Bloque de series (parte 4)

El 2020 hará historia porque se nos hará insólito aquello que parece ocurrir fuera de nuestras casas. Lo que vemos irreal, a través de nuestras pantallas, se nos ocurre mucho más extraño que hasta hace unos meses. Un abrazo, un vagón de tren lleno, las calles repletas de gente y rozándose a menos de un metro; personas que lo tocan todo, que lo huelen todo, que cierran puertas y ventanas con total libertad. Que dejan libros olvidados en los bancos de los parques; y tú los agarres y los leas. Y no sepas de quién ni porqué. Pero se compartían las aventuras.

Quizá, a partir de ahora, las historias que nos contarán los directores de las películas y de las series nos impactarán más, porque sentiremos ese mundo tan cercano en el tiempo pasado y tan lejano de un presente dudoso, como mundos inalcanzables y algo que podremos lograr en (pensamos), dentro de poco. Creo que a eso se le llama esperanza, ¿no?

Ramy (Hulu)

Como si al protagonista de la serie “Atlanta” le hubieran transformado en una suerte de individuo igual de disconforme y habitante extraño en un mundo que no va ni con él ni con sus circunstancias familiares y religiosas. Y estos aspectos se convierten en un todo que le agobia. En este caso, un americano musulmán de primera generación, suerte de astronauta volando como un satélite en una sociedad (la americana) y sus contrastes con la vida social y religiosa de la comunidad a la que pertenece. Al final, viene a contar que el que no disfruta de su propia libertad es porque la sociedad y el entorno se lo impiden; y lucha por romper los esquemas establecidos.  Entre la obligación y la libertad (sexual, religiosa, familiar), muchas de las veces se congela la risa en media hora. Y deja los interrogantes en el aire.

La dualidad entre la comunidad egipcia, más férrea y sometida a una estricta conducta y la libertad millenial, de un joven rozando los treinta años. A parte de su tema, es una serie muy emparentada con otras de inquietudes similares, muy de moda en la actualidad y destinadas a un público concreto. Es el caso de Pure, Fleabag, High Fidelity o la citada Atlanta, que tan buenos resultados han dado.

En su primera temporada, se ha quedado a un paso de cuajar el resultado final. Le ha faltado brillantez en los diálogos; porque de las situaciones y de su historia se puede sacar mucho más. Aún así, es una serie que posee su interés y, por momentos, muy divertida. Ofrece un punto de vista nuevo.

Inminente, su segunda temporada.

Nota: Tres sopranos sobre cinco

Little fires everywhere (Hulu)

Nos encontramos ante una de las mejores series de la primera mitad del año. Porque “Little fires everywhere” recoge lo mejor de la literatura norteamericana actual, llevándola a la pequeña pantalla, bajo un halo de misterio y una narración no lineal; enredada en  cánones clásicos, y que va ganando suspense en cada episodio. Y decía lo de la literatura norteamericana, porque la serie tiene, sin ninguna duda, un carácter que de los Estados Unidos deja una apariencia esencial e inequívoca. La de unas gentes, que coinciden por mera suerte en el camino, con un pasado trastocado y que se complica más al conocerse entre ellos. Esa casualidad desemboca en un estallido de la acción. Es la literatura de Richard Ford, Paul Auster, Donna Tartt y Jonathan Franzen. Casi siempre, con secundarios adolescentes, que actúan como apéndice al cúmulo de contratiempos. Puede ser tachada de serie feminista, de estirar los clichés de cierta conformidad norteamericana; pero es así por donde se ve el aviso de la falsa moral. Bajo ese agujero donde se advierten los signos de algo mucho peor que no tarda en aparecer, tarde o temprano, y que alterará las vidas de sus protagonistas para siempre.

La bisagra es ajustada por sus enormes actrices principales: Kerry Whashington y la omnipresente Reese Whitherspoon.

“Pequeños fuegos por todas partes” se disfruta poco a poco y termina por cautivar. Es todo un logro.

Nota: Cuatro sopranos sobre cinco

 

Darkness: La huella del crimen (Filmin)

Otra más de las series que anotar para esa moda que parece no acabar; la del “nordic noir”.  Por supuesto, hay una bruma de desconsuelo que afecta a, prácticamente, todos de sus personajes. O están separados, o su pasado ha sido un desastre y tienen que resarcirse de alguna forma. No esperéis que desde el minuto uno estén lanzando fuegos artificiales en la verbena del barrio. No. Para compensarlo, nada mejor que poder atrapar a un asesino despiadado, con otro pasado más áspero que masticar papel de aluminio. Buena ambientación y pareja con química que te está soltando a gritos en cada episodio “sabemos que queréis que nos liemos, pero ya veremos”. Con esa incertidumbre y la angustia de la historia, llegas al final. Y, pim, pam, pum, ¡se acabó!.

Entretenida, sí. Buena factura, también. El resultado: logra lo que se propone. Sin más.

Nota: Tres sopranos sobre cinco

Auga seca (HBO)

Parece que algo se mueve en Galicia y casi no nos damos cuenta. Pero merece la pena fijarse en el “Nuevo Cine Gallego” para saber que lo que va saliendo de allí merece mucho la atención. De esta manera, los trabajos de Alberto Gracia, Xurxo Chirro, Oliver Laxe, Lois Patiño, Xacio Baño, Eloy Enciso y Ángel Santos, son la punta de lanza de un grupo de cineastas que, desde su trinchera, han conquistado merecimientos en festivales de cine importantes. “O que Arde” ha sido, desde luego, una de las mejores películas españolas de estos últimos años.

La serie “Auga seca” parte bajo el epígrafe de la misma moda de crónica negra y social de los últimos años. Ha sido la primera serie hablada originalmente en gallego y portugués que se ha incorporado al catálogo de HBO. Por lo tanto, un primer tanto para el catálogo de HBO y los responsables de la serie coproducida con Portugal.

A la carrera, el conjunto parte con la idea de enganchar presentado nada menos que a una familia rica, dueña de una empresa del puerto industrial de Vigo, envuelta en tráfico de armas. En el puerto se produce la muerte de uno de sus empleados (amigo de la familia), supuestamente un suicidio, y a partir de ahí, la trama se enreda hasta no quedar personaje empapado en ella. Lo aparatoso de muchos diálogos (que parecen ser recitados), una puesta en escena muy fría y calculada y unos personajes excesivamente encorsetados en estereotipos manidos, hacen de la serie que resulte un producto un tanto pesado y, en su metraje, alargado. Esos personajes, tan forzados, no dan frescura al conjunto. Y el doblaje al español es muy deficiente. La modulación de algunos personajes es excesiva y en un par de escenas, los personajes de fondo se escuchan casi igual de volumen que los principales. Deberían haber cuidado un poco más estos detalles.

Nota: Dos sopranos y medio sobre cinco


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.