Soy artista durante todo el año, señores. Además cobro por ello

No hace mucho el bueno de Víctor Algora colgaba en sus RRSS un texto muy significativo y esclarecedor, a la vez. Reza tal que así: «Estoy hasta el coño de todos los que llamáis para tocar, pinchar, hacer entrevistas o participar en vuestra movida el mes del orgullo, como si solo fuéramos visibles el 28 de junio. No me entendáis mal, no me molesta que me deis trabajo, (y por supuesto que me manifestaré, actuaré y me expresaré estos días si lo considero y me da la gana) me molesta que penséis que un maricón solo tiene derecho a existir en el mes de junio. Llamadme en enero y hablamos.
BESIS.»

Le ha faltado añadir la palabra artista, un artista maricón al que llaman con insistencia durante el mes del Orgullo Gay y que después… También falta saber si, además de la propuesta, lícita y en toda regla, le han dicho lo que le pagan, o si le pagan. Porque aparte de la invisibilidad de los artistas/activistas LGTB, o los artistas valientes a los que les suda el nabo cantar abiertamente sobre relaciones homosexuales, esos que son relegados a pequeñito en la mayoría de medios de renombre o festivales varios, aparte de eso, algunos de los programadores, esos que solo llaman en junio/julio, creen que les están haciendo un favor por incluirlos en sus ofertas maricas. Este caso que nos ocupa no es el único, hay muchos más nombres artísticos en situaciones parecidas (que no queremos desvelar por respeto, que se manifiesten ellos por aquí, si lo desean). También es justo reconocer que esto parece que en nuestro país se subraya más que en otros ya que hay ejemplos como Chile que adora a artistas como (Me llamo) Sebastián que llena teatros, según leemos. O Javiera Mena, cuyo eco se hace cada día más internacional.

Luego están esos gays cuyas carreras mainstream se vieron condicionadas por su orientación. Véase los casos de Rob Halford, líder de Judas Priest cuya salida del armario se produjo cuando éste tenía 48 años. Ricky Martin salió a la palestra con 38, George Michael, escondido hasta 1998 y sacado a la fuerza del armario, y de un baño, por actos impuros. Tenía 35 años y fue forzado a ello, repito. Mercury lo ocultó durante años aunque en los 70 se declaraba como bisexual, lo mismo que Bowie. Miguel Bosé, que lo han tenido que empujar al aire con 60 años por causas ajenas a su voluntad. En cualquier caso hablamos de estrellas que nacieron gracias a una industria machirula que no permitía maricones en sus filas y que jamás hablaron en sus canciones, abiertamente, de homosexualidad. Del mismo modo que da grima leer las hemerotecas en las que se exponían sus vidas privadas, con cuenta gotas y siempre remarcando ese halo de misterio sobre sus gustos en la cama, aunque todo su entorno supiera que preferían amar a personas de su mismo sexo. Grandes hoy. Respetados, sí. Por su talento, por supuesto. Poco valientes cuando empezaban. Tampoco sería fácil, claro.

(Me llamo) Sebastián, revolución musical y sexual en Chile

Pero volviendo a algo más terrenal: ¿A cuantos de estos grupos nuestros, cantantes, músicos, artistas en general, vemos de manera regular durante todo el año en medios generalistas defendiendo sus propuestas? ¿Cuantos son portada de publicaciones nacionales, que no estén especializadas en el movimiento LGTB? ¿Se les toma en serio? ¿Su música está a la altura, o es el mensaje el que todavía asusta? ¿Qué tiene que hacer una Prohibida para que su música lo pete al mismo nivel que unos León Benavente?

Cada uno en su estilo, ojo, pero el ejemplo de La Prohibida podría ser uno de los más significativos en nuestro país: la calidad de sus discos, las canciones, el concepto, las letras, la forma de interpretar, la imagen…todo eso debería estar creciendo de manera exponencial y al mismo nivel que lo hacen los grandes grupos/propuestas del momento.Porque si ponemos en una balanza sus tres últimos álbumes con los de cualquier «grande» creo que ésta se inclinaría hacia nuestra reina del pop electrónico. Mucho más peso específico. ¿Entonces? Salvo excepciones como el programa de Buenafuente ¿dónde más la hemos visto?

El caso de Algora es muy parecido aunque su música, en algunos casos, sea menos asequible para el gran público: no por su calidad, más bien por su imaginario, tan apreciado por muchos de nosotros y tan poco entendido por el público en general. ¿Será porque habla de pollas en la boca, hombres en su cama o amores de pelo en pecho? Los prejuicios no los elimina ni el KH-7, amigas. Su primer disco, sobre todo, debería estar en el top 5 de lo mejor de la música de los «dosmiles», dentro de la categoría: sin etiquetas.

ElectronikBoy lo acaba de petar en el Rainbow Fest de Córdoba. Lo hacen con un espectáculo que mueve al personal desde el minuto uno. ¿Por qué no se les llama para compartir cartel con Second o Love of Lesbian? ¿Demasiado maricas? ¿Demasiado colorín?

Luego está la parte del caché. Y es que eso de: «oye, que te meto en este evento y no te pagamos, que vamos muy justo, pero no te preocupes que la publicidad que te llevas es más importante que el dinero que te podamos pagar» está muy visto ya. No son casos aislados ni exclusivos del colectivo al que solo llaman en junio, no. Esto está mucho más extendido y afecta a todos por igual. Cada uno cobra por su trabajo, en mayor o menor medida. Un respeto. Un mínimo respeto. Rellenar festivales o completar hojas de programación tiene un coste, el mismo que tiene el músico que se trabaja todo: canciones, discos, producción, promoción, directos…Más trabajo aún que a los que pagáis lo que os piden y que os deja sin posibles para aquellos que cubren la parte baja del cartel. Y lo mejor de todo es que os jactáis de amar la cultura, la música…


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.