Por qué deberías estar viendo »Supongamos que Nueva York es una Ciudad»

 

Mientras pelo una naranja antes de sentarme a escribir este post, me invade una sensación de calidez al recordar la última miniserie que nos ofrece Scorsese de la mano de Netflix.

Sí, cariño, creo que deberías bajar de la torre de marfil y darle un poco de chance a esta plataforma. Sabemos que eres muy alternativa y purista pero esta puede ser tu última oportunidad para no convertirte en un gilipollas crónico.

 

 

Esta aportación ha conseguido subir los peldaños de una mente joven con cierta tendencia al anacronismo generacional. No sin la dificultad de mi obstinación me senté a verla tras varias recomendaciones y, con una sonoridad analógica, comenzaron a brotar ideas hacia mis ojos y oídos. El botón de »match» de mi psique había sido accionado al ahondar en la protagonista.

 

 

 

 

Fran Lebowitz habla y mueve las manos, todo el rato, sin a penas coger aire. Ideas, manifiestos, reclamaciones orales necesarias, curativas y sedantes de la punzante y estúpida modernidad.

Una mujer que encierra verdades y opiniones espetadas de un modo soberbio. Una boca y una garganta que atizan la vulgaridad y remarca valores que parecemos olvidar con una brisa. El valor del caminante ausente de destino, por amor, por necesidad biológica. Explotar la rabiosa belleza urbana, una jungla humeante y abyecta que ha de ser contemplada y vivida.

 

 

 

 

Porque ella hace que despierten en mi sentimientos dormidos, manifiestos anestesiados contra la desfachatez y tremendísimo frenesí de una metrópolis como es NY.

Fran Lebowitz es una Dandi. Un ser inconsciente de su propio arte, precisamente porque vive su vida en el arte. Desatendiendo nimiedades y rescatando los pilares base de la vida interpelada sobre el asfalto. En un momento de absoluta histeria muda, se mantiene la dignidad del pensamiento crítico y no adulterado.

La queja no es más que un código. Su código elegido para despertar las auras alienadas, autómatas, imposibles de rescatar hoy día, dadas las retorcidas artimañas del colosal panóptico.

Un panóptico de talla mundial que se camufla fraccionándose en millones de piezas que caben en la palma de una mano. Una pieza que ahora tú estás mirando, indeed.

 

 

 

 

Se invierten los polos de la razón. Ya que, hemos pasado de admirar el pensamiento crítico como algo moderno y diferenciador a tacharlo de “loco” “blasfemo” “anarquista”.

Fran, la Flâneur de la Gran Manzana, rumiando conceptos y lanzándotelos a la cara sin piedad, se desliza por la ciudad atónita al y aburrido relato que se desarrolla frente a ella. Fundiendo con la mirada a los parapetos robotizados que se funden con el pavimento grisáceo.

 

 

 

 

En cualquier caso, lejos de la amargura que podrían suscitar sus conclusiones, me ha parecido sublime. Me ha levantado el ánimo, me ha vuelto más humano, festivo, rabioso y deseoso de sangre letrada.


Sobre el autor

Ibérico Snob

Soy hermana de la reina de Inglaterra pero lo llevamos en secreto.