Me hicieron «ghosting» (y me dejaron bien jodido)

Hace unos meses conocí a un tío por una putiapp. Le entré yo porque las tres frases que tenía en su perfil me parecieron de un humor inteligente muy poco abundante. Sin esperar nada, le di la enhorabuena por su ingenio. Como digo no esperaba respuesta y cual fue mi sorpresa cuando me contestó y descubrí a un tío fuera de norma y muy por encima de la media. Muy atractivo sin ser un guapo al uso, rotundo, chispeante. Tardamos al menos dos semanas en poder quedar porque ambos íbamos liados. Hasta que llegó la noche. Recuerdo que pasé un día muy laborioso, recuerdo que estaba agotado y recuerdo un frío que se me metía tan en los huesos que diez minutos antes de la cita, pensaba «Si no aparece a las nueve y cinco, me iré».  Pero fue muy puntual. A las nueve en punto lo vi acercarse. Lo reconocí al instante cuando me lanzó su mirada. Porque la lanzó. Como quién lanza una soga para atraparte. Ahí supe que estaba perdido y a su voluntad.

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Las siguientes horas, sentí algo mucho más fuerte, un vendaval lleno de electricidad que yo creí que era un  flechazo. Cuanto más hablábamos, cuando más nos mirábamos y tocábamos, crecía más y más la sensación de que estaba pasando algo especial entre los dos. Yo trataba de frenarme, pero él se me acercaba al oído  y me decía cosas como…

¿No sientes lo que nos está pasando?

O como…

Es muy fuerte esto y no quiero que se acabe aquí.

O como…

No tengo prisa si tengo la sensación de que lo que ocurre es importante.

Y no, no es que yo sea enamoradizo. A mí eso no me pasa todos los días. Qué más quisiera. La mayoría de las veces (en una aplastante mayoría) no hay flechazo, ni química y da rabia porque te encuentras a tíos cabales, maduros de coco o buenorros y resulta que no pasa nada entre los dos. Se te queda una cara de decepción que pa qué. Tampoco creo ser un tontoelpijo al que engaña un tipo guapo con dos o tres palabras que me doran la vanidad.

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Lo cierto (aunque me dé vergüenza reconocerlo) es que sentí esa noche como mágica por lo que parecía un flechazo tan evidente, de los que he tenido sólo cinco o seis en mi vida. Nos dieron las tantas sentados en un café sin hacer nada más que conversar, cada vez más cerca, cada vez más en susurros hasta que acabamos agarrados de las manos. Ni follamos, ni me preguntó si era activo o pasivo (¡Maravilla!). Sólo me besó al despedirse. Pero fue un beso que duró minutos y sobre todo, fue un buen beso, que no te creas que es algo muy habitual. Ocurrió un viernes frente a la parada de metro. Al día siguiente él se iba a pasar el finde semana fuera y yo regresaba a casa el domingo. Nos prometimos volver a vernos pero él, domingo por la mañana, se hizo cientos de kilómetros para regresar a tiempo y despedirse de mí con un beso. Para un romántico enfermizo como yo,  aquello era la prueba definitiva de un intento y demostración de un poco de compromiso (o eso fue lo que pensé). Como los dos íbamos a estar liados las siguientes fechas, quedamos en vernos a los quince días en una ciudad intermedia y comprobar si lo que sentíamos era cierto y merecía la pena seguir con ello. Regresé a casa ilusionado, con curiosidad  y el miedo gustoso que dan el aparente comienzo de una nueva historia de amor.

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Durante los siguiente días, el teléfono nos quemaba en las manos, nos mandábamos mensajes, nos decíamos cosas bonitas y la temperatura fue aumentando conforme se acercaba el fin de semana donde nos volveríamos a encontrar. Sin embargo, cuando quedaban cuatro días y ya hacíamos planes de lo que nos esperaba, dejó de contestar al guasap. Sin nada raro que pasara entre nosotros, sin ningún mosqueo ni nada parecido. Le mandé un correo y tampoco tuve noticia. En los primeros momentos me asusté pensando que le podría haber pasado algo malo, un accidente o yo que sé. Lo llamé varias veces y aunque marcaba con normalidad, nadie lo cogía. El viernes que se suponía que nos reuniríamos, iba a borrar el contacto en la agenda y comprobé que se había conectado al guasap media hora antes. Vamos, que estaba vivito y coleando, que no había tenido ningún percance si no que con to el morrazo, directamente, pasaba de mí. Y ni se había molestado en bloquearme, como si le diera igual. 

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Han pasado varios meses de aquello. Ahora lo recuerdo y hasta me sonrió de la situación tan surrealista. También me siento víctima de un timador profesional y se me queda cara de tonto. Aunque  tengo que reconocer que el fin de semana que debíamos pasar juntos, fue bien chungo. Una amiga me dijo:

 «Tía, que te han hecho un ghosting, que está super de moda. Se ponen muy enamorados, te dicen cosas preciosas, hasta te piden en matrimonio y a los dos días, desaparecen sin dejar rastro, como los fantasmas. Por eso lo llaman ghosting, tía.»

Muerta me quedé porque no tenía ni idea de que algo así existía.

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Es verdad que alguien a quién sólo has conocido cinco horas no merece el sufrimiento. Pero tengo la terrible manía de que me siente mal que me hagan daño innecesario. A ver qué necesidad de prometer, a ver con qué intención, porque si me dijeras que me sedujo para llevarme al catre…¡Pero es que encima ni follamos!! Busqué información sobre el ghosting y efectivamente, es una tendencia mundial, auspiciada, dicen, por las nuevas tecnologías y la sensación de anonimato y de impunidad que dan las redes sociales y las aplicaciones. Gente que no se hace responsable de sus actos. Gente que busca un simulacro de arrebato porque son incapaces de amar de verdad. Dicen los psicólogos que esa gente también sufre lo suyo por la culpabilidad y la mala conciencia. Vamos,que encima hay que tenerles lástima…¡Aaaaanda a la mierdaaaaa! Porque por lo leído, esa gente es reincidente, se han hecho adictos. Si lo saben y aún así siguen quedando con tíos y prometiendo lo que no van a cumplir, que les den la lastima con un petardo por el orto. Que vayan a un psicólogo o que renuncien a quedar con gente, pero eso de mentir con cosas tan importantes sin hacerse responsables de sus actos está muy feo y si me entero de algún amigo o conocido que lo hace, me vas a costar una bronca con él pero bien gorda. Si la vida sexual y afectiva de un marica actual ya era dificililla de por sí, ahora sólo faltaba  que se pusiera de moda el ghosting. Que nos volvamos más desconfiados, más descreídos, que perdamos la fe. Y sin fe, no se ve a Dios. Pues con el amor es lo mismo; si no crees en el amor, no te enamoras. No me jode que pasara de mí. Me jode que me quitara un trocito de la poca esperanza que me queda en que el amor existe, está ahí fuera y te puede pasar. Si algún día me lo volviera a encontrar, le diría muchas de las cosas que he escrito en estos párrafos. Además le diría;

 Yo me lo perdí, pero tú también te lo perdiste.

 

Se lo diría si alguien tan cobarde me importara. Pero es que no me importa ya.

 


Sobre el autor

MM

Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente.