargos al quedar probada su inocencia, y es que Carmen acogía en su humildísima casa a transexuales desamparadas y se dedicaba a repartir preservativos para evitar lo que todos sabemos.

Continuó participando en programas de televisión donde ya se le iba tratando con algo más de respeto, son memorables sus actuaciones en El Intermedio de El Gran Wyoming parodiando al dictador o aquel Corazón de Navidad ¿Cómo olvidar sus muchísimas frases lapidarias? También participó en varios Sálvame de esos tan edificantes y la revista Zero (cuando era una revista de prestigio y en formato físico) le dedicó alguna fotografía bastante digna, la verdad.

En 2010 dió otra vuelta de tuerca y se presentó a las elecciones al Parlamento de Cataluña por Barcelona como número dos de la Coordinadora Reusenca Independient -CORI- prometiendo follódromos y cosas parecidas. A pesar de no obtener representación parlamentaria, su formación consiguió más votos que UPyD entre otros partidos diagamos serios.

En 2015 realizó una de sus últimas apariciones en televisión de la mano de Toni Rovira, ya se la veía bastante apagada, y es que había cumplido 82 años.

Fue a lo largo de ese año 2015 cuando la ilustradora Carlota Juncosa estuvo visitando a Carmen con el fin de tomar notas para escribir sus memorias. En 2017 apareció la publicación ilustrada pero de memorias tenía siete páginas mal contadas. El resto son entradas en primera persona sobre las experiencias de la escritora durante sus encuentros con la pobre Carmen, de quien dice cosas como que “huele fuerte”, “su casa está sucia” o “se le cae la baba” entre otras perlas.  Señora: eso que usted ha escrito no es una biografía y para baba (mala) toda la que usted destila en esas líneas. Hace falta ser muy  desalmada y tener poquísima vergüenza para tratar de ese modo a una persona que nunca hizo daño a nadie y más en semejante situación. Es que no añadiré una sola palabra más sobre tal publicación.

A mediados de 2016 su estado de salud empeoró y se vio postrada en una silla de ruedas.  La familia decidió su ingreso en un geriátrico de Barcelona, momento aprovechado por gente ruin para apoderarse de su casa y tirar toda una vida de objetos y recuerdos a la basura. Menos mal que hubo alguien que recogió y guardó aquellas maltrechas pertenencias para, en algún momento, hacer algo en condiciones que le devuelva a Carmen la dignidad que le ha sido negada sistemáticamente.

Carmen ha fallecido hace apenas unas horas. Acababa de cumplir 87 años y, como se dice vulgarmente, andaba más p’allá que p’acá pues sus facultades estaban muy mermadas.  No han trascendido las causas pero todo apunta al maldito virus que nos está haciendo polvo. Espero de corazón que la hayan tratado bien en esta última etapa ya que la vida no ha hecho precisamente nada de eso.

Carmen: siempre serás esa que pone la cosa tiesa, elegante por detrás y por delante


Sobre el autor

DMalignus

No te pases de Lista, que te vas a Diego de León......