Un cine para reflexionar

‘¿Dónde está mi cuerpo?’ de Jérémy Clapin

La historia de la mano de Naoufel, despierta más interés en un servidor que cualquier frozen de pixar. Parece que el señor Clapin lleva tiempo arrasando con sus cortometrajes «Buenas vibraciones», «Palmipedarium» o «Hundred Waters: Innocent». Sea como fuere, parece recuperar el trabajo que años atrás disfrutábamos con cine de animación para adultos como el de Folman o Satrapi.

 

Naoufel es un joven triste y abatido por vivir la vida que no esperaba ni deseaba tener, es un humilde repartidor de pizzas en el centro de París. Sus infantiles sueños de convertirse en astronauta o músico desfallecen ante la tragedia que no desvelaré. En una accidentada y lluviosa noche conoce a través del interfono a la exigente Gabrielle, de quien se enamorará en cuestión de un par de ilusiones y expectativas.

Clapin sorprende con su dibujo uniendo la tradicional forma de rodar con añadidos por ordenador, creando una interesante mezcla para avivar la emotividad de una mano aventurera sin perder la originalidad de un dibujo hecho a mano, sería incoherente haberla hecho totalmente a ordenador.

La mano, co-protagonista de la historia con su dueño, vive un sinfín de aventuras muy poco palaciegas. La susodicha protagonista combate tanto contra sus retos terrenales, representados por ratas, como celestiales, la paloma, y concluye en un hermoso discurso de su dueño sobre el destino o el albedrío. El romanticismo y la fantasía se dan la mano para crear una historieta estilo cómic que gustando más o menos, no deja indiferente. Su elegancia en el dibujo, su enternecedor protagonista, su sufrida mano y la repelente Gabrielle te llenarán de originalidad y color la pantalla.

 

La búsqueda constante de la mano es la búsqueda de identidad de todo individuo, el sentimiento de pertenencia, es el reflejo de nuestro subconsciente, que necesita de esa búsqueda, y con ello nos habla de nuestro cuerpo, el cual nos habla a través de síntomas. Cuando el cuerpo habla y no es escuchado caemos en dolencias, costumbres, que nos irán perpetuando en el tiempo como ancianos malvividos. Esa mano que busca no es más que el niño que quiere saber, que experimenta, que graba y recuerda su niñez, en búsqueda de una relación afectiva amputada, debido a dos accidentes, primero el infantil, luego el adolescente, que posiblemente conviertan al protagonista en un viejo enfermo como su jefe.

 

Clapin triunfa con esta metafórica y hermosa historia de la naturaleza humana, el sentido de la vida, de las pérdidas y la soledad del individuo, y con ello se luce y pasa a ser uno de los más interesantes y admirados de la animación en los últimos años. No le perdamos la pista a este interesantísimo autor, puede seguir dándonos gratas sorpresas.

 


Sobre el autor

Hereje

Bailarín entre letras