La redención de Hugh Grant (y de Stephen Frears)

Las series, además de otras cosas, también están sirviendo para dar una nueva oportunidad a estrellas en horas bajas. La televisión brinda una nueva vida de esplendor si se sabe aprovechar bien, claro, que no siempre ocurre. Porque a ti te haría gracia Wynona Ryder en Stranger Things, pero yo no dejé de flipar con que alguien tan pequeño sea capaz de hacer tantos tics a la vez. Un prodigio…Un prodigio de la sobreactuación, quiero decir.

Hugh Grant, sin embargo, ha sido muy listo para escoger un papel como el de “A Very English Scandal“. Una miniserie de sólo tres capítulos que narra el caso real de un diputado liberal inglés que pretende asesinar a su amante, un chaval que parece tonto pero no lo es tanto, ni mucho menos. Yo del bueno de Hugh no recuerdo cuando fue su último papel reseñable o importante…¿Hace quince años? ¿Veinte? Lo curioso (y lo valiente, hay que reconocerlo) es que para redimirse escoja un argumento taaaaan parecido y con la misma repercusión del escándalo que sufrió él al ser pillado in fraganti mamading con una prostituta que se hizo toda una celebridad.

El riesgo además es mucho mayor porque  Jeremy Thorpe, el personaje que interpreta es real, muchos ingleses lo conocen y saben de él (murió hace unos pocos años). Y encima, era un personaje de lo más antipático y desabrido. Pues bien, el trabajo actoral de Hugh es tan increíble, tan apoteósico y tan apabullante que dan ganas de pasarse toda la serie de pie aplaudiendo y gritando viva y bravo. Ni una prótesis ha necesitado y el parecido asusta…A ver si eres capaz de distinguirlos en un primer vistazo:

Son los tics, es la voz, es el porte, es la compostura y es la fealdad que Hugh no esconde. Ni la vejez. Sé que puede parecer frívolo lo que digo, pero soy consciente ( y hay que valorarlo) que hay primeros planos del actor tan destructivos y salvajes que mira, olé por él que ha puesto por delante el trabajo actoral antes que la apariencia física. En cinco segundo te olvidas del actor y ya sólo ves al personaje, un mezquino y mediocre ser que usa a la gente a su antojo y por no hacerle frente a sus actos es capaz de llevar a todos los de alrededor al desastre. Pero el arte es grande si ser capaz de eludir lo maniqueo y en los diez minutos finales de la serie, ocurre; cuando el abogado pregunta “¿Por qué se enamoró de él?” y Hugh responde. Dan ganas de ponerse de rodillas porque entonces lo entendemos todo y copón, que triste y qué terrible todo.

No quiero olvidarme del coprotagonista, un Ben Whishaw ( la foto de arriba) en estado de gracia, con un papel que tampoco es fácil, lleno de pluma , fragilidad e inteligencia caótica. Un verdadero de bombón que el actor ha sabido sacar victorioso. Y por supuesto, tampoco me voy a olvidar del director Stephen Frears, un tanto perdido últimamente y que aporta una mirada salvaje y despiadada sobre la sociedad inglesa, ideal para esta farsa que ocurrió de verdad y que a veces tiene ecos de un Fargo inglés, porque los protagonistas no pueden ser más inútiles y patéticos. Y todo sin renunciar a una mirada sarcástica que te provocará más de una risa (por no llorar). En definitiva; una serie imprescindible para comprender que la represión homosexual, produce monstruos.

 

 


Sobre el autor

MM

Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente.