¿Literatura clásica? Sí. Y si está contada por Madeline Miller, Más

Hoy vuelvo a hablaros de literatura. Siempre me ha gustado releer los clásicos. Las historias griegas y sus líos mitológicos siempre me han fascinado y de verdad es un placer para mi reencontrarme cada cierto tiempo con Homero, Píndaro, Sófocles… Dicho esto, os cuento que este verano, por culpa de Juan Naranjo, quien siempre recomienda obras estupendas, cayó en mis manos un libro llamado La Canción de Aquiles donde su autora, Madeline Miller, revisa una de las historias de amor más controvertidas de las que sucedieron entre los héroes griegos: la que mantuvieron Aquiles y Patroclo desde su infancia hasta el desenlace en la Guerra de Troya, cantada por Homero en La Ilíada.

Por si desconocéis los clásicos griegos no desvelaré dicho final. A cambio, os animo a que toméis esta obra y la leáis, que os encantará sin duda. Además está el hecho de que, secularmente, se ha intentado suavizar cuando no eliminar del todo, la gran historia de amor que se dio entre estos dos personajes milenarios.

Miller pone a Patroclo en el papel del narrador de cuanto sucede en torno suyo desde la mas tierna infancia, como príncipe de uno de aquellos minúsculos estados de la antigua Grecia, hasta que tuvo que trasladarse al reino de Ftia, donde Aquiles también era príncipe, y comienza la vida en común de ambos.

Juntos desde niños en un ambiente palaciego por un lado pero militar por otro, la amistad entre los protagonistas va creciendo hasta convertirse en una historia de amor incondicional, que se reafirma a lo largo de las cortas pero intensísimas vidas de estos dos héroes, siempre llenas de dificultades al desarrollarse en un espacio cuajado de titanes, dioses, ninfas, náyades y otras criaturas mitológicas. Sumergidos, además, en la violencia constante de una guerra que lo envuelve todo. Ya os he dicho que no pienso dar pistas del desenlace, pero si puedo decir que os sobrecogerá.

En cuanto al estilo, no se ajusta en absoluto a la Epopeya ni tampoco a la Tragedia/Comedia clásicas, aunque claramente bebe de ellas. La autora utiliza la narrativa como vehículo y el resultado es ligero pero con una intensidad que casi impide parar de leer. No en vano tardó una década en terminar esta obra, se nota que está perfectamente documentada y ubicada en su tiempo.

Como me sucede cuando leo una buena historia, debo hacer un gran esfuerzo para superar el disgusto de terminar y ralentizo el final cuanto puedo, debatiéndome entre el ansia de saber y el deseo de que no acabe nunca.

Es evidente que me causó una buenísima impresión, tanta que me hice con su otra obra Circe publicada siete años después de La Canción de Aquiles. La escogí porque en ella la protagonista es otra figura mitológica: la gran semidiosa y hechicera que da título al libro y, visto como había desarrollado la primera historia, no pude resistirme.

En esta obra es la propia protagonista quien se encarga de narrar en primera persona todas las vicisitudes de su vida. Circe relata cada episodio en presente, no lo hace desde el recuerdo sino desde la vivencia inmediata. Como he comentado antes, no quiero desvelar datos del contenido, pues veréis que es una historia muy intensa si tenéis a bien leerla, si diré que retrata cada personaje con un detalle que casi lo coloca en vida ante el lector.

La autora nos presenta una mujer fascinante que lucha cada momento de su inmortalidad por su integridad e identidad, impidiendo convertirse en el objeto sumiso y dócil que esperan que sea. A través de ella transmite cada vivencia y estado de ánimo con una fuerza descomunal pero desarmando, en cierto modo, la crudeza que cabría esperar de la violencia implícita en la vida de aquellos seres divinos, narrando situaciones espeluznantes con una tranquilidad pasmosa. Es muy agradable de leer y la cantidad de historias entrecruzadas convierten esta novela en un conjunto de antiguos pasajes helénicos donde personajes clave, de sobra conocidos por quien guste de las obras clásicas, cobran protagonismo viviendo sus aventuras junto a nuestra hechicera.

Tampoco se deja atrapar en las intrincadas sagas mitológicas donde titanes, dioses y otras figuras se entreveran como los hilos de un tapiz endiablado y podrían convertir la historia en un galimatías intragable.

A diferencia con la anterior novela, en esta obra no se conoce el final de antemano porque la leyenda de Circe no está del todo clara en los textos antiguos, de manera que la intriga se sostiene hasta la última página, brindando un final quizás lógico pero no del todo predecible aunque siempre maravilloso.

Si tuviera que escoger entre ambas obras creo que no podría hacerlo, me sucede como cuando, siendo niño, la típica pariente solterona y avinagrada te preguntaba ante tus padres ¿quieres más a papá o a mamá?.
Entonces, mi recomendación es que leáis las dos y por orden de aparición.

No os arrepentiréis.


Sobre el autor

DMalignus

No te pases de Lista, que te vas a Diego de León......