Daniel Knox celebra el Día de Twin Peaks con nuevas canciones

El día 24 de febrero es declarado, de forma extraoficial, como El Día de Twin Peaks. Marcó el inicio de la serie de culto en 1990, donde «fuego, camina conmigo» reflejó ese universo tan característico de David Lynch; el amante de los suelos de baldosas negras y blancas en zigzag, (bien fregadas), y las cortinas rojas de terciopelo atravesadas por un enano bailón y una chica rubia con cara de haber visto al mono-rata de Sumatra.

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El hombrecillo chasqueaba los dedos, sonreía a la cámara y se liaba la de Dios. O el demonio. Lo más normal era que una mujer hablara a un tronco. Es decir, como siempre, Lynch se adelantó a la realidad de nuestros días. Pero ahí no acabó el cuento. En 2017 Lynch recuperó la serie y decodificó su peculiar mundo para jolgorio de sus fans. Gracias a Dios (o al demonio) la serie no dura igual que las partes elevadas a la máxima potencia de Star Wars. Si fuera así, no nos extrañaría ver a chimpancés hablando por la calle («»What did Jack Do?») y comiendo donuts.

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O a madres, haciendo la compra y cantando como si estuvieran en un cabaret. No sé si a David Lynch (con sus dos o tres obras maestras bajo el brazo) le gustan más los martes o los domingos. O andar a gatas a fundir su lámpara Tiffany de la mesilla para que parpadee hasta el fin de los tiempos; pero, aprovechando tal magno evento, el estupendo cantantautor de Springfield (pero residente en Chicago),

Daniel Knox, lanza un álbum de nueve canciones, que bajo el título «Half heart: songs from Twin Peaks», homenajea la serie de culto en su día de reconocimiento.

El artista, que el pasado diciembre publicó su álbum » I had a wonderful time», sigue experimentando con su profunda voz y las instantáneas de la vida cotidiana. Nadie como él podría recrearse en fundir ambos mundos. Igualito que David Lynch, ¡vaya!. Angelo Badalamenti and friends estáis de enhorabuena.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.