Vosotros cagáis en nuestro salón, nosotros escupiremos en vuestra comida

Lo habéis hecho. Habéis entrado en nuestra casa con una excusa, y protegidos por la multitud os habéis bajado los pantalones y habéis cagado en medio de nuestro salón, en el corazón de esa casa que nos costó décadas construir, levantarla de la nada, llenarla de seguridad. Una casa donde nosotros podíamos ser nosotros mismos, donde podíamos descansar los pies sobre la mesa y dormir a pierna suelta con la seguridad de que no íban a importunarnos. Pero no, habéis venido, habéis entrado por la fuerza, habéis atravesado el pasillo a voces y habéis dejado un zurullo maloliente en medio del salón. Ya hemos limpiado el zurullo, ya no está, pero queda su forma húmeda en la alfombra color crema, como si fuera la silueta de un cadáver, y queda el olor en toda la casa, la ruptura de la promesa de que aquí estaríamos seguros. Y vosotros os habéis ido a vuestras casas, satisfechos, con la sonrisa puesta y las tripas vacías, pensando en la fiesta que os vais a pegar con la idea de que cagar en nuestra casa os ha hecho más hombres, mejores tíos, más potentes. Os habéis ido agitando vuestras banderas después de limpiaros la mierda con la nuestra. Con nuestra querida bandera.

Y nosotros no vamos a ir a cagar a vuestra casa. No tiene sentido, para nosotros, ir a vuestro salón a soltar un zurullo maloliente. No somos así.

Nos quedaremos con vuestras caras. Aprenderemos a detectar vuestros símbolos. Estudiaremos las fotografías y reconoceremos la forma de vuestras cejas, vuestro color de piel, veremos los vídeos y detectaremos vuestros andares, identificaremos el ruido de vuestras botas.

Nosotros escupiremos en vuestra comida cuando vengáis a nuestros restaurantes. Trataremos con condescendencia a vuestros hijos cuando vayan a nuestras clases. Limpiaremos el culo de vuestras madres cuando nos toque limpiar el culo de vuestras madres, como profesionales que somos, pero no pasaremos una mano por sus mejillas arrugadas. Nosotros os mandaremos al cajero y negaremos vuestros préstamos personales cuando vengáis a pedirlos porque no podéis pagar la hipoteca. Os haremos perder tiempo en las colas de los supermercados y os daremos el corte más feo de la carne, esa que parece que está bien pero está a punto de pasarse, esa que metes en la sartén y se hace toda agua. Vendréis a nuestras consultas y os atenderemos, pero no tendremos ningún miramiento en meteros el dedo por el culo sin lubricante, aunque sepamos que duele, y mucho. Os haremos perder casos en los juzgados y os haremos perder tiempo en los semáforos y os haremos perder la paciencia y os miraremos con cara de no entiendo lo que me pides para que perdáis también los nervios. Y cuando lleguéis a casa, agotados, pensando en qué ha pasado, en qué ha salido mal, no os daréis cuenta de que hemos sido nosotros. Porque el olor de vuestro zurullo se habrá desvanecido, pero no nos habremos olvidado de vuestras caras.

Y mientras tanto seguiremos editando libros, pintando cuadros, produciendo películas, escribiendo canciones, dibujando cómics, y protagonizando series de televisión que verán vuestros hijos aunque vosotros no les dejéis. Y no habrá vuelta atrás.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.