La última Navidad de Melania

«Buenas, troncas. Soy Melania. No me hagáis como la Puri que me tiene guardada en el WhatsApp como Melanina y le he retirado el saludo. Veremos si no acaba en Guantánamo por chistosa.

Estoy alicaída, caris. Esta es la última Navidad que paso en este lugar que llaman la Casa Blanca, una mansión en el que no para de entrar y salir gente que no conozco y, lo que es peor, que no sé si están despiojados. Barron creo que está contento por volver al apartamento de la Torre Trump de nuevo, o eso me ha dado a entender desde su jaula cuando le he echado pienso esta mañana.

Yo, que aquí vine a regañadientes, juro por todos mis hilos de oro que al final, tras tantos meses, me da cierta pena marcharme de aquí. Así que, antes de irme, he decidido adornar ya los espacios de Navidad, porque veo a Donald muy movido, y me veo que trinchando un pavo el 25 mientras me están sacando de aquí cagando leches. Y es que yo, caris, sabéis que de minimalista nada. Que tengo las bragas ilustradas por La Cartuja y en los trabajos de cama me llaman la «horror vacui» porque me pongo y me pongo, y le doy a todas las florituras sin espacio ni descanso.

Pues comentaros, así en confianza, que Yosemite ahora se llama ahora «el pequeño jardín de la Paqui».

Que yo empecé a elegir un par de arbolitos, uno así para la entrada, otro para el salón…pero este lugar tiene tanto espacio y yo soy tan de colocar bolas que me ha costado parar. Pero mira, que pasando por California tras coger unos kilos de nueces me vi un parque así grande y me dije: ¿pero para qué están si no? ¿Pa´ que se caguen las ardillas encima? Así que los zagales que me acompañan siguieron las instrucciones y me dieron el gusto.

De paso que también era el Black Friday, y suerte que llevaba los tacones de pensar, he comprado una banda de música al completo. Con tarima y cordeles para que no los toquen. Luego que digan de Cortylandia, caris, pero es que el ornamentar es lo mío. Tocan todo el rato el «Campana sobre Campana» y vuelta a empezar. Los tengo para las 24 horas, porque así es como me gusta, por si paso de repente por ahí en los 5.000 m2 de la casa, que para algo es Navidad.

Lo mejor de terminar con el cargo es lo de la cuenta del Twitter. Mira, es que «acronimarse» FLOTUS te deja las pescoletas torcidas. Total, tampoco es que yo haya usado mucho eso de las redes sociales. He tenido problemas con los passwords y esas fatalidades, por lo que tuve que elegir quedarme con una única cara para el tema del reconocimiento facial.

Aquí os dejo también una foto que he tomado de la habitación de Potus, el perrito que tenemos viviendo con nosotros y que a veces juega con Donald a las 4 en Raya. Como veis, sobrio pero con sus ornamentos, que el ramaje dio para esto también. Además, con su arbolito en el centro para sus necesidades. Dime tú que no soy detallista. Más que Encarna Sánchez con la Pantoja.

Por si queréis alguna idea navideña comentaros también, mis amores, que se lleva poner un par de velitas discretas en la mesa. Aunque a mí es que me gusta el oro, porque como decía ésa grande de tez color marisco, Lydia Lozano, «el oro siempre es oro». Y ya, por rematar porque queda como que aquí NADIE come niños pobres NI SE transfusiona la sangre de NINGÚN infante en mi persona (que yo no sé a quién le da por soltar eso ni qué niño escapado se ha chivao) he puesto un tren.

Un tren que intento mover con la mente, porque me han dicho que tocar cosas, como está el panorama, es de pobres.»

 


Sobre el autor

Fon Cole

De los Cole de toda la vida.