Conversaciones nocturnas con Dios Vol. 2:

Dios

– ¡Ts ts! ¡Oye! ¿Estás on line?

– ¿Tú te crees que esa es manera de llamar a Dios?

– Perdona, es que no quería molestarte increpándote con un ‘Holiiii!!’

– Ya verás que al final lo ahogo con el resto…

– ¿Qué?

– Que te voy a acunar en un cesto, dulzura. Qué quieres hijo mío.

– La verdad es que nada en concreto, es que entre que me dijiste que tenías poco trabajo y yo andaba con dudas existenciales, digo, lo mismo le apetece charlar un poco.

– Pues hombre con la que me tenéis liada abajo, estoy llenando la agenda.

– Nada, un diluvito y ahorras papel.

– A ver… qué dudas existenciales tienes…

– Pues mira, sabes quién es la Thunberg?

– Si, la niña MK Ultra

– La misma, pues ¿qué te parece?

– Pues… me da penita, los padres sin embargo les daba con la mano abierta.

– Entonces, tú que estás ahí arriba, ¿hay o no hay calentamiento global?

– ¡¡¡El de mis huevos!!! Que me los tenéis ardiendo de mala hostia que voy a bajar a liar una que ni Sodoma y Gomorra.

– Bueno bueno, no te pongas así… O sea que… ¿el calentamiento es tu hinchazón de huevos?

– Exacto, y os voy a freír a todos a rayos.

– Pues a ver ahora cómo rebato yo esto con mis amiguis…

– Amiguis… si es que me habláis como los flojeras, cómo no va a ir mal ahí abajo!!!

– Bueno, bueno, sin gritar eh? Que soy muy sensible… Entonces, para acabar con el calentamiento hueval tendrás que hacerte un pajote no? ¡¡La inundación va a ser lecheril!! ¡Bieeeeeen!

– La madre que parió a la bujarra esta…

– ¿Qué?

– Que no me seas bandarra, y separes los condones usados del plástico, guarrilla.

– Joé, pero si luego ni separan ni na’

-Bueno, tú por si acaso, los condones al orgánico, que luego cae en algún abono y te nace un hijo árbol.

– ¿Cómo los de ‘El señor de los anillos’?

– Igual. Pero más blanquitos.

– ¿Por la leche?

– Sí, la que te voy a dar…

– Oye, ¿pero vas a hacer algo con la Thunberg o no? Es que está sufriendo mucho, yo creo que hay que sacrificarla.

– Sí, pero si me la cargo ahora la santifico y se fortalece la religión ecológica y la hemos liado, va a caer por su propio peso.

– ¿Por qué? ¿Va a engordar?

– Qué guantá tienes…

– ¿Qué he dicho? Dices que se va a caer por, y la niña parece que pasa hambre, no tiene ni tetas aún.

– Sí hijo sí… por gorda se caerá, y por estúpidos os extinguiréis.

– Pero eso es un largo sufrimiento, va, legaliza la eutanasia celestial.

– La que os va a caer es fina…

– Les va, leeeeees va, ¿te acuerdas de nuestro pacto?

– Maldita la hora, al menos Enoc era callado y se pasaba el día escribiendo cosas en su libro, tú me vas a dar una turra… te voy a enviar al Inframundo a que conozcas a mi hermano, que es muy majo.

– ¿Ah sí? ¿Es el que trabaja metiéndole piñas por el culo a Hitler?

– El mismo.

– Pues cuando quieras, creo que nos llevaremos bien.

– Seguro, ahí abajo hay mucho vicio, vas a disfrutar.

– Wiiiiiiiiii. No me mires así, es sonidito de unicornio feliz.

– Por Dios, o sea por mí, qué paciencia con estos millennials de los cojones!


Sobre el autor

Hereje

Bailarín entre letras