Los Javis se lo comen to

La serie «Veneno» es para los «Javis» algo parecido a lo que ha hecho Almodóvar con Tilda Swinton en «La voz humana»: recrear un universo propio, remarcando una y otra vez la exposición de la forma, dejando el contenido para que cada cual se deshaga en halagos; mientras otros aturdidos ante la sobreexposicion de remarcar lo que una y otra vez nos quieren contar, nos quedemos a medio camino de esos destellos de furia y homenaje, por otra parte, merecido. La tabla mediática que remarca ambos trabajos queda reformulada antes de su estreno. El éxito de «Veneno», póker de ases para ATRESplayer PREMIUM y, sobre todo, merecido reconocimiento para todas sus actrices, restablece el pasado inmediato de un imaginario colectivo, que comenzaba a unir la televisión con el morbo, la intimidad en boca de todos y la catarsis de lo mundano elevado a lo divino, por el camino de la audiencia catódica.

En «Veneno» sobran los mensajes de victimismo, a pesar de sus veloces diálogos. El personaje de Paca la Piraña, acaba agotando, porque los Javis le hacen repetir el mismo diálogo una y otra vez. Pero, por otra parte, sus responsables son maestros en el arte de la réplica entre personajes: y la acción fluye por sí misma. A «Veneno» le sobra querer pedir a gritos el reconocimiento de su protagonista. También es cierto que, con el material que manejaban, daba para mucho. Les prefiero en las distancias cortas. Por eso, la Segunda Temporada de Paquita Salas me parece más redonda. Será que les veo menos desentrenados cuando me cuentan algo no tan sujeto a la cruda realidad. O que les prefiero en una ficción donde no les crea por lo que me cuenten, sino por lo que dejan entrever. Y eso que en «Veneno», seguro que se quedan cosas sin contar. En definitiva, una buena serie, que podía haber sido más emocionante, sin tanto subrayado


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.