“Crash”, de David Cronenberg, cumple veinticinco años

El tráfico es mucho más denso que antes, ¿te has dado cuenta? A él le molesta el cinturón de seguridad; ella sigue fumando. Casi vuelven a tener un accidente. Se han conocido por casualidad; después de que el marido de ella ha salido disparado hacia el coche de él, rompiendo ambos parabrisas y dejando caer su cuerpo magullado y mortalmente herido en el coche de enfrente. Se ven las cicatrices, las heridas provocadas por el contacto de los cristales y el frío de del metal de los coches en contacto con los cuerpos. No se conocen. No saben que él tiene a una mujer esperando en casa; ella ya no. Él juega con su mujer a la pasión que provoca la piel en contacto con el metal, el sexo como trámite final de la pasión de los cuerpos entre tornillos retorcidos y ruedas; barras de metal y muletas.

Ellas fuman despacio. Esperan a que la siguiente casualidad provoque la cita de otra persona en un coche que les junte en un momento fortuito; como un accidente, donde los coches queden retorcidos y sus hierros deformados. Y el sexo forme parte necesaria de ese accidente.

“Crash” cumple 25 años como fetiche de culto. Con pataleos, deserciones, abucheos y tantos rechazos como seguidores incondicionales, ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes del año 1996, peleando con tres obras maestras de nuestro tiempo; “Rompiendo las olas”, “Secretos y Mentiras” (ganadora del premio principal de certamen) y “Fargo”, las tres, de lo mejor de sus realizadores, en un año de cine espléndido. Ay, ¿cuándo volveremos a vivir algo como aquello?.

Cronenberg seguiría a lo suyo. Investigando acerca de la comunión entre el deseo y la destrucción. Así, le salieron posteriormente dos películas sobresalientes: “Una historia de violencia” y “Promesas del Este”. Pero el nacimiento del ansia y el apetito de la pasión a través de las situaciones límites no lo había imaginado de tal manera hasta entonces. El autor de la obra, J. G. Ballard quedó contento con la recuperación de su obra a la gran pantalla, desde que en 1970 descubrió la idea a través de un montaje, de temática libre que le encargó el Instituto de Arte Moderno de Londres, titulándolo como “Jim Ballard. Crashed cars”. Cronenberg tenía material más que suficiente para recrearse en su cosmos de emancipación de la destrucción. A partir de entonces, sólo queda rendirse a su poder de seducción. Con pataleos o fascinación. Sin lugar a dudas, “Crash” no ha envejecido; se mantiene firme como un compromiso tácito entre los oscuros deseos de la mente y la cautivadora cámara de un voyerista implacable. Entre la nueva tecnología y la psique humana en un mundo anárquico.

Aquí te dejamos una guía para que puedas hacerte un “Crash” en tu misma casa si, tras ver la película, te has quedado con ganas de más:

* Acariciar la nevera antes y después del proceso.

* Hacerse con las muletas de cuando te rompiste la pierna jugando al fútbol en el colegio.

* Durante todo el ritual, soltarle a tu pareja frases que no vengan a cuento de nada, tipo: «¿te has puesto cachonda/o cuando te cobraba la compra el de la caja?», «¿te gustan más los autobuses que los camiones»?, y cosas así.

* Nada de chistes. Olvida las frases subordinadas y pon cara de que a Pepa Pig se le ha olvidado ir a su mejor barbacoa. Decir un par de veces, “deseo la remodelación del cuerpo humano mediante la tecnología”.

* Cómprate cicatrices y póntelas, una en la cara y otra en el muslo.

* 3 cigarros

* 2 guantes de cuero granates.

* Una camisa rota

* Nada más terminar, salid al balcón y mirad al tráfico sin soltar ni media palabra. Y así, cinco minutos.

* Los tres días siguientes, acaricia las asas de las cazuelas como si no hubiera un mañana.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.