N Mundos: Mundo Pequeño, una novela para todos

Roberto López-Herrero es un señor ya mayor que pasó de llevar una maceta en la cabeza a lucir su calva con orgullo. Un señor que reparte su tiempo equitativamente en querer mucho a su santa esposa, cuidar a sus mascotas – Manolo, el brontosaurio con cerebro de pequinés; Daniel, el podenco nominado al Goya al mejor pedigüeño; y Carlota, la única que no está un poco pallá en esa casa-, limpiar la casa cuando voy a ir a verle y escribir.

Roberto López-Herrero es escritor. O eso dice él. La verdad es que sus cuatro libros publicados le avalan. «Se puede ser imbécil a los 40 años», una recopilación de artículos de su propia invención; «Antonio mató a Luis en la cocina con un hacha porque le debía dinero», una novela de misterio con un título nada esclarecedor, «Una conspiración mundial secuestró a mi perro para que no contara todo lo que sabía», una secuela futurista de guerras de gente; y, finalmente, su novela más trepidante y sorprendente, con el nombre más soso que puede existir: «Normal».

Roberto López-Herrero vuelve a la carga ahora con una 5ª novela de fantasía y ciencia ficción que transcurre en un planeta gigantesco. Y, como no, tenía que llamarse «N-Mundos: El mundo pequeño».

Roberto López-Herrero es, además, mi amigo. Un hermano de otro padre -mucho más feo que el mío, vistos los genes que tenemos cada uno- . Así que no podía hacerle una entrevista sin poner un poco de orden en este batiburrillo que ha perpetrado y que, pese a lo loco que parece, es una novela impactante y redonda. Una de esas novelas de las que, cuando acabas, quieres leer la siguiente página.

Primera pregunta, Roberto. Vamos a ver, ¿no eres un poco ya un señor con canas en los bajos como para ponerte a hacer una historia de hadas malhabladas y ranas que hablan?

Nunca hay que renunciar al niño interior, a ese que lo mismo te hace escribir la novela de fantasía que tú querrías leer como que te lleva a disfrazarte de Supergirl, aunque midas 1,90 y tengas más barba que un internado femenino portugués. (Guiño, guiño, codazo).

En tu novela hablas de gatos y perros antropomórficos, pájaros que hablan y ranas, como ya hemos dicho antes, que son más tontas que un zapato izquierdo, pero que también van vestidas y tal. La pregunta es necesaria: ¿eres furro? ¿Por qué eres furro?

Yo solo soy calvo. Además el rollo furro me da como cosa, porque siempre pienso lo que deben sudar y como tiene que oler aquello y mira, otra cosa no, pero asquerosito soy un rato y he ido lo suficiente en el Metro de Madrid como para esquivar a según que gente con aromas. ¿Pero tú te has parado a pensar eso? Además esa gente se masturbará viendo a Espinete, ¿no? Qué horror, todo su porno grabado en VHS…

Te han acusado de adoctrinar a los niños -pese a que esta novela no tiene edad para leerla- en la normalización LGTBI. ¿Qué tara tienen este tipo de personas?

Ah, eso… La verdad es que al principio me jodió porque pensé “¿qué le pasa a esta Madre Preocupada que dice que si fomento el lesbianismo? ¿Qué novela ha leído ella?”. Pero luego, con todo lo que me apoyaron la gente de Twitter, me hizo hasta gracia. Si esta señora cree que sus hijas, por leer un libro donde hay una sociedad únicamente formada por hadas, ergo no hay penes, y se aman entre ellas, se van a convertir en lesbianas es que a) no sabe lo que es la sexualidad humana y b) piensa que yo tengo superpoderes. En el próximo libro voy a meter una sociedad de gente que dona toda su dinero al autor del libro que están leyendo, a ver si así me puedo retirar gracias a mis poderes adoctrinadores, no te jode.

No, pero, en serio. Según apuntan en tus críticas en internet y en Twitter, parece ser que tienes poderes adoctrinadores LGTBI de verdad. Lo cual, siendo más hetero que Bertín Osborne ciego a Larios, es, cuanto menos, curioso. Cuéntanos, ¿es un superpoder o la gente está cada día más loquita de encerrar?

Hay gente que está fatal, que ven lobbys, adoctrinamiento y de todo en lo que no es más que normalización. Me resulta más adoctrinante llevar a un niño a ver una corrida de toros y que se críe viendo torturar hasta la muerte a un animal, pero a mí me han cagado a pedos -ojo que es una expresión argentina, espero que no me acusen ahora de apropiación cultural-, porque según algunos estoy “lesbianizando” a las crías que lean el libro sólo porque la sociedad de las hadas está compuesta únicamente por hadas-mujeres y de algún modo se tendrán que querer, digo yo. Este mes no me ha llegado el cheque del Lobby Gay, por cierto.

Un hada malhablada, borracha y busca grescas… ¿Por qué la has llamado Dangerdollia y no Flanny, que era más lógico y demuestra el tremendo homenaje que me has hecho?

Porque ya se llama, bueno, quiere que le llamen Flanagan McPhee el protagonista de “Antonio mató a Luis…” y también sales en “Normal” en tu idenidad secreta. En “N Mundos – Mundo Pequeño” el homenaje está en otro personaje, pero eso es que no te has fijado bien… Y porque si meto un hada con barba, ¡lo mismo me denuncia Conchita Wurst!

Una cosa que me resulta curiosa es tu obsesión con lo steampunk. ¿Tiene que ver con ese día que arreglaste la secadora con una correa y mi hercúlea fuerza o viene de antes?

Jajaja, sí. Ya sabes que soy muy de hacer bricolaje y apañar yo mismo las cosas, pero la estética steampunk, por lo rara que es, con esa mezcla entre la elegancia victoriana y el barroquismo de meterle a todo relés, pernos y engranajes, me fascina. Pero que me guste el retrofuturismo no significa que yo sea nada retrógrado, ojo que te conozco…

¿Haces apología del veganismo en tu novela? ¿O es una crítica a las creencias tontas y sin sentido?

A ver, ni una cosa ni la otra: ni es apología ni es crítica, pero si Susanne, la protagonista, alucina porque se da cuenta de que todos los animales hablan y decide no volver a comer animales, simplemente es lógica. Yo fui vegetariano una etapa de mi vida, pero me pueden los chuletones y lo que nunca fui fue un plasta: esos talibanes nutricionales empiezan por no comer carne y acaban censurando que te compres palomitas de maíz en el cine “porque tienen aceite de palma y el maíz es transgénico y su cultivo agrede a las pequeñas comunidades de indígenas del Orinoco sector tres” y que tanto te preocupan, claaaaro. Estoy un poco bastante hasta los cojones de los activistas de salón.

Susanne, que todos sabemos que no está inspirada en nadie de tu realidad, es una mujer que empieza como una dama británica rarita y acaba siendo poco menos que una amazona chulesca. ¿Crees que te van a llover críticas porque tienes pene y te metes en la mente de varias mujeres en la novela?

Si ya me han caído críticas por lesbianizar a las lectoras, espero que me acusen de apropiación de género por escribir así. Y que las señoras esas que segregan las gallinas para que no las violen los gallos, me acusen de escribir de un gato sin ser yo felino. Todo eso me haría muy feliz. ¡Yo que sé! ¡Pero si acusan a la Rosalía esta de apropiación cultural por cantar aflamencado sin ser gitana y por vestir como una choni sin tener una tara! (Risas enlatardas, por petición del entrevistado) ¡A los gays habría que acusaros de apropiación zoológica por ese carajal de catálogo que tenéis todo robado a la naturaleza! Que si osos, que si lobos, que si nutrias, que si hamsters… Bueno, con los hamsters no me voy a meter que sé que son tus preferidos.

Y, por otro lado, ¿podrías hacer a Rafaello homosexual? He de reconocer que me pone un pelín cachondo. No me escondo.

No, porque entonces sería zoofilia pero ya te digo que pienso meter muchos más personajes LGTBQi+ en las siguientes novelas. Primero porque si hay N Mundos tiene que haber N tipos de formas de sentirse uno mismo; segundo porque si provoco el cabreo y la indignación de los más rancios del lugar, me encanta… Y Rafaello te pone cachondo porque es tu tipo, delgado y con pelo, no porque sea un gato, marrano.

Y, bueno, una pregunta seria, que parece esto, más que una entrevista, una reunión de narcóticos anónimos… ¿cuál ha asido tu inspiración en esta historia? Está claro que Alicia ha tenido un poco que ver -un agujero a un mundo mágico, un gato que habla,…-. Pero ¿cuáles son tus influencias?

Uf… De todo y muchas se notan, algunas cosas han sido conscientes, como la influencia de los cómics de superhéroes, Alicia en el País de las Maravillas o el Mago de Oz, las hermanas de Susanne se llaman Alice y Dorothea, también La Historia Interminable, videojuegos como Mass Effect o Fable… Como leo de todo, veo de todo y juego a casi todo, mira qué culto y pedante soy, todo me influye pero sobre todo me ha influido la necesidad de escribir una historia de fantasía que no fuese el enésimo plagio de Tolkien.

El libro de Roberto López-Herrero, «N Mundos: Mundo Pequeño», publicado por Alethé, está disponible en las mejores librerías de España, en Internet y, estoy casi convencido de que si le mandas señales de humo te lo cuenta por teléfono. 


Sobre el autor

Flanagan R. McPhee

Iba para Reina de la Noche pero se me adelantó Letizia.