Lecturas de verano: ‘El secadero de iguanas’ de Pedro Andreu

Alguien, que sabe mucho de esto, me recomendó su novela, El secadero de iguanas(MueveTuLengua, 2011). Agradecido y emocionado es poco. Si mezclamos una forma de escribir tan directa como cruda, casi asesina, gris, tan explícita como cruel, con un universo propio: apocalíptico, árido, marcado por los silencios del desierto, extrañamente cercano… el resultado es esta joya que ha caído en mis manos. Pedro Andreu es poeta, un ángel oscuro (y hembra) que sabe como hilvanar las palabras para que se hagan nudo corredizo. El secadero de iguanas es una oda poética a la podredumbre del ser humano: a sus soledades, a los deseos menos confesables, a la muerte en vida y a la física. El devenir de una ¿familia? abandonada a su suerte en un motel de carretera cualquiera, de un desierto cualquiera, cercano a una ciudad cualquiera. Fantasmas que son pasto de lagartos gigantes, gitanos visionarios, la peste aniquiladora, la sangre de la tormenta de arena, el erotismo, la rebeldía, el alcohol y, sobre todo, la soledad.

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Si no eres amante de las novelas de corte apocalíptico cierra las ventanas porque la arena de esta gran obra quema. Si, por el contrario, gustas de bucear en algo distinto, con final arrebatador, si has bebido el veneno de Cormac Mccarthy, John Steinbec, el de Miguel Delibes o Jesús Carrasco, si amas la literatura sureña estadounidense de los años 30, estás ante un título imprescindible.

Parece que ya hay película a la vista, una producción independiente  que bajo el título, “El secadero“, ha dirigido el director novel Antonio Donaire.


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.