El peor polvo de tu vida

En la redacción hemos hecho terapia de grupo para que el trauma de haber echado el peor polvo del mundo no nos deje huella mala y aquí se lo vamos a contar. Pero lo haremos jugando…¿Son ustedes capaces de reconocer a qué redactora pertenece cada relato ? Y no sólo eso, además les pedimos su voto…¿Cual de todos los malos polvos sería el peor? Y ya si nos cuentan el suyo, miel sobre ojetes.

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“Lo reconozco. Me gustan los rabos grandes. A todos nos gustan. El caso es que mi peor polvo no fue uno sino una serie de muchos con un novio que tuve en la época de la universidad. Lo tenía todo, era guapo, era rubio, tenía piso cuando yo todavía vivía con mis padres, y además tenía un pollón descomunal. Tan descomunal que era inmanejable. Al principio, con la novedad y con la querencia al tamaño XXXL pues te lo pasas bien, pero al tercer o cuarto polvo aquello no había manera de gestionarlo. Además parecía que, con el agolpamiento de la sangre en salva sea la parte pues el resto del cuerpo no respondía. Así que mis peores polvos fueron con un tío con el rabo más grande que haya visto nunca, pero que se movía menos que la momia de Nefertiti.”

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 Todos sabemos que cuando follas con extraños siempre hay un riesgo, a veces grande… Por lo general siempre he tenido más o menos suerte, los tarados no entraban en mis papeletas, pero una vez conocí a uno de ellos en uno de esos chats que apenas te ves en una foto, aunque claro la locura va por dentro. En principio parecía todo normal, solamente un poco delgaducho para mi, empezó a pedirme que le dijera cosas pero yo a lo mío, aunque la cosa se complico cuando en plena penetración empezó a preguntarme que si yo sabía lo que era la enfermedad y que si no desde ese momento iba a saber lo que era porque iba a contagiarme el SIDA, que  me lo transmitiría si o si. Yo siempre he usado condón y le quite importancia, le saque de dentro de mi sin demasiada brusquedad y le invité a que saliera de mi cama, afortunadamente su violencia era solo verbal. No paso nada, pero en aquella época, hace ya bastantes años ya de esto, la información en cuanto a la enfermedad era bastante más escasa que en la actualidad, y el maldito polvo me acompaño durante casi un mes, con la cara del sujeto grabada en mi mente, hasta que me pude hacer las pruebas y confirmar la ausencia del virus. La moraleja no es tanto cuida con quien te acuestas sino que no anticipes acontecimientos cuando estás seguro de lo que has hecho. ¡Vaya polvo de mierda más largo!

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“Pues era yo muy jovenzuela, y descarriada, y en esa época en la que pasaba los veranos en la biblioteca, que sí, que uno estudia de vez en cuando… y claro, verano, costa, biblioteca, 4 de la tarde… pues 4 gatos…. y entre ellos uno que te mira, que te ronda morena, y que te persigue por los pasillos entre libros de lingüistica y numismática apocalíptica… Y como que tiene buena pinta, así como de jerezano piijillo bien formado, y bien alimentado…. vamos, con todos su complementos bien puestos…. y como no quiere la cosa, pues que me voy al baño de la segunda planta fondo izquierda atravesando Mordor y la laguna estigia esquina casita de Hello Kitty… vamos, donde no hay ni dios…. y esto que te sigue, que te sigue… que dices… pues ala… vamos al lío, que entre tema y tema… que mejor tema que darle al tema… Y en lo mejor de la cuestión, aquí mi primo hermano de cayetano, empieza: (léase con voz melosa y un tanto aflautada) “fúndete conmigo” “fúndete conmigo” “únete a mi”…. y así en bucle… como que no se callaba… y claro, a mi me entro entre la risa floja y el acojone; la risa por lo de fúndete (que me habría visto esta criatura cara de tranchete) (aquí se demuestra que las de Flos Mariae no han inventado nada) y acojone por lo de “únete” que ya me veía yo con una túnica rociera camino del Rocío. Así que opté por la primera opción, y al ritmo del ataque de epilepsia irrisoria, me recoloqué todas mis pertenencias, y salí escaleras abajo muerto de la risa…. A la pobre criatura lo dejé allí, en el baño, con los pantalones por los tobillos, los caracolillos engominados como la cabeza de Goku y creo que con un trauma para toda la vida… yo salí corriendo con mis cosas de la biblioteca a contárselo a todo el mundo…. no sé si será el peor polvo de mi vida, pero sí el más ridículo … bueno no, que hay más…..”

 

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“Bienvenido al maravilloso mundo de ligar por internet. Seleccionas a un maromo, así que se ve bien de empotrador y con todo bien puesto en su sitio. Quedas con él… Tarde. Muy tarde. Te da igual porque ese finde tu compi de piso se ha largado con el novio. El tipo llega tarde porque no puede venir antes: ha destrozado el coche y le han quitado el carnet de conducir, por lo que ha tenido que coger el de sus padres sin que ellos lo supieran y dar cien mil vueltas para que no lo pille la policía.Bien, abres la puerta de casa, y mientras te cuenta esta batallita, te das cuenta que mide un metro sesenta (lo que engañan los encuadres fotográficos) y no metro ochenta, y que el chándal es el leit motiv de su vida… pero ya puestos, pues al ataque. Se despelota y te das cuenta que esos calzoncillos llevan más relleno que otra cosa, y que lo que tiene entre las piernas es similar al bic naranja… SÍ, EL QUE ESCRIBE FINO. Muchas señales, pero te metes en el ajo, con un tio que se mueve como el conejo de Duracel, palante/patrás, palante/patrás… al que terminas autoinduciendo a la eyaculación a ver si se va de tu casa de una vez. ¿Y qué te llevas a cambio? Unas sábanas llenas de CASPA como si hubiera nevado y la satisfacción de que nunca volverás a decir que follas mal, visto lo visto…”
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Ocurrió con mi primer novio. Yo por aquel entonces era joven, pero no hermoso, los dinosarios dominaban la Tierra, no habíamos salido del armario ninguno de los dos, aún no se habían inventado los carnés de conducir y mi novio de aquel entonces me solía empotrar -si, en aquel entonces yo era pasiva, más que nada porque no me quedaba otro remedio- en las oficinas de una agencia de viajes de su tía. Pero un día estábamos de enhorabuena, porque su familia no estaba en casa, así que me invitó para poder follarme en una cama como Dior manda. El caso es que en pleno empotramiento escuchamos la puerta de la casa abrirse, y lo que vino a continuación fue muy de película estilo “American Pie”. Mi novio me hizo meterme debajo de la cama, en pelotas, tiró toda la ropa detrás del armario, se puso algo rápidamente y salió a dar la bienvenida a sus padres… y yo me quedé dos horas en bolas bajo la cama, sobre baldosas bien frías, tiritando y jurándome que el sexo se había acabado para siempre. Sí, me iba a meter a cura, o mejor aún, a ingeniero informático, que follan menos. Finalmente la madre se metió a la cocina, el padre se quedó dormido frente a la televisión y yo pude salir, pasando frente al padre de puntillas, hasta las escaleras y la libertad. Nuestra relación no logró recuperarse después de aquello…
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 Él vino en un barco, de nombre extranjero…Bueno no fue tanto así; él era el típico tío por el que babeé durante años y años. Ojos de camaleón, buscar el rincón justo para estar cerca de él en la discoteca, hacerme el encontradizo, pero nunca me miró ni siquiera con asco. Una noche, sin notarme yo especialmente guaperas, me entró a saco, algo que me sorprendió y me puso tan cachondo que a la segunda copa lo arrastré a los aseos en pleno ataque de furor uterino y no fuera ser que cambiara de opinión. Quise besarlo y me detuvo “Yo no beso”. Quise abrirle la camisa y me detuvo “No me gusta que me toquen el pecho”. Pasé a los pantalones y me paró “No me apetece empezar por ahí” “¿Y que te gusta?”le pregunté ya un poco mosqueado. “Chupar pezones”, me soltó él. Pensé que si empezábamos por ahí, tampoco estaba mal, así que me subí la camiseta y sin apenas tiempo, se me lanzó. Un poco brusco, pero bien. Luego ya noté el primer mordisco, que bueno, sabiéndolo hacer, pues guay, pero es que el tío no sabía hacerlo, porque dolía, dolía mucho. Le dije incómodo ” Oye, que me estás haciendo daño” pero en vez de aflojar, se puso como loco alternando cada pezón, arreándome unos mordicos que mira, en la vida. Qué daño que hacia el muy cabrón. Le grité que parara ya pero como no me hizo caso, le quité la cabeza de un rodillazo y allí lo dejé. Yo me llevé unos cardenales que me duraron más de dos meses y la necesidad de vestir ropa que no me rozara por delante durante mucho, mucho tiempo ¿Mi conclusión? Qué cuando Dios quiere castigarte, concede tus deseos.
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Contexto: Yo era joven y estaba pasando por una época tonta… en la que me follaba todo lo que se ponía a tiro. El primer problema: Cuando nos desnudamos. Yo miraba y miraba y no dejaba de repetirme mentalmente que ese pene era extremadamente pequeño. Vamos, que eso no podía ser funcional. El segundo problema: el tío insistía en que, a pesar de que la mía era más grande, íbamos a usar la suya. ¿Sabéis esos perrillos chicos que intentan montar a perras de razas mucho más grandes? Pues eso. Que “aquello” no entraba “ahí” ni por casualidad. Hasta que tuve que decirle que, oye, que lo sentía mucho, pero que aquello no estaba funcionando y que mejor lo dejábamos correr. La anécdota: años más tarde, hablando con mi marido de malas experiencias sexuales, me comentó que el peor polvo de su vida había sido, precisamente, con el mismo tío.
Han participado:
  • Hilde
  • C del Palote
  • Skyzos
  • MM
  • El científico loco
  • Flor de Pavimento
  • El Perro de Toni


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.