Ana Curra: «Si no arriesgas no hay juego, no hay vida, no compensa»

Este mes de septiembre sale a la venta HUACA, el nuevo EP de Ana Curra, que incluye cinco nuevos temas de la cantante y un delicioso juego de fotografías de Alberto García-Alix.

Juambe Muñoz / FOTOS: Eduardo Rubaudonadeu y José Berna

 

UN TRIÁNGULO DE CREMA CON CHOCOLATE, un Phoskito y cinco chicles de bola. Cuando tienes ocho años el tiempo se detiene muy pocas veces, y menos con semejantes picos de glucosa en sangre. Aún así, alguna vez sucedía, aunque tenía que ser por algo muy gordo. Yo recuerdo tres motivos:

La vez que vimos un OVNI: Fue a pleno día, y mi madre también lo vio. Luego dijo que era un meteorito, pero aquello no era un meteorito ni de coña porque tenía luces de mogollón de colores y porque la vieja flipó lo mismo que nosotros, por mucho que luego se pusiera negacionista.

Cuando pasaba la Vuelta: Da igual de qué fuera tu bocata, allí ni Dios masticaba hasta quince minutos después de haber pasado el coche-escoba.

Y toda vez que nos topábamos por la calle con Ana Curra: Lógico, porque El Escorial siempre ha sido pueblo pijo de veraneo durante los meses del estío, pero pasado el verano es un pueblito normal, un pueblito de paletos, y como ilustres paletos que habíamos nacido estábamos en nuestro perfecto derecho de fliparnos a lo bestia con la señora Ana Curra. Recuerdo verla pasar con sus pintas indecentes desafiando nuestro corto entender pueblerino, nuestra edad, nuestras ganas de ser mayores, de ser punkis o after-punkis, o ser góticos, daba igual; el caso era dejar de ser cinco chavales de pueblo.

Ana Curra ya ha cumplido los sesenta. Poco queda de aquel rostro rellenito que retrató García-Alix durante los años en que Ana y él fueron pareja. Los ojos son los de siempre, eso sí; la mirada violeta de la Movida que han escrito por ahí. Y aunque violeta es la mirada, los ojos son claros tirando al verde. El rostro afilado, el cuerpo fibrado —de puro nervio— y la misma feroz energía que en los inicios.

Ana Curra volvió a los escenarios en el año 2010 tras una larga etapa dedicada por entero a la enseñanza del que siempre fuera su instrumento, el piano. Su vuelta a los escenarios ha sido un caminar en paralelo. Por un lado, el proyecto que hace nueve años iniciara junto a Digital 21 —nombre artístico del músico, videoartista y productor Miguel López Mora— es esencialmente electrónico. Por otro, Curra se ha dedicado en cuerpo y alma a homenajear los grandes éxitos de Parálisis Permanente y Seres Vacíos a la vez que desarrollaba su carrera en solitario.

El pasado 8 de Junio Ana Curra incendió Madrid con un único concierto en la sala But donde presentó Huaca, un EP de cinco canciones con reminiscencias de aquel death rock ochentero —caso de Fundido a negro— y con tintes cyber punk —en la versión del Gosht Rider de Suicide que Curra incluye en este último trabajo—.

Señoras, arrellánense y alcen sus copas, levanten bien alto sus escobas para recibir como es debido a la excelentísima e incombustible majestad del punk español, Su Ilustrísima y Vitriólica Resistencia doña Ana Curra.

—¿Le parece si empezamos con una ráfaga en plan ametralladora? Yo le doy algunos nombres y usted me da un adjetivo. Empiezo con mi amor platónico, Manolo Kabezabolo:

—Genial. Es un personaje único, conté con él cuando yo hacía un festival de música y poesía en 1991, en ese momento estaba en el psiquiátrico pero salía de vez en cuando, sigue en activo y yo me alegro.

—Una pedazo de banda donde las haya, Boikot:

—Y con ellos el ska se va de folklore, fusión y reivindicación.

—Este para mí es el mesías, Evaristo Páramos:

—Respect. No en vano ha conseguido influir mucho más que el papa, tiene dos grandes aliadas: la lucidez y la ironía.

—Algo de punki británico de antaño, Toy Dolls:

—Punk gamberro, lalalá.

—Fito después de Platero; va, mójese:

—Construye muy bien el engranaje letra-música, pero no contiene rebelión, ni tensión, ni enigma, ni misterio ni nada que me ponga; lo escucho y entiendo que triunfe perfectamente, es amable su escucha.

—Un histórico de Parálisis con quien sigue usted liándola muy bonito, Rafa Balmaseda:

—Nació con el bajo colgando (risas), además se une nuestro histórico y eso le da un plus. Él moría por tocar con Parálisis, y el que la sigue, la consigue.

—Otro histórico de Parálisis, pero este ya se nos fue, Toti Árboles:

—Toti era un canalla encantador, nació también con dos baquetas y tocaba con la facilidad que el resto de humanos respira.

—Y alguien a quien usted, imagino, conoció muy a fondo en su momento; de hecho a usted la fichó Carlos Berlanga para Pegamoides a la salida de uno de sus conciertos. La banda en cuestión era Zombies, y el nombre Bernardo Bonezzi:

—Un gran talento como artista, muy divertido, inteligente, bastante víbora y cotilla, al menos en la época que yo traté con él en Alaska y Los Pegamoides. Para mí era un placer ensayar con Carlos, era muy imaginativo.

—Y ahora voy a ponerme un pelín puñetero, y expláyese a gusto si se le ocurre más de un adjetivo. El nombre que se me ocurre es este: Discos Radiactivos Organizados. La jugarreta con los royalties ya la explicó en su momento, así que no voy a fastidiarla insistiéndole al respecto. No obstante, hoy por hoy usted sigue dando leña en los escenarios, mientras que de los tres sellos originales que integraban el grupo DRO no quedan ni los rescoldos (y eso que usted jamás quiso mover una sola ficha al respecto). ¿Cree en la justicia poética?

—Sí he movido ficha, y unas cuantas veces, pero ellos son el toro y yo la libélula.

—¿Tuvo algo que ver esa jugarreta con el largo paréntesis durante el cual se dedicó por entero a la enseñanza?

—Sí, bastante. Yo estaba en otra pero no por ello dejo de tener derechos y ser quien soy, y tener la propiedad del nombre, mantener el registro del nombre, mantenerlo vivo y haber pagado las grabaciones de los discos y ser propietaria del máster.

—No como Pablo Casado. ¡Ay! Ahora que nos sale al paso eso de la enseñanza reglada: cuando Ana Curra entra a formar parte de Pegamoides ya tenía siete años de instrumento terminados. Nadie en la formación podía competir con usted en cuanto a formación musical clásica, pero siempre me ha costado encajar el tesón necesario con su imagen de gamberra. ¿Se puede ser ambas cosas o es que hay un tiempo para todo en esta vida?

—Se puede ser lo que uno quiera. Fui la rara durante años, pero en mi pueblo, no sé si sabes, me han acabado reconociendo y hasta me dieron la medalla artística hace tres veranos, ¡quién lo iba a decir! Hoy día es muy habitual encontrar ya músicos formados, al final todo es música; la cuestión es crear y vivir en ello, ser libre, elegir, hacer lo que te dicta tu entraña y no lo que dicta el medio exterior o el miedo a ser pobre y fracasado. Si no arriesgas no hay juego, no hay vida, no compensa.

—De acuerdo, entonces me voy a arriesgar: ¿Me deja que le haga solo una pregunta más sobre los ochenta? Y ya no la torturo más, de verdad, pero es algo que siempre me ha hecho mucha gracia: Usted enterró la Movida con Rien de rien en 1987. Tiempo después de enterrada, algunos teóricos afirman que en realidad la Movida murió con Rock-Ola en el 85, y aún otros apuntan a la tragedia de Alcalá 20 —en el 83— como punto final de la fiesta. ¿No ha habido una especie de insana competencia por ver quién la mata primero?

—Yo compuse esa canción en el 86 y lo hice porque lo veía súper claro. Tampoco murió de un día para otro, tuvo su agonía y decadencia como todo ser bello y libre a quien secuestran, prostituyen, manipulan, corrompen y fagocitan. Todo movimiento artístico dura menos de una década, y en el futuro durará cada vez menos. Su frescura enseguida se comprará, malversará y utilizará. Ahora la velocidad es de vértigo. Mira el trap, salió y fue absorbido inmediatamente, me interesa como movimiento pero ha sido ya moldeado en su mayoría. Los que tienen algo veraz que decir seguirán en el underground, que es donde se cocina lo interesante y nutritivo, esto será siempre igual.

TRAS LA MUERTE DE EDUARDO BENAVENTE Ana Curra llegó a editar dos maxisingles bajo el sello Tres Cipreses, primera discográfica independiente en España, creada por ellos dos junto a Fernando Urrutia y Andrés Cuadrado. Sin embargo, el resultado no fue el deseado. Al fallecimiento de Benavente vino a sumarse la crisis de la distribuidora Pancoca, que afectó a esta y otras muchas discográficas independientes, y en 1984 el sello fue finalmente absorbido por DRO. Fueron años difíciles de duelos y despedidas, años de resaca; años durante los cuales el hada madrina del punk español terminó la carrera de piano e inició un largo silencio dedicada por entero a la enseñanza en el conservatorio de su Escorial natal. Pero la semilla estaba plantada. Los 90 fueron los años de la consolidación del Rock y el Punk patrios. Toda una oleada de nuevas bandas comenzaron a crecer como las setas. Marea, Reincidentes, Soziedad Alkohólika o El Último Ke Zierre florecieron gracias al fértil terreno que las bandas históricas como Parálisis, Leño o La Polla Records habían ya abonado generosamente en la década anterior.

—Observando el mapa de calor del punk nacional, resulta muy evidente que en los primeros años el punk nació netamente vasco. Parálisis fue prácticamente la única banda punk madrileña de relevancia hasta que en el 84 empezaron Toreros Muertos. Aún posteriores son Porretas, del 85. Boikot y Mamá Ladilla vinieron después. Siempre me he preguntado hasta qué punto Parálisis se identificaba entonces con esa eclosión de grupos vascos, y si hoy por hoy Ana Curra se siente germen del panorama punkarra del foro.

—Nunca me he sentido punkarra del foro. Yo soy de San Lorenzo de El Escorial y me llaman «Su Siniestrísima Majestad» (risas). La España oscura y esotérica, me encanta escudriñar lo oculto, lo que no se ve. También me identifico con la diosa como mujer creadora y con la bruja por atesorar conocimiento. El punk me interesa como rebelión y es mi vehículo musical para ello, a las mujeres nos sirvió porque dentro no había discriminación.

—Y ese gusto por lo oculto y lo esotérico siempre ha estado muy marcado en la puesta en escena de los conciertos, de hecho, en el último concierto en Madrid hizo usted una entrada apoteósica, cubierta con una capucha, envuelta en una larga capa de rejilla y con el Miserere de Zelenka de fondo.  Ese día presentasteis el EP que sale a la venta ahora en septiembre, pero en el concierto de Madrid también hubo espacio para recordar algunos temas míticos de Parálisis Permanente, otros de la época de Seres Vacíos y hasta para homenajear algún himno generacional (la versión en castellano del Héroes de Bowie). ¿Se siente presa de un pasado que la incordia, o regresa a esas canciones con placer?  

—En Madrid presentamos el último disco, HUACA, además de un compendio de canciones anteriores y los himnos que nunca faltan. Ahora a la vuelta del verano sacamos el disco y eso es lo me interesa ahora mismo porque estoy un poco harta de hablar del pasado. Entiendo perfectamente que me pregunten, pero también tenéis que entender que yo eso ya lo viví y ahora mismo me importa un pimiento. Otra cosa es tocar esas canciones, que están vivas, pero contar batallitas me da bastante por saco, a mi no me aporta nada. Me interesan más las biografías de otras vidas porque la mía ya me la sé (risas). HUACA saldrá ahora en septiembre, diré solo uno de sus significados: «lugar de poder», el resto los tendréis que descifrar.

—Es que en este convento somos muy mitómanas, y las fanses no serían fanses si no se pusieran pesadas, pero tiene usted razón, somos mitómanas y bastante cansinas.  Y unos días después de haber presentado HUACA en Madrid estuvisteis en Kalikenyo. Si un concierto de Ana Curra es un aquelarre, lo de Kalikenyo Rock vendría a ser el totum revolutum del más negro guitarreo patrio, nuestro anual Walpurgisnacht nacional, una quedada bien guapa donde agarrársela muy gorda viendo a puretas incombustibles mezclados con sangre nueva. Usted sigue siendo teacher, y sé que siente debilidad por los jóvenes cachorros, así que…: Crisix, Arkada, Radiocrimen, Manifa, yo qué sé, hay muchas…  ¿Qué bandas más o menos nuevas le gustan más?

—Radiocrimen y Ratzinger me gustan mogollón, pero no son muy cachorros, tienen ya unos cuantos añitos. En el caso de Radiocrimen vienen de otras formaciones como es el caso de Txarl y Carniceros del Norte.

—Y ya para terminar, y solo porque somos una publicación para mariconers y a mí me gusta mucho incordiar: Qué me dice, ¿Atleti o Rayo? Aunque si no le gusta a usted el balompié, nosotros tenemos un equipo de rugby, un equipo mariconer: Madrid Titanes C.R. Lo digo porque así no quedamos mal con nadie y ya  bordamos el cuestionario… 

—Pues este plan B que me ofreces me parece fantástico, a la par que muy moderno y mariconer. Me quedo sin dudarlo con los Titanes, a los que propongo ir a ver Rocky Horror Picture Show, que jamás pasa de moda y os puede inspirar en vuestra coreografía de baile y juego.

***

El nuevo EP de Ana Curra, titulado HUACA, incluye cinco nuevas canciones y un delicioso juego de fotografías de Alberto García-Alix. El próximo aquelarre en la agenda será el 9 de noviembre en Berlín, coincidiendo con el centenario del nacimiento de la Bauhaus. Venta de entradas aquí.


Sobre el autor

Juambe Muñoz

Plancho hasta la toalla del gato, y por los dos lados