Mariah grita: ES EL MOMENTO!

 

«¡Hoaaaal chichis!

Aquí Mariah pero puedes llamarme MaryBarbilla (como a Jiménez LoSantos) o La Humedona, como dicen por ahí las malas lenguas, como si tuviera líquen en el toto. Pero es que a mí eso no me importa, caris. Yo salgo el 31 de Octubre por la noche del bote de formol, me pongo el lamé navideño y a darte dos meses la tabarra con la canción de marras. Que me acaban de decir, por cierto, que está ya en número uno de iTunes, que yo no entiendo quién coño no la tiene todavía aunque sea copiada pirata del yutub. Están más perdidos que Topacio buscando a Wally. Aunque yo, realmente creo que la Topacio no era ciega de verdad, o ¿acaso tú la viste chocarse con algún mueble? Las cosas de la televisión.

Pues que aquí vengo yo a decirte otra vez que viene la Navidad. Que he sacado mi Satisfyer navideño de 1,50m a darle a la calabaza porque yo es que soy de jamón pata negra, nena, y no tanta verdura. Además, yo tengo dos vástagos que me comen mejor el antílope que el brócoli, así que en eso me baso.

Y es que, como ves me he puesto mis tacones de pensar y con las cortinas del Teatro Real me he hecho un outfit que no te creas tú que me ha sobrado mucho retal, y así salgo, a por todas. Por primera vez desde el confinamiento he dado dos pasicos, así de geisha aragonesa que no quería yo pisarme el bajo y quedarme yo más fea que ni hecha a encargo. Mira que yo de cría tenía mucho complejo porque cuando jugaba al escondite nadie quería buscarme. Mis hermanas me recuerdan cuando los Reyes me trajeron un boomerang y cuando lo tiré nunca volvió.

Después de estás experiencias fue cuando empecé a retocarme, que ríete tú de la chapa y pintura de la Torre Eiffel. Con más mechas que el Castillo del Conde Drácula y una soltura grácil que me asemeja a Rocobop, ya empecé a despuntar y a ser más fina que un canapé de morcilla de Burgos y cantar como un delfín. Ahora mi pelo es una mopa del Stanhome y puedo hacerte unas alpargatas para la siembra.

Sin embargo, esta es otra historia. No sabéis lo que me ha costado saber cómo abrir la puerta, que eso de los pomos es cosa de pobres.

Yo a lo que hoy venía es a contaros que pongáis mi canción que eso me da dineros para ir tirando, que la vida de artista no es tan glamurosa como la pintan. Mi hija, estos meses atrás, nada más que puede jugar con las muñecas, pero las de sus manos. A todo esto, no sé si sabéis que tuve mellizos por si acaso. Yo es que soy previsora y quise tener uno de repuesto, que nunca se sabe. No sé si habéis pasado por esa experiencia pero para mí fue complicado. Soy tan sutil y fina que en vez de dar a luz, saltaban chispas, nena.

Llegando a estos días Kita Kilito, mi dietista de poca confianza, me dijo: «Mary, no llegas ni en 2029»; así que para este comercial me he puesto una faja de esas de dedo del pie hasta el segundo piso y casi no se me nota. No se me nota la faja a oscuras y encerrada en un armario, claro.

El caso es que como estoy sobre estos zancos y estoy acostumbrada a que 8 efebos me lleven por toda mi casa en volandas, casi me caigo un par de veces con el ímpetu de romper la calabaza. Este vicio no es por vaga sino por ahorrar en suela de zapatillas. Que no es porque yo beba ni nada de eso, que en el Centro Social son todas muy criticonas y más falsas que las peleas de los Power Rangers.

También podéis verme cercana a un perrito, que yo no sé quien ha dicho también por ahí que me lo comí en el rodaje. Y en la última toma no hay perrito. Y yo estoy masticando. Yo qué sé.

Que viene la Navidad, y que no hay Navidad sin mi presencia, como Massiel sin hacer puenting mientras limpiar los cristales salón».

 

 


Sobre el autor

Fon Cole

De los Cole de toda la vida.