Manadas

Llevo desde hace unos meses pensando en las manadas, como casi toda España, supongo. También llevo varios años con una novela paralizada, de la que os copio un trozo. Una de las protagonistas, una mujer mayor, habla con otra, más joven

¡Ay chica, que poco sabes de todo! En qué momento se me ocurriría a mí traerte a la casa. Para las mujeres el gran problema son los hombres, chica, siempre lo han sido y siempre lo serán. Un hombre solo no es un problema, mejor o peor se les puede manejar. El problema real, el que realmente importa, son las manadas. Porque los hombres no tienen amigos, tienen manadas, son como los lobos, como hienas, buscando la presa más débil, la más enferma o la más tonta. Y al final siempre hay alguna que se deja pillar. Como tú, que parece que sabes mucho pero en realidad no sabes nada de nada.

Este párrafo lo escribí en verano de 2015 (lo recuerdo porque me acababan de despedir), un año antes de que saliera a la luz el caso de la manada. El otro día pensé en retomar la historia, pero no pude pasar de este párrafo. Recuerdo los párrafos siguientes, y en uno de ellos un grupo de niños de entre cinco y nueve años agarran a un perro, un cachorro callejero, mediano, marroncejo y confiado, lo emborrachan a la fuerza, y ven como se despeña por un acantilado. Esto es real, sucedió en mi pueblo. Solo que no era un acantilado. Era un pozo, y nos llevamos una bronca, no por matar al perro, sino por envenenar el pozo, que usaban los vaqueros para dar de beber a las vacas. Por suerte pudieron sacar el cadáver, los vaqueros pudieron seguir usando el pozo y nosotros pudimos continuar el verano. Nadie se preocupó del perro.

Después de la manada de San Fermines, ha venido la de Manresa, la de Cádiz, Mogán, Alicante, y tantas y tantas otras que no sabemos. ¿Por qué desde hace un tiempo no oímos más que manadas? ¿Qué tienen en común?

Recuerdo un chiste muy antiguo en el que Claudia Schiffer y un tipo naufragan en una isla desierta. Pasado un tiempo se terminan acostando y pasado un tiempo más el hombre le pide que se ponga un bigote, para decirle “eh, tío, me estoy acostando con Claudia Schiffer”. Pues ahora eso está sucediendo pero en los grupos. El polvo que se echa con amigos es más polvo.

Mi opinión de no experto, y por lo tanto no válida, o tan no válida como cualquier otra opinión, es que en las manadas se dan tres condicionantes: la falta de adultez, la pertenencia a un grupo, y el sexo como alternativa de ocio. Antaño la adolescencia, ese desvarío hormonal, duraba hasta los diecisiete, dieciocho años. Ahora (lo he vivido en mis carnes) hay chavales de veinticinco que siguen comportándose como adolescentes. Esto no es mejor ni peor que lo anterior, ni es generalizado, que ya veo que estáis empezando a escribir pollavieja en las respuestas. Creo que estamos infantilizando a nuestros futuros adultos. Desde muy pequeños somos sus agendas, les llevamos y les traemos, somos su agenda de ocio, les damos todo lo que piden, hasta que llega el punto en que, en algunos casos, los niños desconocen el significado de la palabra “no”. Llevamos varias décadas creando generaciones que no tienen (o tienen muy poca) tolerancia a la frustración. Y que se creen que todo debe ser suyo por el mero hecho de existir. Y eso se aplica también al sexo. Si has dicho que venías, es que venías, con todas las de la ley. Lo que yo quiero está por encima de lo que tu quieres, porque a mí siempre me dijeron que soy especial, y tú no. Si luego te arrepientes es tu problema, no el mío. Eres una cosa, no una persona. No eres de la manada, así que no vales más que un perro tirado en un pozo. Nosotros seguiremos recordándote cuando tengamos muchos más años, y se nos helará la sangre, pero no ahora. Ahora te tiraremos al pozo. Porque nosotros no te hemos violado, te hemos disfrutado, porque tú eras una zorra, una perra, una cosa. Eres menos que una persona. Eres un entretenimiento, una forma de hacer manada. Nosotros somos los que más duramos, los que más vivimos, los que la tenemos más grande. Nosotros somos más hombres porque somos más, porque somos del grupo de los elegidos. Pero los que violan individualmente son unos hijos de puta que merecen la muerte. No tienen manada. Las manadas no violan. Las manadas no pegan a maricones en la calle.

Miedo me da cuando los heteros descubran el chemsex. Los gays llevamos diez años de adelanto a los heterosexuales en el tema de la deshumanización del sexo, con la ventaja de que entre nosotros no existe el componente de humillación hacia el otro sexo, o es residual y voluntario. Humillar al contrario te hace sentir más fuerte, más hombre, más macho alfa. Las manadas son los chavales que hacen bullying al gordito de la clase, pero pasados por el filtro de pornhub. Los que se masturban mirando son los que miran hacia otro lado cuando le están pegando en el recreo. Cuando los heteros descubran el chemsex daros por jodidos. Violar en manada es más fácil. Uno sujeta, otro viola. Te sientes una estrella porno, tus amigos te miran y aprueban lo que estás haciendo. No somos conscientes de lo importante que es nuestra privacidad. Lo grabas. Lo mandas por whatsapp. Te conviertes en el macho alfa de las otras manadas también.

Me imagino un mundo donde a los niños se les enseñe la palabra no, y se les enseñe que los hombres también pueden decir que no, y no son menos hombres por ello, y pueden ser parte del grupo también. Donde los adolescentes puedan no sentirse amenazados y excluidos por el hecho de negarse a ciertas cosas. Me imagino diciendo al Gordo, al Hijo del Chatarrero y al Rubio que tirar aquel perro al pozo estaba mal.

Pero me callé. No dije nada.

 

Supongo que algún día terminaré aquella novela. No lo sé.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.