El alienista, el detective más vergonzoso

Netflix y su turbadora túrmix de novedades acaba de estrenar, no sin poco éxito, la serie norteamericana “El alienista“.  En una ciudad de Nueva York (allá por 1896), y cuando la ciencia forense aún no existía, se producen una serie de asesinatos a niños, cuyo “modus operandi”  es algo así como darles un chupa-chups  kojak y antes de que lleguen al chicle descuartizarlos como no pueda caber en la mente de una persona mínimamente decente. La violencia, tal cual, es directa y evidente, a lo cual ayuda ese ambiente de una ciudad sucia, sombría y suburbial.

La serie se apunta un valioso tanto a la hora de asentar una moda acerca de los moldes detectivescos, con pareja en la parte central; así como enredar la trama con varias historias de amor, para dar más empaque al conjunto. Y lo consigue. Nada parece impostado, aunque las maneras ya las conozcamos de verlas muchas veces antes.

 

A este comedido Sherlock Holmes, esta vez con la novedad de verse protegido por un ayudante con mucho más atractivo que él, se le añade el hecho de que tiene un defecto físico, lo cual le hace distanciarse de un detective menos infalible y, si cabe, con mayor valor a la hora de que el público nos veamos identificados con un personaje más cercano, más humano y (por lo tanto) más inseguro. Daniel Brühl, y su cara de no haber roto un plato, realiza su papel con notable y mesurada actuación, a pesar de que en ocasiones echemos de menos una vena más visceral. Su personaje, que representa a una persona que se dedicaba a estudiar las patologías mentales, de los antes llamados “alienados”, se hace más próximo a nosotros cuanto más débil le vemos vencido.

Es una serie que juega en la liga de sumar y seguir una propuesta eficaz de enganchar una intriga hasta el final de su temporada. Con su atmósfera febril, irradia ese suspense de no saber qué clase de mente criminal haría unos asesinatos de esa magnitud, y te mantiene atento, inteligentemente, hasta el último minuto de su temporada.

El alienista” es una buena serie. Sin grandes pretensiones de arriesgar; más bien ninguna, sino de recrearse en cada episodio con unas buenas interpretaciones. Las reglas de su esquema narrativo es clásico. La presentación de sus personajes es clara y sencilla. Y los escenarios, aunque a veces parezcan de cartón-piedra, se perdonan por ese afán de inventar un mundo agobiante. Es una serie recomendable y lo mejor para verse seducido desde el principio hasta el final. Ni más ni menos. Cumple su cometido con crédito.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.