El ‘Dolor y gloria’ de nuestro Pedro

 

Pedro Almodóvar tiene debilidad por la autobiografía, siempre tiñe de colores sus películas con señas personales, ya sean reales o imaginarias. En ‘Dolor y gloria’ el cariño que le ha puesto es indudablemente honesto. No se castiga, ni se alaba, se ciñe a una visión los más objetiva posible de su propia existencia, con ternura, respeto, benevolencia. Ha evitado que sea de fácil lacrimosidad aunque con medida emotividad, comedia y sin exceso de drama. Se percibe un Almodóvar claro, sin exuberancias, íntimo y sobre todo sin vanidad, sencillamente contando lo que es, lo que hay y lo que ha quedado. La historia en sí parece una mezcla de relaciones y a veces giradas a personajes que uno podría imaginar quién sería en la realidad pero no sabríamos si es quien creemos que es, pero qué más da, el cine es ficción por mucha biografía o hechos reales que quieran contarse, para eso ya tenemos los documentales.

La vida del artista de éxito no está exenta de drama y tortura, un sufrimiento abundante en la gente de gran reconocimiento mundial, y ante la hipocondría, las dolencias se acentúan. Pedro se abre, en cuerpo y alma ante el espectador, sin tabús, a estas alturas, para qué íbamos a engañar a nuestros más fanáticos seguidores, qué podrá escandalizarles ya si no lo hizo aquella tríada de mujeres a principios de los ochenta.

El deseo es el motor de nuestro autor, y probablemente el de todos los artistas vehementes y sinceros con su manera de ser, de expresarse. Es el arranque que todos necesitamos para alcanzar nuestros objetivos más codiciados, pero como todo, al final tiene un precio. Olvidos y reencuentros, adicciones y pasiones desmedidas antes y comedidas ahora, todo madura, todo se marchita, pero siempre queda el regalo sorpresa de la vida, un cuadro, una postal, una mirada amor de vuelta tras los años… Esta bella historia propia, más propia que todas las demás, sirve como liberación de fantasmas, como aquel ‘Volver’, sólo que en esta, se mira al presente a los ojos, recavando el pasado y con esperanza de futuro.

Cabe destacar que Antonio Banderas borda una interpretación sin caer en burdas imitaciones y clichés, crea y construye su propio personaje siendo fiel a la inspiración. Un actor en puro estado de gracia. Es de agradecer esta simbiosis cinematográfica, donde uno queda agradecido de tanto decoro.

 


Sobre el autor

Hereje

Bailarín entre letras