Liberarse del Todo

Recuerdo todavía una de mis clases de inglés en el instituto. Mi profesora pidió un breve ensayo sobre la felicidad. En aquel momento me pregunté, con frases sencillas, si la felicidad era un estado del alma, una alegría desbordante o un orgasmo mental sostenido. Me acuerdo que le gustó mucho y quiso compartirlo en clase. No me pude negar. Era mi profesora. Me dio un poco de vergüenza verla leyendo, a ritmo de dictado, en voz alta, algo que había escrito, delante de mis compañeros. Por aquel entonces no tenía el desparpajo que exhibo ahora. Ni la desvergüenza. Todo hay que decirlo. Y cuando llegó a esa frase en la que concluía mi intento de ensayo, recuerdo que miré al suelo -de hecho ahora incluso me sigue despertando cierto pudor-, porque dije que para alcanzar la felicidad había que enamorarse de alguien.

Dieciocho años después, y con algo más de bagaje, os digo que estaba completamente equivocado. No es nada de eso. De hecho, ni se parece a estar enamorado. Y menos aún es encontrar pareja. No, por favor. No sigamos cumpliendo más puntos de la checklist que nos han ido vendiendo y que ha creado y crea tanta ansiedad en muchas personitas del mundo. ¿Porque luego qué? ¿Qué pasa cuando alguien acaba la dichosa checklist? Esa lista de pareja, casa, piscina, todoterreno e hijos ¿Se es más feliz? Yo creo que no, sino todo lo contrario. Uno es más desdichado. La felicidad no se alcanza copiando una serie de elementos de vidas vacías sin ápice de originalidad, y encima sin cuestionar ni un solo segundo absolutamente nada. Es como si ahogásemos en un cubo toda posibilidad de ser felices. Porque para mí, antes de todo, uno debe ser libre.

No obstante, nos han lavado el cerebro con muchas falacias sobre la libertad. Arrastramos del marxismo que el individuo vive mejor en una mejor sociedad, entendida como que todos seamos más libres. Y estoy totalmente en desacuerdo. Hoy en día, se supone que la sociedad ha avanzado. Se supone que la tecnología nos facilita vivir. Nos da ciertas comodidades. Tenemos más tiempo. Nos ofrece posibilidades que antes no podíamos ni imaginar. Todo esto parece indicar que la tecnología nos hace más libres… ¿Seguro? Lo pongo en duda. De hecho, estamos viviendo una época en la que se está poniendo como excusa la pandemia para copiar el modelo social del gigante chino. Vamos hacia el control total de la información. «Tranquilos, es por vuestro bien», nos dicen. «Es para evitar que os lleguen noticias falsas», nos aseguran. Como si todos tuviéramos alguna discapacidad intelectual y no pudiéramos discernir lo falso de lo que se aproxima a la verdad. Y, encima, lo realmente preocupante, es que esto se está realizando en todos los países de la Unión Europea. Estamos haciendo lo que China hace con Hong Kong: restringir libertades usando como herramienta el miedo. Y todo esto es posible gracias a la tecnología, que hasta hace dos días se erigió como aliada en esta búsqueda de la libertad.

Para mí, a día de hoy, la felicidad requiere salirse completamente de esta sociedad que lleva décadas en la UCI y que ahora está en un coma inducido con adornos pandémicos. La felicidad es no hacer ver al resto que te preocupa gente desconocida porque necesitas sentirte bien contigo mismo. Es cuidar de los que te importan y no de los que la sociedad dice que hay que preocuparse. Es que tu vida sea independiente al resto, a como le vaya a la sociedad. Es sentirte realizado con lo que haces cada día. Es liberarte del Todo para encontrar a gente maravillosa. Es ver a la persona y no a la ideología. Es no ir dando lecciones morales. Es no ir de víctima. Es recordar momentos mágicos con personas únicas. Es muchas cosas y ninguna a la vez. Es reírte de todo y del Todo. Es ser políticamente incorrecto. Es no tener límites. Disfrutar. Y creo que eso se me da de lujo.


Sobre el autor

LMoreno

Mi razón no es siempre razonable.