«Antidisturbios»: Que Dios les perdone

 Se hablará de ella, a partir de ahora, cuando salga el tema de tratar las mejores series españolas de todos los tiempos. Porque «Antidisturbios» es, más que el reflejo de un tratado nacional policiaco, las maneras y formas de impactar con la cámara, en sólidos y contundentes planos secuencia, sobre el pozo de una parte de la sociedad corrompida y la urgente necesidad de saber la verdad. De ahí que el suspense y el cine negro, sabedor de unas reglas de personajes a la deriva, se diriga de manera inconmensurable hacia el enfrentamiento de ese héroe, en el papel de una mujer, poniendo sobre la mesa el subterfugio de donde quieren huir los perdedores, las miserias y las penas de los desheredados; los apartados de esa clase social que vive dos peldaños más arriba. La chulería, el abuso de poder y la impotencia pocas veces han estado mejor reflejados.

 

En la serie, creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, la cámara interroga a sus personajes, y estos le responden escupiendo la veracidad de sus interpretaciones en primeros planos de rostros, cuyo rictus se descompone en mil pedazos de vómitos lleno de fiereza. Esa cámara al hombro, y la sensación de documentalizar los hechos, es muestra del carácter enérgico de la necesidad de Sorogoyen de sintetizar lo necesario. De ahí los cortes de cámara en muchos diálogos. Si su primer episodio le hubiera gustado haberlo firmado al mejor Ken Loach, los siguientes son fruto de la perspicacia de un Sidney Lumet patrio. Habíamos visto de qué manera se entrenaba Sorogoyen. Ahora, es delantero centro y ha metido un golazo por toda la escuadra. Sólo podemos rendirnos ante la evidencia. Y celebrarlo. Enrique Urbizu tiene un hermano gemelo. A bocajarro.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.